Jürgen Osterhammel
Jan C. Jansen
Colonialismo
Historia, formas, efectos
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Siglo XXI / Serie Historia
Jürgen Osterhammel y Jan C. Jansen
Colonialismo
Historia, formas, efectos
Traducciön: Juanmari Madariaga
SIGLO
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iTlMklmi
El ejercicio del dominio colonial tiene una ünica direccion, de los
poderosos a los colonizados. El desplegado por los europeos -y, en la
primera mitad del siglo XX, tambien por norteamericanos y japoneses- fue
caracteristica sobresaliente de la historia del mundo desde la Edad
Moderna. Todavia hoy perduran las devastadoras implicaciones y terribles
consecuencias del colonialismo, y por ello es mäs necesario que nunca una
revision no solo de su evolucion espacial y cronologica, sino que urge un
anälisis de la variacion de las formas y estructuras que el sistema colonial
adopto a lo largo de la historia.
En Colonialismo. Historia, formas, efectos, se presentan los metodos de
conquista, soberania y explotacion economica, formas de resistencia, el
surgimiento de sociedades coloniales especiales, variedades de
colonizacion cultural y de pensamiento tanto en colonias como en
metröpolis. Jürgen Osterhammel y Jan C. Jansen, en la presente obra, no
solo arrojan luz para comprender la actualidad, sino que nos permiten
desentrahar la responsabilidad de nuestras sociedades para con el resto del
mundo.
«Colonialismo no es solo una lectura fundamental por su amplia
cobertura de las consecuencias politicas, economicas y culturales, sino
que resulta imprescindible para cualquier estudio de enfoque
poscolonial.»
SHELLEY WALIA, PANJAB UNIVERSITY
«Este trabajo es valioso no solo porque desbroza la discusion sobre el
tema, sino tambien porque resulta absolutamente imprescindible para
ubicar la discusion en el contexto adecuado.»
MARTIN RUBIN, WASHINGTON TIMES
«Osterhammel nos obliga a repensar los problemas actuales desde una
mirada histörica.»
JOSEBA LOUZAO VILLAR, ABC CULTURAL
Jürgen Osterhammel, profesor de historia modema en la Universidad de Constanza, es autor, entre
otros titulos, de El vuelo del äguila: El mundo actual en una perspectiva histörica (2019), Unfahling
the East: The Enlightenment ’s Encounter with Asia (2018), La transformaciön del mundo: Una
historia global del siglo XIX (2015), Glohalization: A Short Historv (2005) o Max Weber and His
Contemporaries (editado junto a Wolfgang J. Mommsen, 1987).
Jan C. Jansen, investigador asociado en el Instituto Alemän de Historia en Washington, es autor,
junto a Jürgen Osterhammel, de Dekolonisation. Das Ende der Imperien (2013).
Diseno de portada
RAG
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Tltulo original
Kolonialismus. Geschichte, Formen, Folgen
© Verlag C. H. Beck o HG, 1995
© Siglo XXI de Espana Editores, S. A., 2019
para lengua espanola
Sector Foresta, 1
28760 Tres Cantos
Madrid - Espana
Tel.: 918 061 996
Fax: 918 044 028
www.sigloxxieditores.com
ISBN: 978-84-323-1960-0
I. «COLONIZACIÖN» Y «COLONIAS»
El «colonialismo» aparece hoy mäs presente incluso que hace un tiempo. En
varios palses se han experimentado recientemente acontecimientos
particularmente violentos que recuerdan poderosamente el pasado colonial[l].
Aspectos significativos como la heteronomla, el racismo, la usurpaciön violenta
y la apropiaciön ilegltima tambien marcan el uso metaförico del «colonialismo»
en la polemica politica. Deträs se esconde la valoraciön negativa de todo lo que
estä relacionado con el «colonialismo». Pero «-.que es lo que hay que entender por
«colonialismo» en una descripciön por principio neutra? ^Cuäles son las
caracteristicas de ese fenömeno que lo distinguen de la multitud de relaciones de
dominaciön y procesos de expansiön conocidos en la historia mundial? Con
otras palabras: ^cömo hacer suficientemente distintivo el concepto histörico de
«colonialismo»? /.Como situarlo en relaciön con los terminos «colonizaciön»,
«colonia», «imperialismo» y «expansiön europea»? i Como hay que afrontar la
peculiaridad de la colonizaciön moderna y de la formaciön de colonias en una
primera aproximaciön conceptual?
Los historiadores estän muy lejos de un acuerdo sobre estas cuestiones; ni
siquiera se han molestado mucho en aclararlas. A diferencia del «imperialismo»,
hay pocas investigaciones histöricas conceptuales sobre las ideas modernas y
contemporäneas del «colonialismo»; no aparece siquiera entre los 119
«conceptos histöricos bäsicos» del diccionario de O. Brunner, W. Conze y R.
Koselleck[2]: no existe nada comparable a los textos canönicos de las «teorias
del imperialismo»; y un intento de conceptualizaciön critica particularmente
ingenioso proviene no de un estudioso de la expansiön ultramarina de Europa,
sino del historiador de la Antigüedad sir Moses Finlev[3]. Fue precisamente este
conocedor de la fundaciön de ciudades y la construcciön de imperios en la
Antigüedad quien alegö en favor de una determinaciön conceptual precisa del
colonialismo especificamente moderno, considerando problemätica la traslaciön
apresurada de los conceptos aplicables a la Antigüedad y la Edad Media[4],
En algün momento entre 1500 y 1920, aproximadamente, la mayoria de los
espacios y pueblos de la tierra quedaron bajo el control, al menos nominal, de los
reinos europeos: toda America, toda Äfrica, casi toda Oceania y -teniendo en
cuenta tambien la colonizaciön rasa de Siberia- la mayor parte del continente
asiätico. La realidad colonial era abigarrada, multifacetica, rebelde a las
presuntuosas estrategias imperiales, caracterizada por las condiciones locales en
Ultramar, por las intenciones y posibilidades de las potencias coloniales
individuales, por las grandes tendencias en el sistema internacional. El
colonialismo debe contemplarse desde todos estos aspectos, y tambien
directamente desde la perspectiva de los involucrados y afectados a nivel local.
Pero incluso si se simplifica y se acepta la equiparaciön convencional entre
colonialismo y polüica colonial (europca)£5J, se pierde y confunde la
complejidad de los dispositivos coloniales. Hasta el mäs completo de todos los
imperios mundiales modernos, el Imperio britänico, fue el resultado del
solapamiento de improvisaciones y adaptaciones ad hoc a circunstancias
especiales «on the spot»; e incluso sobre el Imperio colonial frances,
supuestamente construido de acuerdo con el patrön mäs cartesiano posible, pudo
decir uno de sus historiadores mäs respetados: «En realidad, solo era un sistema
colonial sobre el papel»[6], La colonizaciön es, por lo tanto, un fenomeno de
colosal ambigüedad.
FORMAS DE EXPANSION EN LA HISTORIA
La «colonizaciön» se refiere a un proceso de conquista y apropiaciön de
tierras; «colonia», a un tipo especial de grupo politico-social de personas; y
«colonialismo», a una relaciön de dominio o senorio. La base de los tres
conceptos es la nociön de expansiön de una sociedad mäs allä de su espacio vital
tradicional. Tales procesos expansivos son un fenomeno fundamental de la
historia mundial. Se producen en seis formas principales:
1) La migraciön total de pueblos y sociedades enteras: grandes colectivos
humanos, en principio de naturaleza sedentaria, por lo que normalmente no
practican grandes traslados como los cazadores o pastores nömadas, abandonan
sus asentamientos tradicionales, sin dejar aträs una parte apreciable de la
sociedad matriz. Esa expansiön suele estar relacionada con la conquista militar y
el sometimiento de los pueblos de la regiön, y a veces tambien con su expulsiön
forzada. Sus causas son variadas: superpoblaciön, cuellos de botella ecolögicos,
la presiön de vecinos expansivos, persecuciön etnica o religiosa, la atracciön de
centros de civilizaciön mäs ricos, etc. Esa migraciön del tipo exodo, conocida en
todos los continentes, dio lugar a menudo, en el mundo todavia no dividido en
Estados-naciön, a la formaciön de nuevos ämbitos de poder de duraciön variable.
Por defmiciön, no son colonias, porque no se remiten a un centro de expansion
original. Las migraciones totales son raras en la historia de los siglos XIX y XX;
como caso especial se pueden mencionar las deportaciones, esto es, traslados
obligados, de pueblos enteros bajo el estalinismo a principios de la decada de los
cuarenta del siglo pasado. Un ejemplo relativamente tardio de migraciön
colectiva voluntaria seria el de los boers de El Cabo hacia el interior de
Sudäfrica en el Gran Trek (1834-1854), con la subsiguiente fundaciön del Estado
Libre de Orange y la Repüblica de Transvaal; pero no se puede considerar un
caso puro, ya que la mayoria de los boers siguieron residiendo en la colonia
britänica de El Cabo, desvinculändose del grapo de emigrados en el Gran Trek.
2) Migraciön individual masiva, la cläsica «emigraciön» en el sentido mäs
amplio. Individuos, familias y pequenos grupos abandonan sus äreas de
residencia original por motivos principalmente econömicos, sin intenciön de
retornar a ellas. A diferencia de la migraciön total, las sociedades originales
permanecen estructuralmente intactas. La migraciön individual suele tener lugar
como una expansion de segundo nivel dentro de las estructuras politicas y
econömicas mundiales ya establecidas. Los emigrantes no constituyen nuevas
colonias, sino que se insertan de diversos modos en sociedades multietnicas ya
existentes. A menudo se reünen en «colonias» en un sentido amplio, enclaves
socioculturales que preservan su identidad, cuya forma mäs desarrollada es la
Chinatown americana. El grado de voluntariedad o coacciön en tales
migraciones es una variable a considerar dentro de este tipo, que incluye no solo
la emigraciön al Nuevo Mundo y diversas colonias britänicas de asentamiento
durante los siglos XIX y XX, sino tambien la migraciön de africanos forzada por
la trata de esclavos, asi como el «träfico de culies» principalmente chinos en la
regiön del Pacifico y el asentamiento de indios en Africa Oriental y Meridional y
en el Caribe.
3) Colonizaciön fronteriza. En la mayoria de los espacios civilizados se conoce
asi la ampliaciön extensa del territorio para su uso humano, desplazando el
limite de la zona poblada («frontera») en el «desierto» con destino a la
agricultura, la ganaderia o la extracciön de minerales. Tal colonizaciön estä
intrinsecamente ligada al asentamiento; econömicamente considerada, se trata de
un traslado de los factores de producciön möviles (mano de obra y Capital) a un
lugar donde abundan determinados recursos naturales [7]. Con ese tipo de
colonizaciön rara vez se trata de establecer colonias como nuevas unidades
politicas, ya que en general se sitüan junto a asentamientos ya existentes. Un
ejemplo es la expansiön paulatina de la zona de cultivo han a costa de la
economia pastoril de Asia Central, que alcanzö su punto culminante durante el
siglo XIX y a principios del XX. Sin embargo, dicha colonizaciön tambien
puede estar asociada secundariamente con nücleos de reasentamiento en el
extranjero. El ejemplo mäs conocido es la ampliaciön del territorio colonizado
en el continente norteamericano desde su costa oriental. La tecnologia industrial
ha acrecentado enormemente el alcance -y el efecto destructivo sobre la
naturaleza- de la colonizaciön. El ferrocarril, sobre todo, reforzö el papel del
Estado en un proceso que histöricamente habian realizado en su mayor parte
comunidades no organizadas estatalmente. La colonizaciön ferroviaria mäs
completa dirigida por el Estado fue la de la Rusia asiätica desde finales del siglo
XIX[8J.
4) Colonizaciön de asentamiento en Ultramar. Es un tipo especial de
colonizaciön fronteriza, cuya primera manifestaciön tuvo lugar en el movimiento
colonizador de la antigua Grecia (y anteriormente de los fenicios): se llevaba a
cabo mediante la «siembra» de pequenos nücleos de poblaciön en zonas al otro
lado del mar en las que por lo general solo se necesitaba un despliegue
relativamente pequeno de fuerza militar. Pero no solo en la Antigüedad, sino
tambien en las condiciones de principios de la Era Moderna, la logistica
representaba la diferencia decisiva para una autentica colonizaciön fronteriza
Continental. La distancia inducia a que de la colonizaciön surgieran autenticas
colonias en el sentido no solo de asentamientos fronterizos, sino de nuevas
comunidades. El caso cläsico es el comienzo de la colonizaciön britänica en
America del Norte. Los grupos fundadores de colonias de asentamiento
-«plantaciones» en el lenguaje de la epoca[9]- trataron de constituirse como
cabezas de puente econömicamente autosuficientes, que no dependian
existencialmente de la protecciön del pais de origen ni del comercio con el
medio ambiente circundante. El territorio se consideraba «despoblado», sin
someter a la poblaciön indigena y sin tratar de integrarla en un estatus
subordinado, como en la America espanola, sino reprimiendola violentamente y
superando su resistencia. Los häbitats de los colonos y de la poblaciön local
quedaban separados territorial y socialmente. A diferencia de lo sucedido con los
romanos en Egipto, los britänicos en la India y en parte los espanoles y
portugueses en America Central y del Sur, los europeos no encontraron en
Norteamerica, o mäs tarde por ejemplo en Australia, sistemas agricolas eficaces
cuyos excedentes, sometidos a tributo, hubieran podido sostener un aparato
militar de dominio, por lo que no era posible traspasar a los nuevos senores un
gravamen del que antes se hubiera beneficiado una clase privilegiada. Ademäs,
la poblaciön amerindia era poco propicia a rendir obligatoriamente una
productividad minima en una agricultura de tipo europeo. Esas circunstancias
dieron lugar a un primer tipo de desarrollo de colonizacion por asentimiento de
una poblaciön agraria, el «neoingles», cuya necesidad de mano de obra se cubria
con el propio crecimiento vegetativo y mediante la incorporaciön de «sirvientes
por deudas» europeos («indentured servants»), desplazando implacablemente del
territorio colonizado a la poblaciön autöctona, inservible econömicamente y
demogräficamente debil. De esa manera surgieron en torno a 1750 en
Norteamerica -hasta entonces solo alli en el mundo no europeo- äreas
europeizadas altamente homogeneas social y etnicamente, como nücleos de una
construcciön nacional neoeuropea. En Australia, con la particularidad de una
migrraciön al principio forzada de convictos, y mäs tarde tambien en Nueva
Zelanda, venciendo la fuerte oposiciön de los maories indigenas, los britänicos
siguieron ese mismo modelo de colonizacion.
Un segundo tipo de colonizacion por asentamiento en Ultramar se da alli donde
una minoria politicamente dominante de colonos asentados puede arrebatar -
generalmente con la ayuda del Estado colonial- las mejores tierras a la mayoria
indigena que tradicionalmente las cultivaba, aunque esta siga dependiendo del
producto de su trabajo y compitiendo con los recien llegados por un suelo
escaso. A diferencia del tipo «neoingles», los colonos de este segundo tipo, a los
que se puede llamar « africanos » por sus manifestaciones contemporäneas mäs
importantes (Argelia, Rhodesia, Kenia, Äfrica del Sur) dependen
econömicamente de la poblaciön indigena[10]. lo que explica la la inestabilidad
de este segundo tipo. Solo la colonizacion europea de Norteamerica, Australia y
Nueva Zelanda se ha convertido en irreversible, mientras que en las colonias de
asentamiento africanas se produjo una descolonizaciön particularmente violenta.
Un tercer tipo de colonizacion por asentamiento regula el suministro de fuerza
de trabajo despues de la expulsiön o aniquilaciön de la poblaciön original
mediante la importaciön forzada de esclavos y su empleo en una economia de
plantaciones de tamano medio o grande. Debido al lugar en que se dio su
manifestaciön mäs clara, hablamos del tipo «caribeno», aunque tambien se dio,
con menor preeeminencia, en la Norteamerica britänica. Una variable importante
es la proporciön demogräfica entre los distintos grupos de la poblaciön. En el
Caribe britänico los negros suponian alrededor de 1770 un 90 por 100 de la
poblaciön total; en las colonias septentrionales de lo que luego serlan los Estados
Unidos solo el 22 por 100; y en las meridionales no mäs del 40 por 100JJJJ.
5) Guerras de conquista: la forma cläsica -«romana»- de instauraciön del
dominio de un pueblo sobre otro. En este caso permanece como ultima fuente de
los medios de poder y legitimidad un centro imperial, aunque la expansiön
militar se alimente principalmente de los recursos que encuentra sobre el terreno
durante su avance. Pero no en todos los casos se mantiene el mismo centro de
poder centralizado: la expansiön ärabe-musulmana del siglo Vlll llevö
räpidamente a un policentrismo de autoridades particulares; el Imperio mongol
de Gengis Kan se desintegrö despues de dos generaciones repartiendose entre
varios herederos; e incluso el moderno Imperio britänico constaba en su
momento de mäximo esplendor de tres esferas vagamente relacionadas entre si:
los dominios «blancos», las colonias «dependientes» y el «Imperio» de la India,
cuyo gobierno mantenia sus propios intereses «subimperialistas». La
construcciön del imperio militar no se dio en general mediante la conquista de
territorios «vacios», sino por la subordinaciön de instituciones estatales y
sociales ya existentes, que respondian a las necesidades de los conquistadores y
que no fueron totalmente destruidas. Una aniquilaciön repentina y completa del
sistema anterior de gobierno, como en el caso de la invasiön espanola de
Mexico, fue la excepciön y no la regia. En la historia de la expansiön moderna,
la conquista fue a menudo un proceso prolongado despues de unos primeros
contactos en los que los europeos podian ser socios de igual nivel o incluso
menores. Los conquistadores militares se comportaron de manera paräsita con
respecto a la economia dominada; las principales funciones de los örganos de
autoridad fueron, junto al aseguramiento del orden y la facilitaciön del comercio
exterior, la reorganizaciön de la recaudaciön de impuestos, que solia ser una de
las primeras tareas de una potencia colonial. La conquista militar llevö consigo
en casos excepcionales -partes del Imperio romano, Irlanda, Argelia- el
establecimiento de colonos y con el expropiaciones de terrenos a gran escala y la
transferencia directa parcial de la producciön agricola a los extranjeros recien
llegados. El producto moderno cläsico de un imperialismo militar, que sirviö de
modelo para el mundo tropical, la India britänica, nunca fue un territorio de
asentamiento de colonos. En general, este tipo de expansiön daba como
resultado el dominio colonial sin colonizaciön. Hablamos en este caso de
colonias por dominio/control, concepto que hay que preferir al de «dominaciön
colonial» porque el dominio se ejerce en cada tipo de colonia. Un caso especial
es el de Hispanoamerica. Alli llegö una considerable inmigraciön de Europa y, a
diferencia de colonias del tipo de la India, se constituyö una capa de poblaciön
«criolla» capaz de autorreproducirse demogräficamente. A diferencia de
Norteamerica, en Sudamerica el objetivo principal de la colonizacion no era el
desplazamiento de la poblaciön autöctona; la mayoria de los inmigrantes se
establecieron en ciudades y nunca como una mayoria de la poblaciön: en torno a
1790, esto es, hacia el final del periodo colonial, los inmigrantes de primera
generaciön y criollos de origen espanol no constituian mäs que una cuarta parte
de la poblaciön total de Hispanoamerica[ 1 2] .
La expansiön mediante las guerras de conquista llevö a diferentes formas de
integraciön de las regiones sometidas en las distintas configuraciones imperiales.
En cada caso, eso dependia de las tradiciones politicas del poder conquistador.
En los imperios premodernos era habitual la incorporaciön de las regiones recien
conquistadas al gobierno territorial del imperio existente, en forma de provincia.
Los imperios de la Era Moderna conocen principalmente autoridades coloniales
separadas en la metröpoli, que supervisan la administraciön en la periferia. Esto
se aplica, por cierto, no solo en los imperios europeos: tambien la dinastia
manchü Qing en China (1644-1911) gobernaba las regiones anexionadas en Asia
Central (Mongolia, Tibet, Turquestän/Xinjiang) mediante una «administraciön
de bärbaros» especial (Lifan Yuan). El diplomätico y politölogo estadounidense
Paul Reinsch veia en esas autoridades especiales la definiciön politica y formal
caracteristica de una «colonia»: se trataba de «una posesiön extranjera de un
Estado nacional, administrada por un aparato separado del gobierno del territorio
nacional, pero subordinado a el»[13],
6) Conexiön a partir de un punto de apoyo. Esta forma de expansiön maritima
consiste en la construcciön planeada de factorias comerciales militarmente
protegidas, desde las que ni se emprenden esfuerzos de colonizacion tierra
adentro ni parten impulsos dignos de menciön a una conquista militar de
territorio mäs amplia (la ampliaciön del poder britänico a partir de Calcuta,
Bombay y Madras es atipica, al menos antes de 1 820). El propösito es asegurar
una hegemonia comercial, en principio mediante bases maritimas laxamente
vinculadas como las de la Repüblica de Genova en el Mediterräneo, luego de
forma mäs planeada y organizada como las del Imperio comercial portugues
(Mozambique, Goa, Malaca, Macao) y los Paises Bajos (Batavia, Ceilän,
Nagasaki). Cuando se iniciö en el siglo XV11I la era de la politica mundial,
ganaron un peso propio estrategico global enclaves costeros mutuamente ligados
de la principal potencia maritima de la epoca, Gran Bretana, mäs allä de la
protecciön de los intereses comerciales. Tales puntos de conexiön para la flota
(Bermuda, Malta, Chipre, Alejandria/Suez, Aden, Ciudad del Cabo, Gibraltar) e
importantes «colonias portuarias» militares[14] (Singapur, Hong Kong) se
encontraban entre los componentes mäs longevos y mäs firmemente defendidos
del Imperio britänico. Como tipo de colonia, el punto de apoyo militar era
susceptible de modernizaciön al largo plazo. Se desarrollö de nuevo a partir de la
era de los canoneros en relaciön con las täcticas de las fuerzas aereas.
COLONIAS: UNA CLASIFICACIÖN
Los terminos «colonizaciön» y «colonia» no deberian identificarse entre si
demasiado estrechamente, como se verä a partir de este intento de
caracterizaciön tipolögica. Hay colonizaciön sin formaciön de colonias, en la
situaciön que aparece con frecuencia en la historia de la colonizaciön fronteriza;
pero tambien hay formaciön de colonias que no derivan de una colonizaciön,
sino de una conquista militar, basada en la espada y no en el arado. Entre ambos
casos «ideotipicamente» puros estä la colonizaciön de asentamiento del tipo
«africano» (como la practicada con mayor notoriedad en Argelia), en el que la
conquista creö las condiciones para el asentamiento a gran escala. En general, no
debe pasarse por alto que los colonos tambien estän armados; solo que la
violencia que ejercen, por lo menos en las primeras etapas de la colonizaciön, no
es una violencia estatal.
Una defmiciön de «colonia» välida para los tiempos modernos, a partir de estas
reflexiones, deberia ser lo bastante estricta como para excluir situaciones
histöricas como la ocupaciön militar temporal o la anexiön violenta de äreas
fronterizas a Estados nacionales modernos. La siguiente sugerencia deberia
satisfacer esa condiciön; su prolijidad casi juridica es un sacrificio que la
precisiön del uso del lenguaje cientifico debe arrostrar:
Una colonia es una entidad politica de nueva creaciön a partir de una situaciön precolonial, realizada
mediante la invasiön (conquista o colonizaciön de asentamiento), cuyos gobemantes extranjeros
mantienen una relaciön de dependencia duradera con una «madre patria» o centro imperial alejado
espacialmente, que reclama derechos de «propiedad» exclusiva sobre la colonia.
Las colonias solian estar integradas en un imperio colonial que abarcaba
varias; las relaciones entre las colonias de un imperio permanecian en general
subordinadas a la «relacion primaria» entre colonias y metröpoli[15]. La
asimetria bäsica en la relacion entre colonia y metröpoli no excluye su
reciprocidad. Sus consecuencias y efectos no iban en una sola direcciön, desde
un «centro» (productivo) a «la periferia» (receptivo). Las posesiones coloniales
tenian mäs bien multiples repercusiones sobre la «madre patria», no siempre
pretendidas.
En la Era Moderna surgieron, a raiz de la expansiön de los Estados europeos,
de Estados Unidos y de Japön, los siguientes tipos principales de colonias (asi se
pueden resumir en relacion con las seis formas de expansiön):
1) Colonias de dominaciön
- resultado, en la mayoria de los casos, de una conquista militar, a menudo
despues de largas fases de un contacto no agresivo;
- objetivos: explotaciön econömica (mediante monopolios comerciales,
aprovechamiento de recursos minerales, recaudaciön de tributos),
aseguramiento estrategico de la politica imperial, obtenciön de mayor
prestigio;
- presencia colonial, relativamente insignificante desde el punto de vista
numerico, principalmente en forma de enviados, buröcratas civiles que
vuelven a la «madre patria» tras completar su actividad, soldados y
hombres de negocios (no colonos asentados);
- gobierno autocrätico de la metröpoli (sistema de gobernadores), con
elementos de asistencia paternalista a la poblaciön indigena.
Ejemplos: la India britänica, Indochina (fr.), Egipto (brit.), Togo (alem.),
Filipinas (estadoun.), Taiwan (jap.).
Variante hispanoamericana: la inmigraciön europea lleva a una sociedad
urbana mixta con minoria criolla dominante.
2) Colonias a partir de un punto de apoyo
- resultado de la acciön de las flotas;
- objetivos: aprovechamiento comercial indirecto del interior de un pais o
contribuciön a la logistica del desarrollo de una potencia maritima y control
informal de estados formalmente independientes («politica de las
canoneras»).
Ejemplos: Malaca (port.), Batavia (neerl.), Hong Kong, Singapur, Aden
(todos brit.), Shanghai (internacional).
3) Colonias de asentamiento
- resultado de procesos de colonizaciön amparados militarmente;
- objetivos: uso de tierras y mano de obra (extranjera) baratas, practica de
formas de vida socio-culturales minoritarias, cuestionadas en la «madre
patria»;
- presencia colonial, principalmente en forma de granjeros y plantadores
permanentemente residentes;
- primeros intentos de autogobierno de los colonos «blancos» desatendiendo
a los derechos e intereses de la poblaciön indigena.
Variantes:
a) tipo «neoingles»: desplazamiento y destrucciön parcial de la poblaciön
indigena econömicamente prescindible; ejemplos: las colonias britänicas de
Nueva lnglaterra, Canadä (frances/britänico), Australia;
b) tipo «africano»: dependencia econömica de la fuerza de trabajo nativa;
ejemplos: Argelia (fr.), Rhodesia del Sur (brit.), Sudäfrica;
c) tipo «caribeno»: importaciön de mano de obra esclava extranjera;
ejemplos: Barbados (brit.), Jamaica (brit.), Saint-Domingue (fr.), Virginia
(brit.), Cuba (esp.), Brasil (port.).
[1] Para un repaso de los principales debates al respecto, vease D. Rothermund, «The Self-Consciousness
of Post-Imperial Nations: A Cross-national Comparison», en India Quarterly 67 (2011), pp. 1-18.
[2] Vease O. Brunner, W. Conze y R. Koselleck (eds.), Geschichtliche Grundbegriffe. Historisches
Lexikon zur politisch-sozialen Sprache in Deutschland, 7 vols., Stuttgart, 1972-1992, y en particular el
articulo sobre «Imperialismo» de J. Fisch et al. (Vol. 3, 1982, pp. 171-236).
£31 M. I. Finley, Colonies: An Attempt at a Typology, en Transactions of the Royal Historical Society, 5.“
Serie, 26(1976), pp. 167-188.
[4] Por ejemplo, W. Y. Adams, «The First Colonial Empire: Egypt in Nubia, 3200-1200 B. C.», en
Comparative Studies in Society and History 26 (1984), pp. 36-71; J. Prawer, The Crusaders’ Kingdom:
European Colonialism in the Middle Ages, nueva ed., Londres, 2001.
[5] Vease, por ejemplo, Duden. Fremdwörterbuch, Mannheim, 2005, p. 551.
£6] H. Brunschwig, Noirs et blancs dans l’Afrique noire frangaise, Paris, 1983, p. 209.
[7] Vease la defmicion teorica de J. J. McCusker y R. R. Menard en The Economy of British America,
1607-1789, Chapel Hill, 1985, p. 21.
[8] Vease S. G. Marks, Road to Power: The Trans-Siberian Railroad and the Colonization of Asian
Russia, 1850-1917, Ithaca 1991, pp. 196 y ss.
£9] Vease F. Bacon, «Of Plantations» [1625], en The Essays, ed. de J. Pitcher, Harmondsworth, 1985, pp.
162-164.
[10] Veanse P. Mosley, The Settier Economies: Studies in the Economic History of Kenya and Southern
Rhodesia, 1900-1963, Cambridge, 1983, pp. 5-8 y 237, y tambien Ch. Marx, «Siedlerkolonien in Afrika -
Versuch einer Typologie», en F. Becker (ed.), Rassenmischehen - Mischlinge - Rassentrennung. Zur Politik
der Rasse im deutschen Kolonialreich, Stuttgart, 2004, pp. 82-96.
[11] R. W. Fogel, Without Consent or Contract: The Rise and Fall of American Slavery, Nueva York,
1989, pp. 30 y ss.
[12] M. A. Burkholder y L. L. Johnson, Colonial Latin America, Nueva York, 2010, p. 132.
[13] R S. Reinsch, Colonial Government: An Introduction to the Study of Colonial Institutions, Nueva
York, 1902, p. 16.
[14] Sobre los tipos de colonias portuarias, vease E. Grünfeld, Hafenkolonien und kolonieähnliche
Verhältnisse in China, Japan und Korea, Jena, 1913.
[15] Como introduccion a la investigacion sobre los imperios cabe mencionar S. Howe, Empire: A Very
Short Introduction, Oxford, 2002.
II. «COLONIALISMO» E «IMPERIOS COLONIALES»
COLONI ALISMO : UNA DEFINICIÖN
Pero «-.que es el «colonialismo»? «^Cörno se puede precisar el concepto
independientemente del de las colonias concretas? El historiador africano Philip
Curtin habla muy en general de «dominio por un pueblo de otra cultura»[l]. Esta
formulaciön contiene los dos elementos cruciales, «dominaciön» y «cultura
ajena», pero debe especificarse aün mäs. No todo dominio por extranjeros ha
sido entendido siempre por los sometidos a el como algo ilegitimo y rechazable.
Egipto, por ejemplo, permaneciö entre 1517 y 1798 como provincia del Imperio
otomano bajo la dominaciön turca, sin que esta fuera entendida en general por la
poblaciön nativa de lengua ärabe como una opresiön que debiera combatir[2]. La
extranjeridad lingüistica se veia compensada en aquel caso por el
reconocimiento comün del islam y con el de las ideas islämicas sobre lo que
podia o debia ser un gobierno justo.
Para precisar la peculiaridad histörica del colonialismo moderno, habria que
complementar la förmula bäsica de Curtin con tres componentes: en primer
lugar, el colonialismo no es una relaciön cualquiera entre sehores y siervos, sino
una relaciön en la que a toda una sociedad se le roba, controla externamente y
trastoca su propio desarrollo, en beneficio de las necesidades e intereses -
principalmente econömicos- de los amos coloniales. Que los gobiernos
coloniales rara vez hayan alcanzado en la practica tan ambicioso objetivo, que a
menudo les faltaran los medios para ello, es algo de segundo orden en cuanto a
la adecuaciön teörica del concepto. El colonialismo moderno se basa en la
voluntad de poner a las sociedades «perifericas» al servicio de las «metröpolis».
En segundo lugar, el tipo de extranjeridad entre colonizadores y colonizados es
de gran importancia. Es caracteristico del colonialismo moderno la rara falta de
voluntad de los nuevos amos, desde el punto de vista histörico, de tratar con
deferencia cultural a las sociedades sometidas. La expansiön europea nunca
produjo una sintesis cultural «helenistica». De los colonizados se esperaba y
pretendia una aculturaciön extensiva y una conversiön a los valores y häbitos
präcticos de Europa; rara vez hubo una contra-aculturaciön significativa del
colonizador mediante su adquisiciön e incorporaciön de elementos de las
civilizaciones dominadas. En el siglo XIX la imposibilidad de tales
aproximaciones se basaba en la existencia de jerarquias «raciales»
supuestamente insuperables. Una defmiciön del colonialismo debe tener en
cuenta la falta de adaptabilidad de los amos coloniales.
En tercer lugar, el colonialismo moderno no es solo una relaciön de dominio
descriptible como «estractural e histörica», sino al mismo tiempo una
interpretaciön especial de esa relaciön. En su esencia hay una actitud especifica
de la conciencia; incluso se ha dicho que se acciona mediante un «programa
ideolögico»[3]. Desde los teöricos coloniales ibericos e ingleses del siglo XVI,
la expansiön europea se presentö grandiosamente como el cumplimiento de una
misiön universal; como una contribuciön a un plan divino que habia que ejecutar
entre los paganos, como un mandato secular para que el colonialismo
«civilizara» a los «bärbaros» o «salvajes», como «carga privilegiada del hombre
blanco», etc. Siempre aducia como razön la convicciön de la propia superioridad
cultural. Tambien el colonialismo estadounidense y el japones se sirvieron
abundantemente de tal retörica ideolögica de la misiön. Las culturas
tradicionales, como la china, partian de su propio patrön de ejemplaridad e
insuperabilidad civilizatoria, pero sin pretender imponerla a sus vecinos. Solo en
el colonialismo moderno tomö tal arrogancia etnocentrica un cariz agresivo-
expansionista, solo entonces quedaron los muchos sometidos al «yugo
espiritual» de los pocos[4], Por eso las estructuras de dependencia colonialistas,
quedan insuficientemente caracterizadas sin el «espiritu del colonialismo» que
las alienta. Ese espiritu (o antiespiritu), sobreviviö en general a la realidad de la
era colonial.
Asi pues, se puede definir:
El colonialismo es una relaciön de dominio entre colectivos, en la que las decisiones fundamentales
sobre la forma de vida de los colonizados son tomadas y hechas cumplir por una minorla cultural
diferente y poco dispuesta a la conciliaciön de amos coloniales que dan prioridad a sus intereses
extemos. Esto se vincula usualmente en los tiempos modernos con doctrinas justificativas ideolögicas
del tipo misionero, que se basan en la convicciön de los amos coloniales de su propia superioridad
cultural.
A pesar de su extranjeridad cultural, no se deberia deducir en absoluto una
relaciön de dominaciön impermeable, estrictamente «maniquea», entre
colonizadores y colonizados. Como otras formas de dominio, la practica de la
dominacion colonial da lugar a un «campo de fuerzas», «en el que los agentes en
relaciön avanzan y retroceden, e interactuan entre si aunque traten de evitarse
mutuamente o de ignorarse»[5]. Entre colonizadores y colonizados se dan
interacciones y gradaciones jerärquicas. El grado de polarizaciön y la
permeabilidad de la relaciön de dominacion varia segün cada situaciön histörica.
El intento de derivar el «colonialismo», no del concepto antes definido de
«colonia», sino definiendolo independientemente, lleva a la cuestiön concluyente
de si ambos fenömenos tienen algo que ver entre si. Las colonias y el
colonialismo suelen ir de la mano; pero hay casos de falta de congruencia. Uno
es el de las colonias sin colonialismo. Se encuentra alli donde faltaba, dentro de
las sociedades coloniales, una mayoria indigena de la poblaciön, por lo que esas
sociedades eran homogeneamente «blancas». Tambien para sus contemporäneos
aparecian como «Estados-plantados» por europeos en tierras «vacias». Esto se
aplica principalmente a las colonias de asentamiento del tipo «neoingles», en las
que se practica una colonizaciön (fronteriza) abundante, y con ella el
aprovechamiento agrario de los «desiertos» del interior y la destrucciön de los
cazadores y pastores indigenas de ese espacio vital. Sin embargo, la ausencia de
sübditos «nativos» no podia determinar la relaciön de dominacion constitutiva
del colonialismo. Esas sociedades, por tanto, no han sido «descolonizadas»
mediante el derrocamiento y expulsiön de los colonos, tal como sucediö por
ejemplo en Argelia. Su independencia como Estados-naciön la obtuvieron como
resultado de una secesiön abrupta-revolucionaria (las 13 colonias que
constituyeron a continuaciön los Estados Unidos) o mediante un alejamiento
paulatino y ampliamente consensuado (Canadä, Australia) del centro del
imperio.
En el otro extremo del espectro se debe tener en cuenta la posibilidad de un
colonialismo sin colonias, es decir, de situaciones en las que las relaciones de
dependencia de tipo «colonial» no responden a las que habria entre una «madre
patria» y una colonia espacialmente distante, sino entre «centros» dominantes y
«periferias» dependientes en el interior de Estados-naciön o imperios
territoriales unidos. Nos vemos ahi con la construcciön teörica del «colonialismo
interno», y en particular, como ejemplo, de la relaciön entre Inglaterra y el
«borde celta» de las Isias Britänicas (Gales, Escocia, Irlanda). En un sentido
parecido se ha mencionado recientemente la politica alemana (prusiana) hacia
los territorios del este, sobre todo Polonia, y su posible caräcter «colonial» [6],
Se puede discutir al respecto si el concepto de colonialismo no se exagera
metaföricamente o se reduce a la dimensiön de la percepciön (extranjera). Menos
problemätica es la idea de las relaciones subcoloniales dentro de imperios
coloniales ordenados jerärquicamente: la relacion colonialista primaria se da
entonces no entre una colonia y la metropoli, sino entre ella y otra colonia del
imperio. Asi se puede entender a veces a Angola como uns subcolonia de Brasil,
asi como Filipinas estuvo en algunos aspectos subordinada a Mexico. La India
estaba rodeada por todo un circulo de satelites, y el hecho de que durante la
decada de los veinte del siglo pasado no se produjera en Kenia una toma del
poder de los colonos blancos como en Rhodesia del Sur se debio esencialmente
al hecho de que el gobierno de la India britänica extendiö du mano protectora
hacia la poblacion inmigrante india en Äfrica Oriental.
IMPERIOS COLONIALES E «IMPERIO INFORMAL»
En la Era Moderna la mayoria de las colonias formaban parte de imperios
coloniales. La idea de imperio implica que estän subordinadas a su centro, en
una configuraciön en forma de estrella, varias «periferias», que en general
tambien mantienen relaciones entre si, aunque mäs debiles que las relaciones
respectivas con el centro. En algunos casos, la «masa critica» de posesiones
coloniales no alcanza para hablar de un imperio colonial: Belgica poseia
ünicamente dos colonias en el Äfrica Centro-Oriental: el Congo Belga (1885-
1960) y Ruanda Burundi (1916-1962). Las ünicas colonias territoriales de
Estados Unidos fueron Filipinas (1898-1946) y Puerto Rico (1898-1952). El
imperio colonial espanol, en el que hubo una epoca en la que «no se ponia el
sol», quedö reducido, como consecuencia primero de la independencia de los
paises latinoamericanos, y luego de la derrota en la Guerra Hispano-Americana
de 1898, a un punado de minimas posesiones en el norte de Äfrica, de modo que
en el siglo XX ya no se podia hablar de un «Imperio» espanol. En todos esos
casos nos encontramos con posesiones coloniales sin un imperio colonial. Tal
vez se puede decir lo mismo del Imperio neerlandes, que tras la perdida de
Ceilän (1796) y del Cabo de Buena Esperanza (1794-1806) se redujo a Surinam
junto a las Indias Orientales holandesas (Indonesia), aunque estas ültimas fueran
una colonia importantisima para la metropoli, tanto por el tamano de su
poblacion como econömicamente.
Los imperios de Ultramar europeos en la Era Moderna eran, tanto en su esencia
como de hecho, casi exclusivamente imperios coloniales. Esto cambio desde
finales del siglo XVIII con la creciente distancia en el rendimiento economico
entre las economlas desarrolladas de Europa y el mundo ultramarino, con la
concentracion de las relaciones economicas mundiales, con la mejora a escala
mundial de los medios de intervenciön militar dispuestos para ser usados en
cualquier momento, y con el advenimiento de un pensamiento polltico de
dimensiön estrategica global. En particular, para Gran Bretaria, que entre 1815 y
1880 aproximadamente fue la primera potencia economica y naval internacional,
se abrio ahora, junto a la adquisiciön de colonias, una gran variedad de
posibilidades de hacer frente a sus propios intereses economicos y estrategicos.
En muchos casos bastaba que Estados pollticamente independientes en Ultramar
(Imperio otomano, palses de America Latina, China, Japon, Tailandia, Iran, etc.)
mantuvieran abiertos sus mercados para los productos de la industria britänica y
ofrecieran garantias de proteccion de la propiedad extranjera. Para ese proposito
servian la presiön diplomätica, las amenazas militares y quizä intervenciones
puntuales de la flota como en la «guerra del opio» contra el Imperio chino en
1842. La dominaciön colonial habria sido en todos esos casos demasiado cara y
habria conllevado responsabilidades politicas innecesarias; el gobierno formal
quedaba por ello en manos de diversos aliados locales, con cuya «colaboracion»
entusiasta cabia contar de antemano.
Esta distinciön entre el aseguramiento «formal» e «informal» de intereses
frente a paises militarmente mäs debiles y economicamente -como se dice hoy
todavia- «subdesarrollados», entre «imperio formal» e «imperio informal» [7] se
puede aplicar no solo al Imperio britänico, sino tambien en buena medida, al
menos, a Estados Unidos y Japon. Cuba, por ejemplo, que hasta 1898 habia sido
una colonia espanola, fue oficialmente una repüblica independiente entre 1902 y
la toma del poder por Fidel Castro en 1959, pero casi toda su economia estaba en
manos estadounidenses, y el gobierno estadounidense intervenia descaradamente
en la politica interna cubana. Se trataba pues de un ärea de explotaciön
semisoberana bajo el dominio estadounidense: un caso cläsico de imperio
informal. Los japoneses, a su vez, fueron completando desde 1905 su imperio
formal, que consistia principalmente en las colonias inmensamente rentables de
Taiwan (1895-1945), Corea (1910-1945) y el Estado titere de facto colonial de
«Manchukuo» (en las tres provincias nororientales de China, 1931-1945) con un
ärea de influencia cada vez mäs amplia y profunda en la propia China[8],
Tambien el Reich alemän emprendiö antes de 1914 una politica de construcciön
de un Imperio informal en China, America Latina y el Imperio otomano.
Se pueden entonces distinguir como resumen, para los siglos XIX y XX, tres
grados de aseguramiento de los intereses de los «Hermanos Mayores» frente a
los «hermanos menores»:
1) Dominaciön colonial (= imperio formal). Las autoridades locales son
sustituidas por extranjeros (por ejemplo, un sultän malayo por un gobernador
britänico). El orden polltico precolonial deja de existir o al menos de funcionar
sin obstäculos. Los representantes del poder colonial ejercen las funciones
centrales de la autoridad, como la recaudaciön de impuestos, la justicia, la fuerza
policial y militar. Todas las relaciones externas de los colonizados son
monopolizadas por la potencia colonial. En todo lo demäs se aplican las
definiciones propuestas mäs aträs de «colonia» y «colonialismo».
2) Control cuasi-colonial (= imperio informal). El estado mäs debil permanece
como una comunidad independiente con su propio sistema politico. Puede
conducir su propia politica exterior ademäs de regulär por su cuenta los asuntos
internos de rutina. No hay una administracion colonial, pero si a veces -
especialmente en el campo de las fmanzas- autoridades mixtas extranjeras-
propias (como el departamento de aduanas maritimas en el Imperio chino). Sin
embargo, el Estado mäs debil solo es parcialmente soberano. El «Hermano
Mayor» ha impuesto, como consecuencia de una presiön aplicada selectivamente
(«diplomacia canonera»), privilegios reconocidos en «tratados desiguales», cuyo
contenido es sobre todo la proteccion de los extranjeros frente a la aplicacion de
las leyes propias mediante la jurisdiccion consular y la extraterritorialidad, el
reconocimiento de un regimen de libre comercio (bajos aranceles aduaneros o
ausencia de jurisdiccion aduanera), el derecho de estacionamiento de tropas
extranjeras en las aguas territoriales y en bases concertadas terrestres. El
«Hermano Mayor» es representado por consules, diplomäticos o «asesores
residentes», que «aconsejan» en la politica interna, especialmente en las
contiendas sucesorias, y confieren enfasis a sus «consejos», si es preciso
mediante la amenaza de intervenciön militar. En casos extremos, los
funcionarios nativos son titeres sin voluntad; normalmente tienen empero cierto
margen de maniobra, a veces considerable. La «elite colaboradora» ideal,
inevitablemente presente en el imperio informal, debe poseer suficiente
legitimidad y capacidad de conviccion para ser eficaz en la defensa de los
intereses del «Hermano Mayor». El imperio informal rara vez estä motivado
estrategicamente o por consideraciones de prestigio. Casi siempre es un medio
para garantizar los intereses de importantes agentes economicos (comercio,
inversiön directa, bonos) que se defienden en general sin apoyo politico. A
diferencia del imperio formal, el imperio informal requiere una clara
superioridad economica del Hermano Mayor. Debe tener la capacidad de
«penetracion» en las economias politicas extranjeras. A diferencia del imperio
formal, en el que la dominaciön colonial sobre un determinado territorio es
indivisible y exclusiva, en el caso del imperio informal puede haber varios
Hermanos Mayores, que comparten el principio de «puertas abiertas» con
igualdad de oportunidades para todos, o que se ponen de acuerdo en el reparto de
las respectivas «zonas de influencia».
3) Influencia «determinante» no colonial. Entre el «Hermano Mayor» y el
«hermano menor» no hay en este caso ninguna relaciön de dominaciön colonial.
Ademäs, no hay derechos especiales codificados en «contratos desiguales». La
superioridad economica del socio estatalmente mäs fuerte o de sus instituciones
privadas en el sector empresarial (por ejemplo, empresas multinacionales) o de
su protecciön militar, le otorga no obstante posibilidades de intervenciön en la
politica de los socios mäs debiles que no poseen las de ese vecino «normal».
Este es un tipico patrön de relaciones internacionales asimetricas en el mundo
poscolonial.
IMPERI ALI SMO
El Imperio britänico de los siglos XIX y XX, y algunos otros imperios
modernos podian ejercer por tanto en su ärea de influencia politica y economica
un efecto que iba mäs allä de su componente colonial en sentido estricto. En
algunas partes del mundo ejercian un dominio colonial formal, en otras se
conformaban con las posibilidades de control informal y la salvaguardia de sus
intereses; y a veces bastaba ser un vecino fuerte. El punto crucial es que en la
mayoria de los casos se podian lograr resultados similares por diferentes vias. En
cuanto a las consecuencias economic as de la presencia extranjera en un pais
lejano, en general no habia gran diferencia en si se trataba de una colonia o de un
Estado cuasi-colonial, solo nominalmente soberano, obligado a respetar
determinados intereses econömicos «casi» libremente y que por si mismo no
poseia casi ninguna influencia sobre las decisiones de politica economica interior
o exterior.
«Imperialismo» es el termino que resume todas las fuerzas y actividades que
contribuyeron a la construcciön y mantenimiento de tales imperios
tr ans coloniales. Al imperialismo corresponden tambien la voluntad y la
capacidad de cada centro imperial para definir sus propios intereses de Estado-
naciön como imperiales y hacerlos respetar en la anarquia del sistema
internacional. El imperialismo implica por tanto no solo una politica colonial,
sino una «politica mundial», para la que las colonias no son solo objetivos en si
mismas, sino tambien instramentos en los juegos de poder globales. La idea tan
acariciada por las grandes potencias desde el ultimo tercio del siglo XIX de
instituir la compensaciön del equilibrio de poder internacional, preferentemente
intraeuropeo, mediante el intercambio de colonias (por ejemplo, las islas
Heligoland por Zanzibar, 1890), reconociendo las pretensiones geopoliticas de
terceras potencias, «poniendo al dia» sus propias reclamaciones coloniales, etc.,
era tipicamente «imperialista» y ajena a un pensamiento «colonialista», que
considera que las colonias han sido «adquiridas» como algo «confiado» de
forma pennanente. El imperialismo es planeado y realizado por las Cancillerias
de Estado, los Ministerios de Asuntos Exteriores y de la Guerra; el colonialismo,
por las autoridades coloniales y los « men on the spot». Esa politica mundial
cuajada de acontecimientos histöricos debe verse no obstante siempre 1) a la luz
de la apariciön de un sistema mundial de Estados y 2) en el marco de estructuras
desiguales lentamente desarrolladas en la circulacion economica entre los
espacios geogräficos del planeta.
«Imperialismo» y colonialismo» no son pues lo mismo. Frente a la tendencia a
restringir el «imperialismo» a una epoca comprendida entre 1880 y la Primera
Guerra Mundial, en muchos sentidos es un concepto cargado con un significado
mäs amplio; el «colonialismo» casi parece un caso especial. Eso se puede decir
con buenas razones del Imperio britänico desde alrededor de 1780. Sin embargo,
como el «imperialismo» implica la posibilidad de una percepcion de los
intereses a escala mundial y de una penetraciön capitalista, «informalmente»
apoyada, en grandes äreas de actividad economica, la utilizacion del termino
para los primeros imperios coloniales modernos, que aün no contaban con eilas,
es dudosa y solo cabria con la salvedad del «imperialismo espanol». Solo Gran
Bretana y Estados Unidos han sido en algün momento potencias imperialistas en
el sentido plenamente desarrollado, aunque en el caso de Estados Unidos se
tratara, por supuesto, de un caso de imperialismo sin imperio colonial. Francia,
Alemania, Rusia (o la Union Sovietica) y Japon fueron en diversos momentos
portadoras del imperialismo en un sentido limitado: o bien no mantuvieron
realmente una presencia mundial a largo plazo, o (como la Union Sovietica en el
momento de apogeo de su fuerza militar) eran economicamente demasiado
debiles para controlar economias lejanas. Los imperios coloniales sin
imperialismo fueron la regia durante la primeras fase de la expansiön europea;
solo los Paises Bajos en el siglo XVII podrian considerarse una excepcion. Sin
embargo, en los siglos XIX y XX fueron precisamente los Paises Bajos los que
ilustraron de forma particularmente luminosa este caso. Entre las Guerras
Mundiales fueron sin duda, despues de Gran Bretana y Francia, la tercera
potencia colonial europea; pero al mismo tiempo no eran, en modo alguno, una
potencia imperialista: carecian de ambiciones politicas y medios de poder a
escala mundial, y de posibilidades de aparecer «informalmente» mäs allä de su
propia colonia de Indonesia[9].
[1] Ph. D. Curtin, «The Black Experience of Colonialism and Imperialism», en S. W. Mintz (ed.), Slavery,
Colonialism, and Racism, Nueva York, 1974, p. 23.
[2] Vease M. Winter, Egyptian Society under Ottoman Rule 1517-1798, Londres, 1992, p. 30.
[3] E. W. Said, Kultur und Imperialismus. Einbildungskraft und Politik im Zeitalter der Macht, Francfort,
1994, p. 44 [ed. cast.: Cultura e imperialismo, Barcelona, Debate, 2018],
[4] P. Mason, «A spiritual yoke», Patterns of Dominance, Londres, 1970, p. 274.
[5] A. Lüdtke, «Einleitung: Herrschaft als soziale Praxis», en A. Lüdtke (ed.), Herrschaft als soziale
Praxis. Historische und sozial-anthropologische Studien, Gotinga, 1991, p. 12.
[6] Vease P. Ther, «Deutsche Geschichte als imperiale Geschichte. Polen, slawophone Minderheiten und
das Kaiserreich als kontinentales Empire», en S. Conrad y J. Osterhammel (eds.), Das Kaiserreich
transnational. Deutschland in der Welt 1871-1914, Gotinga, 2004, pp. 129-148.
[7] Las sugerencias fundamentales al respecto proceden de R. E. Robinson y J. A. Gallagher. Vease W. R.
Louis (ed.), Imperialism: The Robinson and Gallagher Controversv, Nueva York, 1976; R. E. Robinson,
«The Excentric Idea of Empire - with or without Imperialism», en W. J. Mommsen y J. Osterhammel
(eds.), Imperialism and After: Continuities and Discontinuities, Londres, 1986, pp. 267-289. Vease tambien
M. W. Doyle, Empires, Ithaca, 1986, pp. 19-47.
[8] Veanse los tltulos de Myers y Peattie, y Beasley en la «Bibliografla», asl como P. Duus et al. (eds.),
The Japanese Informal Empire in China, 1895-1937, Princeton, 1989.
[9] Vease J. van Goor, «Imperialisme in de marge?», en J. van Goor (ed.), Imperialisme in de marge: De
afronding van Nederlands-Indie, Utrecht, 1986, p. 9.
III. EPOCAS DEL COLONIALISMO
PROBLEMAS DE UNA HISTORIA DEL COLONIALISMO]!]
Poco despues de la Primera Guerra Mundial el economista frances Arthur
Girault llego a la conclusiön de que la mitad aproximadamente de la superflcie
terrestre correspondla a colonias de las potencias europeas. Mas de 600 millones
de personas, esto es, aproximadamente dos quintas partes de la poblaciön
mundial, estaban sometidas al dominio colonial: 440 millones en Asia, 120
millones en Africa, 60 millones en Oceania y 14 millones en America[2].
No era ningün proceso historico unificado y lineal lo que habia llevado,
durante los cuatro siglos transcurridos desde la conquista iberica de America
Central y del Sur, a esa difusion mäxima en la historia mundial de las relaciones
coloniales. No existe una historia ünica del colonialismo, sino una multitud de
historias de colonialismos individuales. Durante mucho tiempo la historiografia
se ha ocupado casi exclusivamente de la historia de los imperios coloniales
nacionales. Tal punto de vista solo se puede mantener, no obstante, de forma
limitada, por cuatro razones: primera, no es necesario ser partidario de la teoria
de una evoluciön en concordancia de fase de un «sistema mundial moderno»
(Immanuel Wallerstein) para reconocer que hay ciertos paralelismos y armonias
en el desarrollo de los imperios coloniales. Por ejemplo, en el desarrollo de cada
imperio colonial suena inevitablemente, en algün momento, la «hora de los
burocratas», el momento en que los conquistadores, los piratas y los pioneros del
asentamiento de los primeros dias son dominados o reemplazados por
funcionarios y en lugar del botin salvaje se impone la administraciön regulär y la
valorizaciön programada de la correspondiente colonia.
En segundo lugar, el colonialismo se habia convertido en un factor importante
en una historia mäs completa de las redes globales]!]. Los imperios coloniales
modernos hicieron mäs espaciosas las äreas de ejercicio del poder. Incluyeron
diferentes partes del mundo en una amplia gama de espacios de interacciön y
comunicaciön. El dominio colonial promoviö -y canalizö- la circulaciön de
bienes de todo tipo por el mundo entero: desde mercancias y Capital hasta ideas y
präcticas culturales, pasando por plantas, animales y enfermedades. Por ultimo,
pero no menos importante, los imperios coloniales a menudo se convirtieron en
marco para la movilidad global de personas, tanto en sus variantes voluntarias
(como la migraciön laboral) como en las involuntarias (como el exilio, la
deportacion, la trata de esclavos)[4].
En tercer lugar, los imperios coloniales de los tiempos modernos no eran
unidades hermeticas aisladas. Las fronteras externas entre imperios a menudo
eran permeables. Entre los poderes coloniales habia transferencias,
negociaciones e intercambios. Tampoco su personal en un lugar determinado era
nacionalmente homogeneo: tripulaciones navales, tropas coloniales y sociedades
misioneras provenian de muchas nacionalidades. La clase de productores que
dominaban en el siglo XVlii las islas azucareras del Caribe era, por su origen y
su vision del mundo, paneuropea[5], En condiciones de libre comercio, como las
que se habian impuesto en el transcurso del siglo XIX en el mundo colonial, las
relaciones de comercio e inversiön atravesaban las fronteras politicas, de modo
que antes de 1914 grandes capitales alemanes se habian invertido en el Imperio
britänico y la expansiön de Rusia en gran medida fue fmanciada por inversores
franceses. Uno de los analistas mäs perspicaces del colonialismo,
moderadamente adepto, ofreciö esta förmula: «La colonizaciön moderna no es
una cuestiön de personas, sino de Capital, y el Capital no conoce patria»[6],
En cuarto lugar, y este es el punto mäs importante, la vision desde las atalayas
de Madrid, Amsterdam o Londres pasa por alto la continuidad de las
experiencias de los colonizados. Estos podian cambiar a veces de amos
coloniales, como pasö con los cingaleses, que despues de su primer encuentro
con los portugueses conocieron a neerlandeses y britänicos; o los filipinos, que
despues de la dominacion espahola conocieron la estadounidense. Lo que
quedaba igual, por debajo de eso, era la «Situation colonial»: el inconfundible
complejo de dominacion, explotaciön y conflicto cultural en entidades politicas
etnicamente heterogeneas surgidas por iniciativa de potencias externas [7]. El
origen de los amos coloniales no carecia de importancia, pero esta era
secundaria.
Una historiografia colonial no eurocentrica, por tanto, en lugar de la politica de
las potencias coloniales deberia tener como tema principal el äuge y caida de
formas sociales especiales, en concreto de las sociedades coloniales, por muy
discutible que pueda ser el alcance del influjo del colonialismo sobre las
regiones no europeas. La historiografia colonial mäs antigua daba por supuesto
que la presencia de extranjeros era siempre el factor decisivo en la historia de un
pais colonizado, de modo que la historia de la India en el siglo XIX se ha escrito,
en consecuencia, como la historia del poder britänico en la India. Para casi
cualquier otra colonia se pueden encontrar ejemplos similares. El motivo
principal de tales representaciones es siempre la creaciön del orden sobre el
caos, de la cultura sobre la naturaleza a partir de la energica intervenciön de los
europeos armados del pensamiento racional y de sus buenas intenciones[8]. La
temprana historiografia nacional en los pueblos poscoloniales del «Tercer
Mundo», amparada por los teöricos neomarxistas, a menudo retoma la tesis de la
superioridad abramadora de los colonialistas y se limita a invertir su valoraciön:
ahora es un colonialismo demonizado el supuesto responsable de todas las
deficiencias en el desarrollo. En una tercera fase, a continuaciön, historiadores
del «Sur» y algunos del «norte» acuerdan que el colonialismo fue, despues de
todo, un fenömeno marginal, y que desde el punto de vista de la larga
perspectiva histörica no es mäs que una nota a pie de pägina en la historia de
Asia, Africa y America.
Tambien es habitual exagerar cuando se habla con ese nivel de generalidad.
Pero ahi se plantea la cuestiön central del tema de la historia del colonialismo.
Investigaciones especiales, muchas de ellas a partir de fuentes locales no
provenientes de los amos coloniales, han sondeado la libertad de acciön de los
colonizados en determinadas situaciones coloniales. Una formulaciön del
historiador nigeriano J. F. Ade Ajayi presenta un punto medio razonable entre la
dramatizaciön y la trivializaciön de los efectos de la dominaciön colonial: «A
pesar de que los europeos eran en general los amos de la situaciön colonial y
disponian de la soberania politica asi como del predominio cultural y econömico,
durante el periodo colonial no tenian el monopolio de la iniciativa»[9], Tambien
cabe plantearse quien, cuando y en que condiciones mantuvo cada uno la
iniciativa histörica. Esto coloca un signo de interrogaciön tras el esquema de
acciön-reacciön establecido hace tanto tiempo, segün el que siempre eran los
representantes dinämicos de Occidente los que actuaban, mientras que los
nativos locales se limitaban a reaccionar. En realidad, la situaciön colonial dibuja
una lucha continua de todos los participantes sobre las posibilidades de acciön.
Entre los colonizados era siempre un combate sobre la dignidad humana.
REMODELACIONES COLONIALES: UNA PERIODIZACIÖN
Una rejilla temporal, por tosca que sea, es un recurso indispensable para una
orientaciön sobre la diversidad de colonialismos y los rasgos de la situaciön
colonial durante los Ultimos cinco siglos. Ningün fenömeno histörico ha dado
lugar a tantas interpretaciones y tan diferentes. Por eso, la mayoria de los
historiadores de la expansion europea han renunciado prudentemente a los
medios esquemäticos tan necesarios de la periodizacion expllcita. Una
periodizacion de ese tipo es tanto mäs dificil, cuanto menos fiable es la fuerza
expresiva de los datos enciclopedicos sobre la fundacion y «adquisicion» de las
colonias. Tales datos originales son a menudo eventos historicamente
indiscutibles: estä por ejemplo garantizado, fuera de toda duda, que el 14 de julio
de 1884 el comisario del Reich Gustav Nachtigal proclamo el «protectorado»
alemän sobre la region de Cameran. Pero ^que nos dicen esos datos? Un
ejemplo: el colonialismo neerlandes en Indonesia comienza, segün la opiniön
convencional, con la fundacion de la ciudad de Batavia (Yakarta) en 1619; el
frances en Marruecos con la declaracion del pais como protectorado en 1912.
Ambos paises parecen pues pertenecer a periodos bastante diferentes de la
historia colonial. Pero el intervalo temporal se reduce si se pregunta uno por el
principio de un dominio präctico intensivo de las zonas del interior del pais por
fuerzas politicas y econömicas exögenas, que cabe datar hacia 1830 tanto para
Indonesia (mäs precisamente, Java) como para Marruecos, donde la «toma del
poder imperial» fue el ultimo paso de un largo proceso de penetracion informal;
en Indonesia se mantuvieron präcticamente incölumes y sin influencias externas
grandes zonas del pais hasta dos siglos despues de la llegada de los
neerlandeses[10].
La historia de los colonialismos no es pues solo -y ni siquiera principalmente-
una historia de conquistas, adquisiciones e izado de banderas. Es una historia de
la construcciön lenta de estructuras de poder y formas sociales y de su extensiön
espacial o lo contrario en el interior de territorios nominalmente reclamados.
Mäs fuerte que los Estados-naciön asentados de Europa, que eran parecidamente
gobernados, y en los que el poder del Estado estaba en principio presente en
todas partes dentro de las fronteras del pais, las colonias estaban a menudo
marcadas por estructuras del tipo centro-periferia. Por todas partes habia
montanas y bosques, estepas y desiertos, que durante mucho tiempo o para
siempre quedaban fuera del control del centro. Territorios fronterizos «dificiles
de pacificar», regiones economicamente poco interesante para el colonialista o
terrenos baldios, que sin embargo estaban a menudo poblados por gente local. El
colonialismo frances tenia un aspecto diferente en Argei que en el Atlas, el
espanol no era el mismo en el centro de Mexico que en el Yucatän. En general,
es decir, dentro de los imperios, se encontraban diferencias similares entre
posesiones importantes y regiones remotas. Habia todo un mundo de distancia
entre un virrey de la India y un gobernador de la Honduras britänica (Belice). En
tales «imperial backwaters» se mantenian formas antiguas de colonialismo que
en otros lugares ya habian desaparecido.
Hay pues muchas dificultades para una periodizaciön de la experiencia
colonial: la diversidad espacial, la extraordinaria multiplicidad de las culturas
colonizadas, la pluralidad de las potencias coloniales y de las formas de
dominacion y de colonizaciön, asi como las distancias y los desplazamientos
entre nücleos y märgenes.
A continuacion distinguiremos seis periodos por sus remodelaciones coloniales
de la continuidad de la expansiön histörica moderna. Los aspectos mäs amplios,
no coloniales, del desarrollo del sistema-mundo moderno son solo esbozados
como fondo.
1) 1520-1570. Construcciön del sistema colonial espanol. Ya antes de las
conquistas en America (1521 del Imperio azteca, 1533 del Imperio inca),
algunos experimentos europeos en Ultramar anticipaban elementos de un futuro
colonialismo territorial: Venecia en el Mediterräneo oriental, Portugal en la costa
de Guinea o Espana en las Isias Canarias. En las primeras decadas del siglo XVI,
no obstante, se produjo, como consecuencia de circunstancias que nadie habia
podido prever, la bifurcaciön simultänea de la expansiön europea en un
«proyecto comercial» -como lo llamo Adam Smith en 1776- en el Oceano
Indico y un «proyecto de conquista» en AmcricaJJJJ. El comercio europeo en
Asia fue desde el principio (alrededor de 1505) un comercio armado. Tanto los
portugueses en la epoca de su supremacia comercial como los neerlandeses, que
despegaron en torno a 1620, y fmalmente tambien los britänicos, que desde 1740
aproximadamente se convirtieron en la principal potencia comercial europea en
los mares de Oriente, se manifestaron como guerreros mercantes en sus
relaciones comerciales asiäticas, que solo lograron imponer paulatinamente.
Durante un tiempo fundaron y defendieron bases costeras fortificadas, que solo
en unos pocos casos se desarrollaron antes del ultimo tercio del siglo XVIII
hasta convertirse en un dominio colonial territorial: en Ceilän, en Java
Occidental y en el centro de la isla filipina de Luzon. Mäs de dos siglos y medio
despues de las primeras exploraciones de Vasco da Gama, no habia todavia en
Asia ningün otro dominio colonial europeo sobre una poblaciön significativa.
Algo tenian en comün los avances europeos en el Viejo y en el Nuevo Mundo:
en ambos casos se emplearon y desarrollaron procedimientos avanzados de
organizaciön burocrätica. En Oriente fueron las Companias de las Indias
Orientales, especialmente la neerlandesa y la britänica, que se convirtieron en
aparatos gigantescos en la cima de su eficiencia como organizaciones
«modernas» del mundo. En Occidente la corona espanola se vio, como resultado
del räpido colapso de los Imperios azteca e inca, ante retos inesperados. «Hasta
aquel momento -nos dice el historiador sir John Elliott-, nunca se habia visto
una sociedad europea ante una tarea administrativa de tal magnitud y
complejidad»[12]. Las conquistas de Mexico y Peru fueron realizadas en gran
medida bajo el impulso caballeresco-feudal de la Reconquista, esto es, la lucha
contra los moros espanoles, por lo que la construccion de una administracion
territorial colonial, que al principio era esencialmente un instrumento estatal de
domesticaciön al servicio de conquistadores y colonos, solo se podia basar en
modelos medievales. El resultado fue una masa sin precedentes de präcticas
juridicas de dominacion y «un gobierno mediante papeles que la historia europea
no habia conocido hasta entonces»[13], Aunque no se debe sobrestimar el
caräcter «racional» de la burocracia colonial espanola, sobre todo mäs allä de su
momento de mäximo esplendor en el siglo XVI, su construccion fue, se mire
como se mire, un logro notable, cuyas estructuras de poder, establecidas antes de
1570, duraron en sus rasgos fundamentales mäs de dos siglos.
2) 1630-1680. Establecimiento de las bases de la economla de plantaciones en
el Caribe. Una segunda innovacion en el siglo XVI en Iberoamerica, con un
prometedor futuro, fue la integracion de las comarcas colonizadas en la
estructura comercial intercontinental, como productoras para la exportacion.
America fue mucho antes que Asia, como ha explicado Immanuel Wallerstein, la
primera «periferia» en Ultramar de la «economia-mundo europea», es decir, un
espacio complementario dependiente que le atribuia, en la di vision del trabajo a
escala mundial, la funciön de la generacion de los metales preciosos y productos
agricolas tropicales[14], Habia dos cosas decisivas a ese respecto: 1) La creaciön
de los sectores manufactureros orientados a la exportacion (y los europeos no se
limitaron a «apoderarse» simplemente de fuentes ya existentes de materias
primas y productos terminados, como hicieron tipicamente en Asia) y 2) con ese
propösito, introdujeron o perfeccionaron formas de trabajo forzado. Se puede
poner como ejemplo la mineria de la plata boliviana e incluso, mäs claramente,
la produccion de azücar en el Brasil portugues, descubierto en 1500 y que
despues de un periodo inicial de comercio «de factorias», desde la decada de
1530 fue colonizado gradualmente por europeos.
Desde 1570 se propago alli la forma empresarial de la plantaciön, en la que
esclavos importados de Äfrica generaban productos para el mercado europeo. La
expansiön de neerlandeses, britänicos y franceses en el Caribe antes dominado
por Espana tuvo como causas originarias las rivalidades entre las potencias
europeas, pero sobre todo el deseo de emular el exito de la industria
azucarera[15]. Los neerlandeses, que desde 1637 hasta 1654 poseyeron una
colonia en el norte de Brasil (Pernambuco), llevaron desde alli la «revoluciön
azucarera» a las Antillas. En el Caribe la colonizaciön tambien comenzö con una
fase «salvaje». La pirateria dominante al principio se contuvo no obstante a
partir de la decada de 1 640, cuando las mayores islas quedaron en manos de los
britänicos (Barbados en 1627, Jamaica en 1655) o los franceses (Guadalupe y
Martinica en 1635, Saint-Domingue [la mitad Occidental de la isla llamada
Hispaniola] en 1664). Solo en Cuba se mantuvieron firmes los espanoles. En
todas las islas se crearon plantaciones, y alrededor de 1680 ya estaban
establecidas sus estructuras tecnicas y sociales. Hasta 1700 se transportaron por
la fuerza al Caribe no espanol unos 450.000 africanos, y unos 600.000 a Brasil.
En el siglo XV111 fueron las islas britänicas, francesas y neerlandesas del Caribe
las mayores importadoras de esclavos (unos 3.300.0001[16]. Las mercancias
coloniales producidas por esclavos dominaron el comercio mundial del siglo
XVIII. Jamaica y Saint-Domingue eran entonces, con diferencia, las posesiones
tropicales mäs productivas de sus metröpolis; Saint-Domingue, el mayor
productor de azucar y cafe del mundo, debia de producir en torno a 1780 mäs
riqueza que todo el resto de Hispanoamerica[ 1 7] . Antes del sistema fabril
mecanizado de la Revoluciön industrial, puede que la plantaciön de esclavos
americana fuera la forma econömicamente mäs eficiente de producciön de
mercancias a gran escala. Al mismo tiempo las sociedades coloniales del Caribe,
como artefactos recien surgidos del entorno despoblado, eran el experimento de
ingenieria social mäs radical de la epoca. El punto mäs avanzado del
colonialismo mundial entre mediados del siglo XVII y finales del XVIII eran las
«Indias Occidentales».
3) 1760-1830. Inicios de la dominaciön territorial europea en Asia. Esas
decadas constituyeron un periodo de desplazamientos de fuerzas y cambios
estructurales globales sin precedentes. Tanto en la America espanola como en la
britänica las mayores exigencias de la metröpoli provocaron esfuerzos
independentistas exitosos de las elites coloniales de origen europeo; sin
embargo, la formaciön de nuevos Estados nacionales no cambiö drästicamente la
forma en que se integraban esas äreas en la economia global. Muy distinta fue la
revoluciön de los esclavos en Saint-Domingue, que en 1 804 llevo a la fundaciön
del Estado de Haiti, asi como a la eliminaciön gradual de la trata de esclavos y
de la esclavitud que acabö poniendo fm en la regiön atläntica a la edad de oro de
los intereses azucareros de las Indias Occidentales. A diferencia de Espana y
Francia, Gran Bretana pudo compensar sus perdidas coloniales. No solo su
industrializaciön, sino tambien el establecimiento de un «Estado fiscal-
militar»[18]. le permitieron realizar una intervenciön militar mundial. La Guerra
de los Siete Anos, que cabe considerar como la primera guerra mundial, llevo al
colapso de las posiciones francesas en Canadä y en la India[19], La expediciön
de Bonaparte a Egipto en 1798 tuvo notables efectos en el mundo musulmän,
pero no trajo consigo la fundaciön de un nuevo Imperio frances en Oriente, algo
que no comenzö en realidad hasta la ocupaciön de Argei en 1830. De la
competiciön maritima con Francia durante la «segunda era de los
descubrimientos» solo Reino Unido obtuvo ganancias territoriales dignas de
menciön: desde 1788 se fue asentando una poblaciön colonial en Australia, al
principio como colonia penal; la conquista y colonizaciön de Nueva Zelanda,
que James Cook habia reclamado en la decada de 1770 para la corona britänica,
no comenzö hasta 1 840.
La novedad colonial mäs importante de la epoca fue la obtenciön de la
posiciön predominante britänica en la India. La Compania Britänica de las
Indias Orientales se habia constituido al principio como red de bases portuarias
comerciales, interfiriendo luego cada vez mäs en la politica interna de la India,
en la fase de declive del Imperio mogul, en los antagonismos que enfrentaban a
diversos principes regionales. A diferencia de los espanoles en America Central,
al principio los britänicos no tenian en la India planes de conquista, y mucho
menos de misiön religiosa evangelizadora; hasta mediados de siglo tambien
estaban muy lejos de una ventaja militar decisiva sobre los Estados indios. En
Bengala, donde se concentraban cada vez mäs los intereses comerciales
britänicos, se habia llegado a una componenda con el principe regional o nabab
que, en principio, parecia satisfacer a ambas partes. Solo el colapso de esa
«colaboraciön» como consecuencia de diversas causas planteö la idea de la
dominaciön territorial. En 1755 Robert Clive, el futuro conquistador de Bengala,
expresö lo que hasta entonces era impensable: «Debemos convertirnos en el
propio nabab» [20], A partir de entonces los britänicos desarrollaron dentro del
sistema estatal policentrico indio una estrategia de sometimiento, aunque se
fuera realizando paulatinamente, atravesando fases de estancamiento y de
consolidaciön. Al final del periodo colonial, en 1947, se mantenian cientos de
estados principescos supuestamente autönomos, pero en 1818 los britänicos
podlan ya considerarse como «poder supremo», con una supremacia indiscutible
en el subcontinente.
La Compania Britänica de las Indias Orientales continuö desempenando su
doble papel como empresa de negocios y poder estatal. Bajo la supervisiön
constante y cada vez mäs estrecha del gobierno de Londres, uniö a la expansiön
militar de su dominaciön una «construccion imperial interna» que, dicho
esquemäticamente, comprendia una secuencia especifica de pasos: 1) obtenciön
de un monopolio comercial eficaz; 2) afianzamiento de un dominio militar y
desarme de los poderes locales subordinados; 3) ratificaciön de los ingresos
fiscales; 4) estabilizaciön mediante normas legales integrales y construccion de
una administraciön burocrätica; y 5) intervenciones con propuestas de reforma
en la sociedad indigena. Esta quinta etapa se alcanzö a principios de la decada de
1830, con la que no solo comenzö la era del dominio europeo sobre las
sociedades asiäticas de «alta cultura», sino que se creö el prototipo de una
colonia de control sin asentamiento de colonos, modelo para la expansiön
britänica en otras regiones de Asia y Africa.
4) 1830-1900. Nueva formaciön de colonias en el Viejo Mundo. La epoca entre
1830 y 1880 no fue un intervalo de sosiego total en la historia de la expansiön
europea. Solo el otrora rico Caribe se convirtiö en un «rincön desplazado u
olvidado del mundo»[21]. Como signo del «imperialismo de libre comercio» los
europeos obligaron a China, Japön, Siam (Tailandia) y en mayor medida que
antes al Imperio otomano, asi como a Egipto, independizado de hecho, a abrir
sus economias; se les impusieron las restricciones de soberania caracteristicas
del imperio informal [22]. La Latinoamerica ya no colonial y el Africa
Occidental liberada del träfico de esclavos pero todavla no colonizada, se
insertaron mäs profundamente en la economia mundial como productoras para la
exportaciön. En Java, la isla principal de las Indias neerlandesas, comenzö
despues de 1830 la intervenciön colonial directa en el uso de la tierra; las islas
exteriores de Indonesia fueron sometidas gradualmente en los anos siguientes. El
sudeste asiätico Continental fue asediado por las potencias imperialistas desde
alrededor de 1820. Primero cayeron en manos extranjeras las tierras bajas
costeras: en 1852-1853 la Baja Birmania con Rangun, en 1857 Cochinchina con
Saigon. Alrededor de 1870 eran ya claramente visibles los limites coloniales
posteriores. Durante todo ese periodo el Imperio zarista invadiö militarmente el
Cäucaso y Asia Central, y con medios mäs diplomäticos el Lejano Oriente. Asi
se agudizö cada vez mäs la larga «guerra fria» entre las dos principales potencias
imperialistas en Asia, Rusia y Gran Bretana, el llamado «Gran Juego».
Aunque esas continuidades en la conquista europea del mundo y muchas
conexiones entre la diplomacia europea cläsica y las del «alto imperialismo»
hablan en su favor, hacia 1870-1880 se puede hablar de un hiato entre dos fases.
La mayorla de las razones para esto se encuentra en el entorno imperialista mäs
amplio del colonialismo, es decir, en los cambios estructurales de la economla y
el sistema interestatal mundiales. Visto desde la historia colonial, el
acontecimiento decisivo determinante de las dos ültimas decadas del siglo XIX
es la ocupaciön europea de Äfrica: un proceso ünico de expropiaciön de todo un
continente. La palabra clave al respecto es el «reparto de Äfrica». En visperas de
ese proceso solo habia dos grandes äreas de colonizaciön europea en el
continente: Sudäfrica (desde 1652) y Argelia (desde 1830), a las que se podian
anadir algunas contribuciones selectivas de los portugueses (Angola,
Mozambique), franceses (Senegal) y britänicos (Sierra Leona, Lagos). En total
vivian entonces hacia 1870 en Argelia y Sudäfrica (incluidas las dos repüblicas
böer) alrededor de 245.000 blancos[23], A la ocupaciön de Äfrica en el ultimo
cuarto de siglo pertenece tambien la expansiön de esos nücleos de colonizaciön
en el norte y en el sur. El descubrimiento de depösitos de diamantes en 1867 y de
vetas de oro en 1886 desencadenö un desarrollo que convirtiö Sudäfrica en un
centro de crecimiento capitalista, un imän para el Capital internacional, que
transformö y al mismo tiempo consolidö la dominaciön blanca[24]. En Argelia
se produjo en esa misma epoca, aunque en condiciones casi puramente agrarias,
un resultado similar como consecuencia de grandes transferencias de tierras de la
poblaciön indigena a la cantidad räpidamente creciente de colonos asentados.
El autentico «reparto» de Äfrica en el periodo comprendido entre la ocupaciön
de Tünez por los franceses en 1881 y la de Egipto por los britänicos en 1882,
como inicio, y la Guerra de los Böers en 1899-1902 como final, fue al principio
un proceso mäs bien simbölico. Mediante acuerdos reciprocos, las grandes
potencias europeas se comprometieron al reconocimiento mutuo de las colonias,
protectorados y esferas de influencia. La «paper partition» se convirtiö, lenta y
fragmentariamente, en «partition on the ground», en ocupaciön efectiva. Se
establecieron entonces fronteras que han permanecido hasta hoy como tales para
los Estados-naciön africanos independientes. El llamado «reparto» de su
continente significö a menudo para los africanos la separaciön entre grupos que
habian compartido tradiciones durante siglos, y muchas otras veces lo contrario:
«un acto imprudente de fusiön politica entre mäs de diez mil unidades [politicas]
reducidas a unas cuarenta»[25]. En el Norte de Äfrica islämico en particular
(Egipto, Marraecos, Tünez y Argelia) y tambien en partes de Asia (Vietnam,
Corea, Birmania) el colonialismo dio lugar a una formaciön compleja de Estados
independientes. A ese respecto se percibia como particularmente ilegitimo el
dominio colonial.
5) 1900-1930. Desarrollo de las economlas exportadoras coloniales. Aunque
la «era del imperialismo» acabo en muchos sentidos en 1914, los pueblos
colonizados no lo experimentaron asi en un principio. Solo en Egipto se produjo
una retirada limitada del poder colonial en el periodo de posguerra, compensada
por un nuevo empuje colonizador: la subordinaciön de las antiguas provincias
ärabes del Imperio otomano al dominio frances (Siria, Libano) y britänico
(Palestina, Transjordania, Iraq). Ademäs, ninguna de las antiguas posesiones del
Imperio alemän alcanzö la independencia; simplemente cambiaron de amo
colonial. Todo esto ocurrio bajo la förmula legal de los «mandatos» de la recien
formada Sociedad de Naciones y el compromiso de los mandatarios a una
rendiciön de cuentas publica. Como obstinada actuaciön educativa hacia los
pueblos todavia inmaduros fuera de Europa -«pueblos que bajo las duras
condiciones del mundo moderno aün no son capaces de acceder a la indepen-
dencia»[26]- un colonialismo suave debia prolongarse hasta que un futuro
indefmido lo hiciera innccesario[27]. La retörica benevolente de 1919, en la
tradiciön del «imperialismo liberal» de antes de la guerra, no podia sin embargo
encubrir las realidades coloniales. Muy poco era lo que habia cambiado en las
posiciones fundamentales de las grandes potencias «blancas», como demuestra
mejor que nada el hecho de que la gran potencia de «color» japonesa fracasara
en su peticiön de inclusiön de una clausula sobre la igualdad racial en el Tratado
de constituciön de la Sociedad de Naciones [28], El propio Japön practicaba por
lo demäs en Taiwan, en Corea y mäs tarde en China un colonialismo muy rigido,
en cuyo repertorio de justificaciones no faltaban tonos racistas.
Especialmente rico en consecuencias fue el establecimiento de mandatos en el
Proximo Oriente. El dominio turco no habia sido en general demasiado severo
para los pueblos de la regiön; no era tampoco percibido necesariamente como un
dominio extranjero. Las elites politicas de esas naciones tampoco entendian por
que no debian gobernarse a si mismas. En Siria se constituyo desde octubre de
1918 un gobierno nacional que pretendia proclamar su propio Estado, algo que
impidiö el desembarco frances, autorizado por la Sociedad de Naciones, en julio
de 1920. Dado que los franceses y britänicos, inspirados por sus propias
ilusiones imperialistas en el mundo ärabe, no mostraron ningün respeto por las
aspiraciones y sentimientos regionales y se dejaron llevar por sus propios
intereses egoistas, nunca podrian haber obtenido la legitimidad que ostentaba el
sultän turco[29]. A una explosiva zona conflictiva en el Imperio britänico,
todavia mäs amenazado entonces por el independentismo indio, se sumö en la
decada de los treinta del pasado siglo el Mandato de Palestina.
El mundo colonial alcanzö su mäxima expansiön histörica en la decada de los
veinte del siglo XX. La ampliaciön en extensiön del colonialismo correspondiö a
su intensificaciön, que ya habia comenzado en muchas zonas alrededor del
cambio de siglo. Las potencias coloniales trataron de sistematizar, codificar con
metodo, e incluso de ratificar el «caräcter cientifico» de sus administraciones.
Tras la fase de un imperialismo combatiente debia llegar ahora de un disfrute
pacifico de los frutos coloniales. El fin del sistema colonial era inimaginable
para la mayoria de los politicos metropolitanos y para la opiniön publica mäs
entusiasta con la Propaganda del imperio. Los magnificos edificios e
instalaciones urbanas que ahora surgian en todas partes en el mundo colonial
estaban obviamente pensados para la eternidad.
Lue en aquel momento cuando se emprendiö el desarrollo infraestructural de
muchas äreas coloniales. A la epoca de la construcciön de las grandes vias
ferroviarias le siguiö la de las autopistas para los automöviles. Con ello cambio
la logistica de la seguridad colonial: ahora las fuerzas de seguridad podrian ser
transportadas mäs räpidamente y de forma mäs flexible a los puntos
problemäticos. Adicionalmente mejoraron y se abarataron las nuevas
posibilidades tecnicas de «vigilancia aerea»: los movimientos de resistencia
podian ser ahora controlados y atacados desde el aire[30]. Por otra parte, la
circulaciön de camiones hacia accesibles las zonas mäs remotas y establecia al
mismo tiempo las bases para la constituciön de empresas de transporte locales.
La caracteristica quizä mäs importante del periodo entre el final del reparto del
mundo en torno al cambio de siglo y el comienzo de la crisis econömica mundial
de 1929 fue la expansiön de la economia exportadora colonial[31]. Se
desarrollaron nuevos sectores y se expandieron hacia el interior los enclaves
existentes de producciön para la exportaciön. Las corporaciones europeas de
nuevo tamano y poder (por ejemplo, Lever Brothers/Unilever) se apoderaron de
una parte considerable del comercio exterior. Algunas äreas, tales como la
producciön de cobre en el Congo belga o la producciön de petröleo en Iraq,
permanecian, como antes los negocios de oro y diamantes en Sudäfrica, bajo el
control de grandes empresas. En Asia se desarrollo un tipo de sociedades
coloniales totalmente acordes con la producciön capitalista para la exportacion,
especialmente llamativa en las posesiones britänicas de Ceilän y Malasia y en la
isla de Taiwan dominada por los japoneses. La Gran Depresiön de la decada de
los treinta del siglo XX interrumpio casi en todas partes el äuge de las
exportaciones. Hizo dramäticamente evidente el nuevo nivel de dependencia
externa de los paises perifericos, tanto de los formalmente dominados como los
informalmente controlados.
6) 1945-1960. La «segunda ocupaciön colonial» de Africa. La epoca posterior
a la Segunda Guerra Mundial no aparece bajo el signo de la recomposiciön
colonial, sino de la descolonizacion, con lo que se alude a lo que propiamente
habria que llamar tercera oleada de deconstruccion de la dominaciön
colonial[32]. La primera descolonizacion seria entonces la emancipacion
nacional de la mayoria de las posesiones europeas en el Nuevo Mundo entre
1776 y 1825; la segunda, la lenta transformaciön iniciada en Canadä en 1839 de
las colonias de asentamiento del tipo «neoingles» en Estados de hecho
autönomos, «dominios» (como se conocian comünmente desde 1907) dentro del
Imperio britänico. Constitucionalmente, este proceso fue completado por el
Estatuto de Westminster de 1931, por el que Canadä, Australia y Nueva Zelanda
podian llegar a ser «tan soberanos como desearan»[33].
No estä del todo claro cuändo comenzö la tercera descolonizacion. Se podria
considerar la aplicaciön en 1922 de la «Home Rule» en lrlanda -que fue durante
siglos algo asi como una colonia inglesa- como el primer gran acto de liberaciön
colonial del siglo XX. La emancipacion del «mundo de color» entrö oficialmente
en la agenda histörica cuando el Congreso estadounidense aceptö en 1933 que
Filipinas seria independiente al cabo de un periodo de transiciön de diez anos. La
Guerra del Pacifico iniciada por Japon fruströ ese cronograma, pero acelero el
final de los imperios coloniales en Asia. El Imperio japones colapso en 1945.
Despues de Iraq (1932) se abrogaron entre 1944 y 1948 los restantes mandatos
de las Naciones Unidas/ONU aunque los paises en cuestiön (excepto Israel)
todavia estaban lejos de una libertad de accion soberana efectiva. Las colonias
estadounidenses, neerlandesas y britänicas en Asia (con la excepcion de Malasia
y Singapur) obtuvieron su independencia antes de 1949; pero para la Indochina
francesa la independencia nominal reconocida en 1954 solo significo el
comienzo de una fase de nuevas intervenciones que no acabo hasta la derrota y
retirada de las tropas estadounidenses en 1975.
La descolonizacion de Africa comenzo con la retirada italiana de Libia en
1951. En 1956 la crisis de Suez condujo al colapso de los privilegios militares y
los intereses economicos que Gran Bretana habla conservado en Egipto. Entre
ese ano y 1964 se independizö la mayor parte de Äfrica. Portugal pudo mantener
sus colonias hasta 1974-1975; en Rhodesia/Zimbabue los colonos blancos
declararon unilateralmente su independencia de la corona britänica en 1965;
hasta 1980 no se llego a un gobierno de mayoria nativa. Ese proceso termino con
la transicion de Sudäfrica a la democracia en 1994.
La descolonizaciön puede parecer retrospectivamente como un
desmoronamiento de los «dominios» en un proceso imparable, pero para muchos
contemporäneos no fue asi en absoluto. Los estrategas del Imperio britänico se
sobrepusieron con relativa facilidad a la perdida de la «joya de la corona» india,
que la antigua potencia colonial consiguio mantener estrechamente vinculada a
su orbita econömica despues de 1947. Hasta la crisis de Suez de 1956 se habian
depositado grandes esperanzas en la consolidacion del imperio informal en el
Oriente Medio y Proximo. Despues quedaba al menos Äfrica, a la que se habia
prestado, tambien desde el lado frances, una inmensa atencion desde la decada
de los cuarenta del pasado siglo.
Se puede hablar a este respecto de una ultima fase de reconstruccion colonial
interna. Hasta 1945 Äfrica nunca habia sido tan importante para las potencias
europeas como en la decada y media posterior, especialmente, en un sentido
estrictamente econömico, para la potencia colonial mäs antigua de Äfrica:
Portugal. En Francia, como en Gran Bretana, se opto por primera vez por un
colonialismo desarrollista a base de grandes inversiones püblicas sin reparar en
gastos, que debia aportar beneficios directos a las metröpolis y a los africanos la
«madurez» necesaria para una proxima independencia. Para el Äfrica britänica
se hablo incluso de una «segunda ocupaciön colonial»: una inflaciön sin par de
la burocracia colonial y una expansiön sin precedentes de la actividad estatal,
tambien en problemas locales. Nunca antes habian estado tantos africanos en un
contacto tan directo con representantes de la potencia colonial como en los
Ultimos anos del Imperio [3 4], Precisamente ese tardio esfuerzo colonial provoco
el desmoronamiento de todo el sistema, dado que las promesas de desarrollo
despertaron en muchos africanos expectativas que nunca se podrian cumplir,
sobre todo porque los apuros economicos de Reino Unido parecian justificar de
nuevo que las decisiones de politica comercial y monetaria corrieran a expensas
de las colonias [3 5], Por otra parte, esa ultima fase del colonialismo desarrollista
dejö profundas huellas que sobrevivieron a la conclusiön de la dominaciön
colonial formal.
[1] Vease, en general, W. Reinhard, Geschichte der europäischen Expansion, 4 vols., Stuttgart, 1983-
1990, asl como Kleine Geschichte des Kolonialismus, Stuttgart, 2008.
[2] A. Girault, Principes de colonisation et de legislation coloniale, vol. 1, Paris, 1921, p. 17.
[3] Vease por ejemplo los tltulos de Osterhammel y Petersson, y Wendt en la «Bibliografia», asl como G.
B. Magee y A. S. Thompson, Empire and Globalisation: Networks of People, Goods and Capital in the
British World, c. 1850-1914, Cambridge, 2010.
[4] Veanse, por ejemplo, M. Harper y S. Constantine (eds.), Migration and Empire, Oxford, 2010; D.
Hoerder, Cultures in Contact: World Migration in the Second Millenium, Durham (NC), 2002.
[5] D. Lowenthal, West Indian Societies, Nueva York, 1972, p. 29.
[6] J. S. Fumivall, Colonial Policy and Practice: A Comparative Study of Burma and Netherlands India,
Cambridge, 1948, p. 5.
[7] Vease el clasico ensayo de G. Balandier, «Die koloniale Situation: Ein theoretischer Ansatz» [1952],
en R. v. Albertini (ed.), Moderne Kolonialgeschichte, Köln, 1970, pp. 106-124. Sobre las respuestas: F.
Cooper, Colonialism in Question: Theory Knowledge, History Berkeley, 2005, pp. 33-55.
[8] Vease P. Carter, The Road to Botanv Bav: An Exploration of Landscape and History, Nueva York,
1988, p. XVI.
[9] J. F. A. Ajayi, «Colonialism: An Episode in African History», en L. H. Gann y P. Duignan (eds.),
Colonialism in Africa 1870-1960, vol. 1, Cambridge, 1969, p. 505.
[10] El caso lo menciona C. Geertz, Religiöse Entwicklungen im islam. Beobachtet in Marokko und
Indonesien, Francfort, 1991, pp. 97 y ss.
[11] A. Smith, An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, Oxford University Press,
1976, vol. 2, p. 564 [ed. cast.: Una investigaciön sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones,
Madrid, Tecnos, 2009].
[12] J. H. Elliott, Spain and Its World 1500-1700: Selected Essays, New Haven, 1989, p. 13 [ed. cast.:
Espahay su mundo (1500-1700), Madrid, Taurus, 2007].
£13] Ibid., p. 15.
[14] I. Wallerstein, The Modern World-System. Vol. 1: Capitalist Agriculture and the Origins of the
European World-Economy in the Sixteenth Century, Nueva York, 1974, p. 336 [ed. cast.: El moderno
sistema mundial I - La agricultura capitalista y los orlgenes de la economia-mundo europea en el siglo
XVI, Madrid, Siglo XXI de Espana, 2016],
[15] Vease J. H. Galloway, The Sugar Cane Industry: An Historical Geography from its Origins to 1914,
Cambridge, 1989; S. W. Mintz, Die süße Macht. Kulturgeschichte des Zuckers, Fräncfort, 2007.
[16] Cifras ofrecidas por Ph. D. Curtin, The Atlantic Slave Trade: A Census, Madison (WI), 1969, p. 268
(Tab. 77). D. Eltis y D. Richardson, Atlas of the Transatlantic Slave Trade, New Haven, 2010, pp. 200-203.
[17] Vease J. E. McClellan, Colonialism and Science: Saint Domin gue in the Old Regime, Baltimore,
1992, p. 2.
[18] Veanse J. Brewer, The Sinews of Power: War, Monev and the English State, 1688-1783, Nueva York,
1989; y P. J. Cain y A. G. Hopkins, British Imperialism, Londres, 2001, pp. 71-84.
[19] Vease M. Füssel, Der Siebenjährige Krieg. Ein Weltkrieg im 18. Jahrhundert, Munich, 2010.
[20] Cit. en P. Spear, Master of Bengal: Clive and His India, Londres, 1975, p. 146.
[21] G. K. Lewis, The Growth of the Modern West Indies, Nueva York, 1968, p. 63.
[22] Sobre el ejemplo de China: J. Osterhammel, China und die Weltgesellschaft. Vom 18. Jahrhundert
bis in unsere Zeit, Munich, 1989, pp. 139-201.
[23] Cifras ofrecidas por C.-R. Ageron, Histoire de l’Algerie contemporaine. Vol. 2: De l’insurrection de
1871 au declenchement de la guerre de liberation (1954), Paris, 1979, p. 119; J. Fisch, Geschichte
Südafrikas, Munich, 1991, p. 144.
[24] Vease C. H. Feinstein, An Economic Histoiy of South Africa: Conquest, Discrimination and
Development, Cambridge, 2005.
[25] R. Oliver, The African Experience, ed. rev., Londres, 1999, p. 211.
[26] Art. 22.1 del Tratado de la Sociedad de Naciones, en R. B. Henig (ed.), The League of Nations,
Edimburgo, 1973, p. 186.
[27] Vease W. R. Louis, «The Era of the Mandates System and the Non-European World», en H. Bull y
A. Watson (eds.), The Expansion of International Society, Oxford, 1984, pp. 201-213; N. Meouchy y R
Sluglett (eds.), The British and French Mandates in Comparative Perspectives, Leiden, 2004.
[28] Vease N. Shimazu, Japan, Race and Equality: The Racial Equalitv Propos al of 1919, Londres,
1998.
[29] Vease P. S. Khoury: Syria and the French Mandate: The Politics of Arab Nationalism, 1920-1945,
Londres, 1989, especialmente pp. 27-94.
[30] Vease D. E. Omissi, Air Power and Colonial Control: The Royal Air Force 1919-1939, Manchester,
1990.
[31] Hay mucho material al respecto en la gran panorämica de R. von Albertini, Europäische
Kolonialherrschaft 1880-1940, Stuttgart, 41997.
[32] Vease Reinhard, Geschichte der europäischen Expansion, op. cit., vol. 2, pp. 203 y ss.
[33] W. D. Mclntyre, The Signißcance of the Commonwealth, 1965-1990, Basingstoke, 1991, p. 15.
[34] D. A. Low, Eclipse of Empire, Cambridge, 1991, pp. 173-176.
[35] Vease D. K. Fieldhouse, Black Africa, 1945-1980: Economic Decolonization and Arrested
Development, Londres, 1986, p. 23.
IV. CONQUISTA, RESISTENCIA Y COLABORACIÖN
El dominio colonial casi nunca resulta de un ataque fulminante sobre victimas
completamente desprevenidas; la invasiön del Imperio azteca por Hernän Cortes
es quizä la gran excepciön. Por lo general, el colonialismo se ha constraido
gradualmente tras un primer «descubrimiento» y contactos iniciales afianzados
poco a poco. El geögrafo Donald W. Meinig establece como modelo para
America un proceso en ocho fases: 1) exploraciön de un terreno desconocido; 2)
recolecciön de recursos en la costa; 3) trueque con los lugarenos; 4) saqueos y
primeras acciones militares tierra adentro; 5) reforzamiento de la seguridad de
los puntos avanzados; 6) apropiaciön imperial (mediante presentaciön simbölica
de las proclamaciones de dominaciön y el estacionamiento de los primeros
representantes oficiales); 7) asentamiento de los primeros inmigrantes no
militares y fundaciön de una colonia autosuficiente; y 8) construcciön de un
aparato de dominaciön colonial completo[l].
Como todos los modelos «ideotipicos», tambien este confirma su utilidad al
permitir desviaciones de la realidad histörica para ponerla mäs de relieve y hacer
resaltar sus detalles. Lo mäs probable es que esa sucesiön se adecue a Brasil,
Norteamerica, parte del Caribe y algunas islas del sur del Pacifico, mientras que
en Asia y grandes äreas de Äfrica habria que modificarla. Alli donde los
europeos tuvieron que enfrentarse a verdaderos gobernantes, donde sus objetivos
se limitaron desde el principio al comercio y donde el clima y las enfermedades
tropicales hacian menos aconsejable el asentamiento, el proceso se interrumpiö
entre las fases 6) y 7) o se produjo -en el caso de las colonias de dominaciön-
una transiciön directa de la 6) a la 8) durante un periodo mäs o menos largo.
Hubo pues fases intermedias en las que los europeos establecieron, a menudo
mediante tratados, un modus vivendi con las autoridades autöctonas. Incluso en
los casos en que, como en las irrupciones portuguesa y neerlandesa en el Oceano
Indico, los europeos establecieron sus primeros enclaves en los bordes de los
imperios asiäticos mediante un bandidaje terrorista violento, siguiö en pie la
necesidad de llegar a algün tipo de acuerdo con el entorno circundante. En varios
lugares de Asia los europeos dependian explicitamente de la tolerancia de los
gobernantes locales. En 1662, en su momento de apogeo como potencia naval,
los neerlandeses fueron expulsados de la isla de Taiwän, y no por el emperador
chino, sino por el senor de la guerra regional Zheng Chenggong (Koxinga).
Taiwan permaneciö asi sin colonizar hasta 1895.
VIOLENCIA FRONTERIZA E IN VASIONES MILITARES
La constituciön real de colonias, ya fueran de asentamiento o de dominaciön,
siempre ha estado asociada al empleo de la violencia. En el primer caso solo se
manifiestan fases especiales de enfrentamiento belico abierto en la continua
relaciön violenta entre colonos armados y «nativos» a lo largo de la frontera del
asentamiento. En el interior de Brasil, pasajeramente en Australia y siempre en
la frontera amerindia de Norteamerica, prevalecia la ley irrestricta del mäs
fuerte. En la lucha permanente contra los «salvajes» tratando de desplazarlos
parecia siempre licito cualquier medio, hasta el genocidio, empleado por
comandos paramilitares de los colonos (como los bandeirantes brasilenos). Los
crimenes de los conquistadores espaholes en el Nuevo Mundo, que han
permanecido grabados durante siglos en la conciencia histörica como «leyenda
negra» a cargo de la Propaganda antiespahola, no bastaban para ocultar que la
forma estructuralmente mäs violenta de la expansiön europea era la colonizacion
por asentamiento del tipo «neoingles». Ahi se unian en una explosiva
disposiciön a la violencia cotidiana el hambre de tierras, el desinteres de los
colonos por los trabajadores nativos, la indiferencia de las autoridades coloniales
hacia sujetos indigenas a los que no cabia imponer un tributo, y una teologia
implacable de la predestinaciön y la condena, no mitigada por ninguna ley
natural, segün la cual los indios no eran cristianizables o civilizables. En general
la concepciön espanola de la colonizacion era menos inhumana, al menos en
teoria, que la britänico-puritana: esta atahia sobre todo al control de la tierra y el
suelo, que habia que limpiar tanto de las malas hierbas como de los «salvajes»; o
dicho de otro modo, a la dominaciön sobre los habitantes del pais, cuya fuerza de
trabajo habia que aprovechar para que rindiera un beneficio[2].
Con la apariciön de las colonias de dominaciön la salvaje brutalidad de los
combatientes anärquicos de primera linea fue sustituida por la violencia mäs
regulada de los Estados metropolitanos, de modo que se puede hablar de una
nueva versiön mäs estilizada del modelo de Meinig que distingue tres fases: 1)
contacto inicial o asentamiento, 2) conquista y 3) consolidaciön. Las diferencias
concretas dentro de tales categorias mäs amplias son sin embargo considerables,
especialmente en lo que se refiere al termino «conquista», que puede ser
extraordinariamente diverso. Mientras que el Imperio azteca fue invadido y
destraido, la penetraciön espanola en las äreas mayas vecinas del Yucatan se
produjo mäs bien como una lenta infiltraciön. Buena parte del Africa
subsahariana no fue nunca sometida en campanas militares directas, sino
mediante una violencia, por asi decirlo, «oportunista». La primera «conquista»
alemana en el Africa Oriental desde 1887 puede considerarse incluso como «una
ampliacion de las guerras tribales, que dieron a los alemanes la oportunidad de
participar en el reparto del botin»£3]. En otros casos, como la gran expediciön
francesa a Madagascar en 1895, se alcanzo efectivamente una räpida «victoria»
sellada por la anexion, pero tras ella se mantuvo una prolongada guerra de
guerrillas.
Aunque las guerras coloniales de conquista se pueden distinguir, por un lado,
de la violencia extraestatal de los colonos, por otro lado se diferencian del arte
de la guerra tal como se practicaba en el interior de Europa. Las guerras
coloniales tenian, dejando a un lado las «acciones punitivas» limitadas (contra
Egipto en 1840 o contra China en 1858-1860), un objetivo claro: la victoria total,
el sometimiento permanente de la poblaciön derrotada y el establecimiento de
una paz colonial permanente. Consideradas militarmente, no eran un simple
paseo; se llevaban a cabo en condiciones menos calculables que las guerras
intraeuropeas. Territorios desconocidos, un clima desacostumbrado, enemigos y
medios de lucha extranos, daban lugar a veces a dinämicas propias que hacian
dificil planear el transcurso y resultado de las guerras de conquista. El ataque
frances contra el gobierno turco de Argei en 1830, por ejemplo, fue
originalmente concebido como una accion militar puntual; la combinaciön de la
resistencia local, los intereses privados de los colonos, las decisiones por cuenta
propia o dictadas por razones de prestigio nacional de las autoridades, la
convirtieron en cambio en una prolongada guerra de conquista sobre la que se
asento la colonia francesa mäs importante de los siglos XIX y XX. Mäs
peligrosa que el enemigo era a menudo la naturaleza: entre 1793 y 1798
murieron en Saint-Domingue, como consecuencia de la fiebre amarilla, mäs del
60 por 100 de los miembros de un cuerpo expedicionario britänico; en 1895
sucumbieron en Madagascar, de 18.000 soldados franceses, 25 por las armas de
los malgaches y 5.756 por la malaria u otras enfermedades[4].
Las guerras coloniales eran en su mayoria «pequenas guerras»; pequenas en el
sentido de las bandas o formas de combate de los «guerrilleros» con las que
tenian que enfrentarse los invasores y de las que ellos mismos a veces se servian,
pero tambien porque los medios utilizados solian ser limitados. Campanas
complicadas y costosas como la guerra de conquista britänica en la India en
1798-1819, las diversas expediciones francesas a Argelia en 1830-1857 o la
invasiön de Etiopia por Mussolini en 1935-1936, eran excepcionales. Pero
incluso esas «pequenas» guerras suponian una pesada carga para la poblacion no
combatiente. Especialmente en Africa se obligaba a miles y miles de personas a
servir a los invasores y como material humano anönimo. Las tropas coloniales
reclutadas sobre el lugar, que a menudo representaban la mayoria de los soldados
ordinarios (como en el caso de los indios, cameraneses y muchos otros, ya
vencidos en cierto modo), debian ser mejor tratadas para que fueran ütiles. Cada
imperio mantenia tropas de elite de color que podian utilizarse en las zonas
conflictivas: en el britänico, por ejemplo, destacaban los sijs de Punjab, los
gurjas nepalies y los King’s African Rifles, en su mayoria procedentes de Sudan.
Cuanto mäs se afianzaba en el siglo XIX un pensamiento socialdarvinista, mäs
se consideraban los conflictos coloniales como guerras para extender la
«civilizaciön» contra adversarios que no estaban dispuestos a admitir las reglas
civilizadas del trato entre humanos. Una guerra colonial, tal como la definia el
coronel Charles Callwell en un manual publicado por el Ministerio de la Guerra
britänico, era «una expedicion de soldados disciplinados contra razas salvajes y
semicivilizadas»[5]. Frente a un enemigo que no parecia entender el mismo
cödigo cultural, resultaban legitimos metodos de guerra que en Europa no se
consideraban moral o legalmente justificados. Hasta los pacifistas parecian
ocasionalmente dispuestos a justificar ese «otro» tipo de guerra. Dado que casi
nadie en Asia y Africa -los autores del genocidio alemän de los herero y los
nama en el suroeste de Africa en 1904-1907 eran una excepciön extrema-
pensaba en el exterminio planificado de naciones enteras, el argumento parecia
implicar que se estaba obligado a emprender «savage wars of peace» (Rudyard
Kipling) para liberar a los salvajes y a los orientales amantes de la paz de los
despotas y saqueadores nativos. Este planteamiento tenia al menos cierto nücleo
verdadero, ya que los europeos a menudo no irrumpian en sosegadas
comunidades idilicas, sino en sociedades con un alto nivel de violencia
precolonial. La acusaciön de «salvajismo» se podia aplicar, por supuesto, en
cualquier direcciön. Desde el punto de vista de los aztecas, por ejemplo, que
sacrificaban ritualmente a los prisioneros de tribus vecinas caidos en cautiverio,
los espanoles de Cortes aparecian como gente que combatia suciamente, ya que
atacaban las aldeas sin previo aviso en medio de la noche, maltrataban a los
emisarios enviados a parlamentar y utilizaban el hambre como arma de
guerra[6],
A veces los europeos sufrian derrotas: los franceses en 1836 en Argelia, los
britänicos en 1842 en Afganistan y en 1885 en Sudan, los italianos en 1896 en
Etiopia. Las derrotas en el siglo XX se multiplicaron en el segundo tipo de
guerra que produjo el colonialismo: la lucha de liberaciön nacional. En general,
no obstante, los conquistadores solian alcanzar sus objetivos, aunque tampoco se
puede explicar genericamente sin mäs detalles esa desproporciön. La
superioridad tecnica de su armamento no siempre desempeno un papel tan
destacado como en la batalla de Karari (Omdurman) en 1898, cuando sus armas
automäticas pennitieron a los britänicos matar a unos 11.000 sudaneses
sufriendo solo 49 bajas[7J. Un segundo elemento de la explicaciön es la habil
manipulaciön de los simbolos locales en un contexto cognitivamente inmovil,
una Propaganda ad hoc en cierto modo superior, como la que pudo emplear en su
favor Hernän Cortes[8]. Este pensamiento fascinante, en principio eurocentrico,
solo pudo generalizarse paulatinamente. Pocas civilizaciones no europeas
estaban dotadas tan insuficientemente frente a los conquistadores extranjeros
como la azteca, y menos aün mantenian ideas tan extravagantes como la famosa
expectativa de los «dioses blancos» de la que se aprovecharon los espanoles.
Una parälisis cultural de las victimas, que quedaban inmovilizadas frente a la
mirada hipnötica de la serpiente imperial, era la excepciön y no la regia. Los
maories de Nueva Zelanda, por ejemplo, «salvajes desnudos» para las categorias
de los victorianos ingleses, demostraron una enorme habilidad y capacidad de
aprender que les permitio defenderse desde 1845 hasta 1869 contra la inmensa
supremacia militar de los conquistadores [9],
En general, mäs importantes que las desventajas culturales de los pueblos
ultramarinos fueron ciertas ventajas organizativas de los europeos: una
organizaciön militar con estructuras de mando claras y que prescindia de las
cuestiones de prestigio, compacta y estrictamente dirigida, en la que cada oficial
con mando podia ser reemplazado instantäneamente, asi como la disposiciön y
capacidad «maquiavelica» inserta en el sistema estatal europeo que le permitia
cualquier cambio täctico y räpido de alianzas aprovechando las grietas en las
constelaciones de poder indi genas [10]. Asi se preparo en la India y en otros
lugares la conquista militar mediante la participaciön diplomätica de la
Compania de las Indias Orientales en el juego politico intemo.
Las conquistas solo liberaban poco a poco su potencial. Sus consecuencias no
eran inmediatamente evidentes. Incluso en Mexico, el modelo para un räpido
colapso de un Estado derrotado, tuvieron que pasar cuatro o cinco decadas hasta
que las estructuras coloniales se consolidaran en el horizonte de experiencias de
los indigenas[ll]. En la India casi el mismo intervalo de tiempo separa la fase
ultima de la conquista de la Gran Rebelion de los cipayos. Si bien el dominio
colonial acabo suscitando una revoluciön social en casi todas las regiones en las
que se mantuvo durante mucho tiempo, eso no se podia prever de ningün modo
inmediatamente despues de la conquista. Intervenciones sistemäticas en las
sociedades indigenas eran apenas posibles en los organos estatales coloniales al
principio debilmente ocupados. Se necesitaba tranquilidad y una base fiscal
viable. En todas partes los representantes reales o de otras autoridades estatales
estaban ansiosos por meter en cintura a los conquistadores impacientes y
«nababs» codiciosos. Una parte de ellos recurria conscientemente a las formas
de orden precoloniales. En Bengala, por ejemplo, se repuso en la decada de 1790
la tradicional separaciön entre las funciones comerciales y püblicas y la sociedad
se estabilizö mediante el restablecimiento del sistema fiscal tradicional. El final
de la fase de conquista, que en algunos casos se puede fechar con cierta
precisiön, significaba tambien una awtopacificacion de los conquistadores: la
victoria sobre los instintos belicos y terroristas. La situacion cläsica podria
recordar la opinion que atribuye Täcito a su suegro, el gobernador colonial en
Gran Bretana Cneo Julio Agricola, de que «la fuerza armada poco podia lograr
cuando la acompanaba la i njusticia»[ 1 2] .
RESISTENCIAS
Las desavenencias entre las victimas de la agresiön imperial siempre han
aliviado a los conquistadores, y tales desacuerdos eran la norma y no la
excepcion antes del surgimiento de un sentimiento de solidaridad en torno al
propio Estado, tribu o clan. En el siglo XVIII nadie se sentia como un «indio» y
en el siglo XIX apenas podia encontrarse quien se sintiera como un «africano».
Los europeos, en cambio, a menudo se percibian con la ayuda del repertorio
intelectual ya presente en las sociedades möviles para describir a los extranjeros.
Lo mäs amenazante de ese nuevo tipo de extranjeros no era fäcilmente
reconocido en todas partes. Por eso es tambien problemätico interpretar la
«colaboracion» y la «resistencia» como actitudes de principio, tal vez incluso
moralmente evaluables. Las acciones respectivas resultaban del tipo de la
situacion de contacto y su significado. La situacion colonial no era algo total,
que afectara a todos los aspectos de la vida. En la vida de un africano o un
asiätico colonizado no todo se reducia a la alternativa entre colaboracion y
resistencia. Algunas personas mostraban incluso una capacidad increible para
evitar el contacto directo con el sistema de dominacion. Entre la adaptaciön y la
resistencia habia muchas firmas mixtas, hibridas, de manera que desde el punto
de vista emplrico no siempre se podlan distinguir con claridad.
Tambien parece demasiado tosco reducir las posibilidades de resistencia e
influencia en las situaciones coloniales a la alternativa entre impotencia y
resistencia generalizada contra todo, entre «hegemonias» mäs o menos estables
que no dejaban ningün espacio para una oposiciön capaz de cambiar el sistema,
y subculturas ubicuas de los «debiles», bajo las que se infütraba cualquier
ideologia[13]. La situaciön colonial marcaba mäs bien posiciones extremas
ideotipicas entre las que se encontraban muy diversos grados y formas de
violencia, presiön y poder. Las opciones concretas de acciön dependian de
distintas variables de la situaciön colonial; de la reserva local de formas tecnicas,
organizativas y cognitivas de resistencia, de la intensidad y brutalidad de la
ocupaciön colonial, de la represiön y la disposiciön a la violencia de los grupos
de colonos asentados y del Estado colonial, de la permeabilidad de las jerarquias
coloniales, de la distribuciön de recursos, etc. En el campo de fuerzas del
dominio colonial, la resistencia tambien podia ademäs ejercerse a diferentes
niveles y en diferentes direcciones. Tambien dependia de que no se limitara
exclusivamente a las poblaciones colonizadas. Tambien los europeos, tanto en
las colonias como en las metröpolis, podian rebelarse con distintos fines contra
los comportamientos coloniales.
Ideotipicamente se pueden distinguir al menos tres tipos de oposiciön. Del
primero se ha ocupado detalladamente la investigaciön sobre la resistencia
« primaria » contra las intervenciones coloniales[14]. Se trata principalmente de
la resistencia violenta frente a la penetraciön de los conquistadores, a menudo
con la intenciön de salvaguardar el orden precolonial. Algunos movimientos de
resistencia podian tambien (por ejemplo en las montanas del Rif marroqui)
instaurar nuevos ördenes que se oponian tanto a las relaciones de poder
precoloniales como a la dominacion colonial extranjera. En general cabe decir
que la propia conquista militar suscitaba menos movimientos de resistencia de
orientaciön «tradicionalista» que la experiencia posterior de represiön, con la
exigencia por parte del Estado colonial de mano de obra, soldados e impuestos y
la amenaza hacia la cultura ancestral por parte de los misioneros. Esos
movimientos irrumpieron inesperadamente no pocas veces contra los senores
coloniales, cuando estos creian haber logrado ya una «pacificaciön». Su
represiön inevitable y generalmente brutal condujo a menudo a una reorientaciön
de la politica imperial, marcando, por ejemplo, el levantamiento de los soldados
cipayos en 1857, -el llamado «Indian Mutiny»-, una profunda alteraciön en la
politica britänica en la India y en relaciön con ella. Incluso despues del final de
los grandes movimientos de resistencia, en la mayoria de las colonias se
mantuvo la intranquilidad. La protesta latia bajo la superficie y se expresö una y
otra vez en acciones locales. Como el Estado colonial impedia muchas forma de
fuga y resistencia convencional de la poblaciön indigena, a menudo parecia que
no quedaba otra alternativa que la confrontaciön desesperada[15]. Como nuevos
elementos, menos violentos, de resistencia «primaria», aparecian tambien formas
menos directas de insumisiön y de rechazo, por ejemplo mediante el exodo.
En segundo lugar, al cabo de un tiempo se desarrollaron en casi todos los
contextos coloniales estrategias de resistencia que acabaron teniendo exito en el
marco y sobre la base del sistema colonial de dominio. Con frecuencia, aunque
no necesariamente, su surgimiento tenia que ver con la apariciön de nuevos
grupos sociales (como las elites educadas), que disponian de conocimientos mäs
precisos del Estado y del poder colonial. Esa resistencia tomö como punto de
partida para su critica diversas instituciones del Estado colonial y elementos de
la cultura importada. Los movimientos de protesta utilizaron por ejemplo la
justicia, la prensa, simbolos y nuevas formas organizativas como los sindicatos,
las asociaciones o partidos existentes para socavar las relaciones de dominaciön.
Muy a menudo eran precisamente las propias justificaciones coloniales las que
se convertian en base de las demandas de igualdad de derechos, participaciön
politica y mejora econömica.
Otro recurso importante era la lengua: las lenguas de los colonizadores se
convirtieron al cabo de poco tiempo en medios para la critica del colonialismo.
Garcilaso de la Vega, procedente de la casa real inca por parte de su madre, y
que viviö como cristiano en Espana durante la mayor parte de su vida, creö con
sus Comentarios reales de los Incas (1609), escrito en el mäs noble espanol
humanista, una obra importante de historia; aunque no condenara abiertamente
la conquista espanola, lo hacia a traves de la rememoraciön del antiguo Peru bajo
una luz critica. Las obras mäs eficaces de la critica posterior del colonialismo
fueron tambien escritas por autores no occidentales en los idiomas de los
colonizadores. En razön de su orientaciön principalmente reformista, no se
pueden considerar como formas de apropiaciön opositora a una prehistoria o
antecedentes directos de la lucha de liberaciön nacional. Sin embargo, eso no las
hacia menos peligrosas para el sistema: la exigencia de demoliciön del aparato
de discriminaciön sacudia los cimientos de la dominaciön colonial y senalaba
sus contradicciones internas. Esto explica la aparente paradoja de que algunos
activistas acomodaticios con el poder colonial fueran percibidos como
especialmente peligrosos.
En tercer lugar hay que mencionar los movimientos nacionales y por la
independencia estatal, que querian liberarse de las respectivas metropolis
(heteronomia). En la historia del colonialismo cabe distinguir dos tipos bäsicos.
Histöricamente se dejan notar primero el nacionalismo colonial y los esfuerzos
autonomistas de las elites coloniales de raices europeas en el Nuevo Mundo y
mäs tarde en las colonias de asentamiento en Oceania (Australia, Nueva
Zelanda) y Äfrica. Los enormes esfuerzos de Gran Bretana y Espana contra los
movimientos secesionistas en el Nuevo Mundo desde la decada de 1770
muestran ya que esos procesos de separaciön no se desarrollaban en absoluto de
comün acuerdo, por mäs que las fuerzas impulsoras motrices procedieran de las
metropolis. En los siglos XIX y XX el Imperio britänico canalizö las tendencias
autonomistas mediante la creaciön del estatus de «dominio». En otros casos,
especialmente en Cuba (1895-1898) y durante la Guerra de los Böers (1899-
1902), tambien hubo enfrentamientos muy sangrientos. Un caso especial es la
Argelia francesa, donde aparecieron tambien formas de patriotismo de los
colonos y demandas de autonomia, aunque sin llega a cobrar coherencia como
una politica explicita de independizaciön. En el siglo XX dominö en cambio en
Asia y Africa la lucha de liberaciön nacional anticolonial, que caracterizö la
disoluciön de los imperios coloniales despues de 1945. Los movimientos
nacionales siguieron una larga historia de protestas, con reivindicaciones y
formas de resistencia especificas. A menudo se expresaban como reclamaciones
politicas, pero solo en casos excepcionales eran totalmente pacificas. En algunos
casos (como en Indonesia, Vietnam, Argelia y Angola) hubo guerras sangrientas
por la independencia. Los movimientos nacionalistas anticoloniales no
construyeron ninguna «autentica» liberaciön de comunidades nacionales
preexistentes, sino procesos de construcciön politica y cultural de la naciön. Su
forma concreta deriva generalmente de una mezcla de autodescubrimiento
«neotradicional» y la adopciön de elementos de la cultura y la politica
occidentales. A menudo tuvieron que lidiar con una multitud de agentes en
competencia superando diferencias regionales, religiosas, sociales o ideolögicas.
Incluso en la India, que se considera como modelo ejemplar de una exitosa lucha
de liberaciön, habia en el interior del movimiento nacional ideas muy distintas
sobre como era o debia ser la naciön india; los antagonismos entre hindües y
musulmanes, alimentados desde diferentes posiciones con diversos motivos,
adquirieron una dinämica que hizo cada vez mäs imposible la configuraciön de
un Estado independiente unido. El resultado final fue la division en dos Estados
(la India y Pakistan) en 1947[16].
COLABORACIONISMO NATIVO CON EL INVASOR
A mediados de la decada de los treinta del siglo pasado el Imperio japones
tenia contratados a 52.000 fimcionarios para controlar a 22 millones de
coreanos[17]. Por aquella misma epoca habia en los diversos rangos -desde el
gobernador hasta los maquinistas ferroviarios- del servicio püblico del conjunto
de la India, que entonces contaba con unos 340 millones de habitantes
(incluyendo los estados principescos) unos 12.000 britänicos[18]. Io que suponia
una relaciön de 1:28.000, frente a la relacion 1:420 en el primer caso. La India se
hallaba mäs cerca del promedio: en el Äfrica Occidental francesa la relacion era
de 1:27.000, y en Nigeria de 1:54.000[19], Las cifras de la ocupaciön
administrativa de Corea se explican, no por la intencion de Japön de explotar al
mäximo la colonia y en el plazo mäs breve posible, para satisfacer las
necesidades de la economia nacional, sino tambien por el fracaso casi total en
cuanto a obtener la «colaboracion» de miembros de la sociedad colonizada.
En la historia colonial moderna raras veces se ha dado un rechazo tan
completo. Desde la alianza de Cortes con los totonacas en 1519, los
conquistadores coloniales siempre han tratado de aprovechar los antagonismos
entre sus oponentes y de movilizar grupos de apoyo sobre el terreno. Tras la
finalizacion de la conquista, siempre ha resultado imprescindible esa
«colaboracion». Los sistemas coloniales casi nunca han podido alimentarse
ünicamente de recursos materiales importados desde la metropoli. Ademäs de
contar con pequenos grupos de funcionarios extranjeros entre las grandes
poblaciones de Ultramar, el aparato de dominaciön se basaba en una «mezcla»
especifica de cinco factores[20]: 1) la amenaza y el uso de la fuerza por las
fuerzas de seguridad de la colonia; 2) la asuncion de los papeles gobernantes
tradicionales y de sus simbolos por los mäs altos representantes del Estado
colonial; 3) un «imperialismo de las comunicaciones»: la sistemätica recogida y
tratamiento en el centro de gobierno de la informaciön sobre la sociedad
colonizada; 4) una estrategia calculada de «divide et impera»; y 5) un interes,
alimentado por la potencia colonial, de sectores considerables de la sociedad
colonizada en el mantenimiento del sistema colonial: esa era la condicion
principal de la «colaboracion».
La colaboracion es, pues, uno entre cinco factores (cuando menos) de todo un
conjunto de explicaciones. El termino «colaboracion» para lo que se podria
entender con mayor precision como una convergencia de intereses entre el
Estado colonial y ciertos grapos o capas de la sociedad colonizada, a pesar de
haber sido muy empleado, es un tanto equivoco e induce inevitablemente a
pensar en la cooperaciön de individuos y pequenas camarillas de traidores, que
causaron tanto dano a sus compatriotas, con el regimen de ocupacion tan odiado
por el resto de la poblaciön durante la Segunda Guerra Mundial. En el contexto
colonial solo surgiö una situaciön tan clara de amigo-enemigo, y con ella la
posibilidad de una conciencia de traicion, con el surgimiento del nacionalismo
anticolonial en el siglo XX. Hasta entonces el dominio extranjero no fue
considerado siempre como una ocupacion extranjera ilegitima.
^Como se puede entonces captar con precision en el contexto colonial el
concepto figurado de «colaboracion indigena» sin que se vea tenido por la
connotaciön de traicion? Antes que nada, se debe distinguir entre la colaboracion
en una relaciön clientelar y la colaboracion en una relaciön de dominaciön. Se
da una relaciön clientelar cuando el socio mäs debil depende del mäs fuerte sin
estar sometido a el o subordinado a un dominio proconsular inmediato. El
Imperio romano se rodeö de un entorno de Estados y tribus clientes,
semiautönomas, que no tenia necesidad de dominar ya que podia manipularlas.
Esa manipulaciön era posible porque los gobernantes clientes creian que los
vinculos con el Imperio iban en su propio beneficio y podian hacerlos valer
frente a sus sociedades. En este sentido, quizä el colaborador mäs conocido en la
historia mundial sea el rey Herodes 1 de Judea. El imperio informal se basa
igualmente en ese tipo de colaboracion, que en general es muy bien acogido por
los imperios como forma barata y libre de responsabilidades para el amparo de
sus intereses. La dinastia Qing de China entre 1860 y 1900, los jedives de Egipto
antes de 1879 y las oligarquias orientadas hacia el mercado mundial en los
paises latinoamericanos independientes del siglo XIX mantenian ese tipo de
regimenes de colaboracion en una relaciön clientelar.
La colaboracion en una colonia en una relaciön de dominaciön estä sujeta a
dependencias de otro tipo. Se plantea en un campo de encuentro de diversos
propösitos: por un lado el Estado colonial busca formas de lograr sus objetivos
mediante el uso de los mecanismos existentes en la politica de la colonia con el
menor esfuerzo posible. Por otra parte, todos los grapos y clases de la sociedad
subordinada se ven enfrentados a la necesidad de desarrollar estrategias de
supervivencia frente a la politica de poder del nuevo regimen dominante. Esto es
cierto sobre todo para las elites precoloniales, que ven amenazada
fundamentalmente su legitimidad polltica, su situaciön social o incluso su
existencia fisica.
El poder colonial busca en la fase de conquista aliados militares, de los que a
menudo prescinde tan pronto como han cumplido su papel. En la siguiente fase
de consolidaciön, el Estado colonial pretende alianzas mäs estables con grupos
indigenas. Estos grupos solo tienen en comün su funciön: servir de ayuda para el
Estado colonial en la obtenciön de informaciön y recursos (especialmente
impuestos y servicios de trabajo). La colaboraciön colonial establece un
mecanismo de trueque: los colaboradores esperan una mejora de su estatus
personal, ademäs de disfrutar de la protecciön del Estado colonial frente a sus
rivales. Lo que por un lado permite congraciarse con el poder colonial,
representa por otro la tradicional büsqueda de patrocinio.
Los colaboradores son agentes semiautönomos, no funcionarios con un puesto
oficial ni piezas en el engranaje colonial. Sirven mäs bien como punto de
referencia entre la sociedad colonizada y el Estado colonial. Son intermediarios,
tienen un pie en cada uno de los dos bandos; por eso es excesivo considerar
como «colaboradores» a los cipayos indios a sueldo del ejercito britänico o a los
telegrafistas senegaleses. En defmitiva, la colaboraciön debe ser hasta cierto
punto eficaz, no solo decorativa: los gerifaltes locales a los que se mantiene en
nömina para guardar las apariencias no cumplen mäs que un papel simbölico.
La naturaleza de las relaciones de colaboraciön depende de las intenciones de
los invasores y de la naturaleza de la sociedad indigena. A grandes rasgos se
pueden distinguir tres tipos. 1) En las sociedades jerärquicamente ordenadas, las
potencias coloniales solo suelen tienen controladas las alturas del Ancien Regime
y parte de la antigua aristocracia terrateniente, estabilizada mediante el reparto
de privilegios a cambio de previsibles ingresos derivados de los impuestos,
aunque rara vez sean permanentes. Asi sucedia por ejemplo con los zamindares
de Bengala[21]. 2) Un caso mäs drästico podia presentarse si la antigua clase
dominante se habia opuesto energicamente a la conquista o no parecia, por
alguna otra razön, susceptible de convertirse en elite colaboradora. Era entonces
privada de todo poder, como sucediö por ejemplo en Argelia, Birmania y
Vietnam (especialmente en su parte sur, Cochinchina). Las relaciones de
colaboraciön con nuevas fuerzas sociales debian construirse entonces «desde
abajo» durante una fase de dominaciön extranjera directa; ese es el papel que
desempenaron por ejemplo en Vietnam los nuevos misioneros catölicos[22]. 3)
En sociedades cuya estructura de autoridad resultaba incomprensible para los
conquistadores habia un problema: ^como se podia asegurar un sistema de
dominio colonial jerärquico en una sociedad no tan claramente jerarquizada y
escalonada? Los britänicos tropezaron con esa dificultad en el Punjab de la India
noroccidental, donde no habia una clase dominante local equivalente a la de los
zamindares bengalies y se buscaba inütilmente «jefes tribales» y «lideres de los
clanes», hasta que finalmente se «inventö», mediante una normativa legal, una
especie de aristocracia terrateniente[23]. En Africa se encuentran muchos
ejemplos de creaciön por las potencias coloniales de «reyes», «jefes» y otros
socios con los que establecer una relacion estable de intercambio y negociacion.
Tal establecimiento de nuevas estructuras de autoridad, aunque los
colonizadores creyeran equivocadamente que eran «tipicamente africanas»,
formo parte de la revoluciön que a menudo significaba el colonialismo,
especialmente en Africa. El desarme de los nativos y la aplicaciön del
monopolio de la violencia colonial trastornaron las coordenadas politicas de un
modo que devaluo todos los eständares precoloniales. Se arrebataron a las viejas
autoridades sus medios de poder y su carisma de mando. Los jefes, ya estuvieran
tradicionalmente legitimados por herencia o sucesiön, o hubieran sido
artificialmente instalados, se convirtieron räpidamente en herramientas del
Estado colonial cuando este, a falta del « petit personnel blanc», se veia
momentäneamente precisado de sus servicios para movilizar la fuerza de trabajo,
recaudar impuestos u organizar el traspaso de tierras. Cuando los oficiales de
distrito europeos hacian la vista gorda a los abusos de poder de sus socios
indigenas, ponian estos en juego la legitimidad que les quedaba entre su
poblaciön y, por tanto, su utilidad como pilares del sistema colonial. Ahi
radicaba la contradiccion fundamental de cualquier relacion de colaboraciön: la
capacidad de los jefes indigenas o ancianos locales para satisfacer las demandas
del Estado colonial, se basaba en una posiciön de respeto independiente, que
resultaba socavada por esas mismas reclamaciones. El colaborador totalmente
desacreditado era inütil; ya habia cumplido con su deber.
[1] D. W. Meinig, The Shaping of America: A Geographical Perspective on 500 Years ofHistory, vol. 1,
New Haven, 1986, p. 65.
[2] Vease J. H. Elliott, «The Seizure of Overseas Territories by the European Powers», en H. Pohl (ed.),
The European Discovery of the World and its Economic Effects on Pre-Industria! Society, 1500-1800,
Stuttgart, 1990, pp. 51-54.
[3] J. Iliffe, A Modern Histoiy of Tanganyika, Cambridge, 1979, p. 117.
[4] J. R. McNeill, Mosquito Empires: Ecologv and War in the Greater Caribhean, 1620-1914,
Cambridge, 2010, p. 247; Y. G. Paillard, «The French Expedition to Madagascar in 1895: Program and
Results», en J. A. de Moor y H. L. Wesseling (eds.), Imperialism and War: Essays on Colonial Wars in Asia
and Africa, Leiden, 1989, pp. 183 y ss.
[5] C. E. Callwell, Small Wars. Their Principles and Practice, Londres, 3 1930, p. 21.
[6] Vease I. Clendinnen, The Aztecs: An Interpretation, Cambridge, 1991, pp. 267-273.
[7] P. M. Holt y M. W. Daly, A History of the Sudan, Harlow, 6201 1 , p. 112.
[8] V ease T. Todorov, Die Eroberung Amerikas. Das Problem des Anderen, Fräncfort, 1985, pp. 69- 151.
[9] Vease J. Belich, The New Zealand Wars and the Victorian Interpretation of Racial Conflict,
Auckland, 1986, p. 291 y ss.
[10] Vease el estudio de S. Förster Die mächtigen Diener der East India Company. Ursachen und
Hintergründe der britischen Expansionspolitik in Südasien 1793-1819, Stuttgart, 1992.
[11] Vease C. Gibson, The Aztecs under Spanish Rule: A History of the Indios of the Valley of Mexico,
1519-1810, Stanford, 1964, p. 404.
[12] «[...] doctus per aliena experimenta parum profici armis, si iniuriae sequerentur»: Täcito, Vida de
Iulius Agricola. Lat. u. dt. v. R. Till, Berlin, 51988, pp. 32-33.
[13] Veanse diversos enfoques en J. C. Scott, Domination and theArts of Resistance: Hidden Transcripts,
New Haven, 1990; F. Cooper, «Conflict and Connection: Rethinking Colonial African History», en
American Historical Review 99 (1994), pp. 1516-1545; J. Chalcraft y Y. Noorani (eds.), Counterhegemony
in the Colonv and Postcolony Basingstoke, 2007.
[14] Vease la sintesis elaborada por C. Coquery-Vidrovitch, Africa: Endurance and Change South of the
Sahara, Berkeley, 1988, pp. 168-210.
[15] Asi dice la tesis de M. Adas, «From Avoidance to Confrontation: Peasant Protest in Precolonial and
Colonial Southeast Asia», enN. B. Dirks (ed.), Colonialism and Culture, Ann Arbor, 1992, p. 112.
[16] Vease Y. Khan, The Great Partition: The Making of India and Pakistan, New Haven, 2007.
[17] A. C. Nahm, Korea: Tradition and Transformation. A History of the Korean People, Elizabeth, N. J.,
1996, pp. 226 y 229.
[18] Report of the Indian Statutoiy Commission. Cmd. 3568 (Simon Report), Londres, 1930, p. 46.
[19] W. Malcolm Hailey, An African Survey: A Study of the Problems Arising in Africa South of the
Sahara, Londres, 1938, p. 226.
[20] Sugerencias sobre lo que sigue de: D. A. Low, Lion Rampant: Essays in the Study of British
Imperialism, Londres, 1973, p. 28; B. S. Cohn, «Representing Authority in Victorian India», en An
Anthropologist among the Historians and Other Essays, Delhi, 1987, especialmente pp. 632-682; C. A.
Bayly, Empire and Information: Intelligence Gathering and Social Communication in India, 1780-1870,
Cambridge, 1996.
[21] Vease P. J. Marshall, Bengal: The British Bridgehead. Eastern India 1740-1828, Cambridge, 1987,
pp. 120-127.
[22] Vease C. A. Trocki, «Political Structures in the Nineteenth and Early Twentieth Centimes», en N.
Tarling (ed.), The Cambridge History of Southeast Asia, vol. 2, Cambridge, 1992, p. 91.
[23] Vease D. Gilmartin, Empire and islam: Punjab and the Making of Pakistan, Berkeley, 1988, pp. 18-
26.
V. EL ESTADO COLONIAL
FORMAS DE ESTADO Y PRÄCTICAS DE DOMINIO
Ningün imperio moderno era administrativamente homogeneo. A pesar de su
reputaciön de centralizacion estricta, la repüblica imperial francesa era un
batiburrillo de apanos juridicos aün mäs caötico que el Imperio britänico,
ensamblado al azar, que despues de todo reconocia a la corona como punto de
concentracion simbölico y legal. El Imperio era bastante desigual. A principios
del siglo XX se distinguian en el derecho colonial britänico mäs de cuarenta
tipos de estatus entre los territorios de Ultramar, cuyo control se repartia entre
tres ministerios: Oficina Colonial, Oficina de la India y Ministerio de Asuntos
Exteriores. En Rhodesia y el impenetrable norte de Borneo (hoy Sabah, uno de
los Estados federados de Malasia) existia ya desde los primeros tiempos de la
expansiön britänica la institucion muy fidedigna de la Chartered Company, un
instrumento al servicio de intereses privados protegido por el (o la) monarca, y
que tambien gozaba, por cierto, del favor de Bismarck. Directamente
subordinadas al ministerio colonial, bajo una constitucion gubernamental,
estaban las «colonias de la corona», por ejemplo muchas de las posesiones del
Caribe, Hong Kong, las Isias Malvinas, Sierra Leona, la Costa de Oro (Ghana) y
Ceilän, que en muchos sentidos aparecia como paradigma de las colonias
tropicales. Kenia, Uganda, Somalia, Nigeria, Nyasalandia (Malaui) y Aden,
entre otras, eran «protectorados», gobernados «menos directamente» que las
colonias de la corona (o las «colonies incorporees» francesas), en las que el
poder colonial ejercia una soberania plena.
El termino a menudo impreciso del «dominio indirecto» (indirect rule) deberia
reservarse para tres tipos de orden cuya caracteristica comün era que los
gobernantes indigenas conservaban posiciones de autoridad, bajo el paraguas de
la supremacia del Estado colonial, en principados o äreas tribales
desmilitarizadas: 1) los alrededor de 40 grandes y mäs de 500 pequenos
«Estados principescos» de los maharajäs, nizams o como prefirieran llamarse,
seguian dispersos por todo el territorio de la India britänica. Para el poder
colonial se trataba de regiones economicamente poco interesantes. No se les
permitia tener una politica exterior propia, ni siquiera mantener relaciones
mutuas. Sobre cada una de ellas flotaba la permanente amenaza de intervenciön
del ejercito indio. Los verdaderos gobernantes en la sombra, en el papel
diplomätico de «consultores residentes», se ocupaban en aquellas cortes
principescas de que se mantuviera una politica estabilizadora del statu quo
interno[l]. 2) Una Variante mäs directa del indirect rule consistia en que agentes
del poder colonial, algunos de ellos con una cachiporra a mano, decidieran los
asuntos politicos cotidianos tras una fachada de gobierno dinästico al viejo
estilo[2]. Asi sucedia en Malasia, Zanzibar y Uganda, pero tambien en colonias
no britänicas, especialmente en las Indias Orientales neerlandesas y en los
«protectorados» franceses de Annam, Camboya y Laos. 3) En el Äfrica tropical
britänica, finalmente, el indirect rule se convirtio durante el periodo de
entreguerras en una doctrina -rara vez practicada con exito- que requeria, dentro
de un marco ya existente de dominio directo, que los jefes y otras «autoridades
nativas» que se suponia que debian proteger al pueblo frente a las influencias
nocivas del mundo moderno, fueran adquiriendo paulatinamente poderes
crecientes y mayor experiencia en la administraciön local. El proposito era en
parte humanitario y en parte «social-romäntico», pero sobre todo conservador en
el sentido de que mediante el fortalecimiento de las autoridades tradicionales se
quitaba terreno a los «agitadores» nacionalistas aparecidos en los centros
urbanos. Se esperaba, al menos hasta el abandono de ese enfoque despues de
1942, que ese tipo de indirect rule sirviera como una base segura no nacionalista
para el desarrollo politico de Äfrica.
El indirect rule era mäs un metodo de dominio que una forma juridica de
gobierno. Lo poco que decia el aparato formal sobre las relaciones de poder
reales, se evidenciaba por ejemplo en el nordeste de Äfrica. Sudan era
administrado conjuntamente desde 1 899 como «codominio» de Gran Bretana y
Egipto, pero de hecho era una colonia solamente inglesa, ya que el propio Egipto
era una propiedad britänica astutamente disfrazada. En 1882, despues de un
golpe nacionalista de los oficiales contra el regimen establecido del jedive
amparado por Gran Bretana y Francia, el pais fue ocupado por tropas britänicas,
enviadas para proteger el canal de Suez; aunque aquella «ocupaciön» estaba
concebida originalmente como una medida temporal, duro de iure hasta 1922 y
de facto hasta 1953-1954, cuando fue depuesto su ultimo gobernante
semicolonial, el rey Faruk. Bajo la ficciön ünica de un «protectorado velado», en
Egipto se mantuvo desde 1883 la fachada de una monarquia imaginaria y un
gabinete egipcio dominado por un gobernador britänico, cuyo modesto titulo de
consul general ocultaba frente a las demäs grandes potencias europeas un poder
casi omnipotente. Gran Bretana, se decia entonces, no gobernaba Egipto;
gobernaba el gobierno de Egipto. Sin embargo, el sultän de Constantinopla
seguia considerando a todos los egipcios como sus sübditos, aunque sin ninguna
consecuencia practica.
Otro caso especial, aunque constitucionalmente mäs claro, era el de la India.
Hasta 1858 los territorios del subcontinente bajo dominio britänico no estaban
sometidos directamente a la corona, sino, nominalmente al menos, a la
Compania Britänica de las Indias Orientales fundada en 1600. Luego se
convirtieron en una colonia de la corona especialmente complicada. El 1877 la
reina Victoria se hizo coronar «emperatriz de la India». Entre 1858 y 1921 el
poder britänico era ilimitado, y luego quedö sometido a ciertas restricciones en
la persona del gobernador general («virrey»), «mäxima autoridad, en la que se
concentraba la responsabilidad de todos los actos del gobierno civil y mili-
tar»[3], Por razones de estatus el gobernador general pro venia de las filas de la
alta nobleza britänica.
Las formas del derecho constitucional colonial solo eran de importancia
relativa para la vida politica cotidiana; se hicieron mäs importantes durante la
descolonizaciön. No se puede saltar, como muestra inmejorablemente el ejemplo
de Egipto, de una estructura formal de dominio muy indirecta a otra poco inserta
en la realidad. En un protectorado no se vivia necesariamente mejor que en una
colonia de la corona.
Por debajo de la superficie constitucional se ocultan, si se sobrepasa de nuevo
el horizonte del Imperio britänico, algunos tipos bäsicos de la sociologia de la
dominaciön, que corresponden aproximadamente a las categorias de la
construcciön de colonias. Si se prescinde del caso de las colonias de
asentamiento neoeuropeas del tipo «neoingles», a las que pronto se dotö de
parlamentos y poco despues de gobiernos responsables ante esos parlamentos, y
en las que de todos modos solo se puede hablar del colonialismo como dominio
extranjero sobre la mayoria indigena como excepciones, entonces quedan tres
formas.
1) El regimen de colonos asentados minoritarios, caracteristico de las colonias
de asentamiento, tanto del tipo esclavista «caribeno» como del tipo granjero
«africano». Alrededor de 1830, Jamaica y las demäs islas britänicas del Caribe
eran gobemadas por una dictadura descarada de plantadores. La mayoria esclava
y la capa intermedia de los libertos estaban politicamente privadas de derechos.
De Londres no llegaba, a diferencia del caso de Paris con respecto a las Antillas
francesas, präcticamente ningün control eficaz de la casta gobernante. Aquella
«plantocracia» ejecutaba las leyes que se habla dado a sl misma, controlaba las
fmanzas y el poder judicial y desobedecla impunemente al representante del rey.
Los reglmenes de colonos en Äfrica disfrataban entonces de una arbitrariedad
similar, casi sin restricciones, cuando se separaron del Imperio. Esto sucediö en
Sudäfrica con el Gran Trek en 1834 (y luego una segunda vez, moral-cultural,
con el cambio de poder en 1948 y el establecimiento del regimen del apartheid)
y entre 1965 y 1979 en Rhodesia (del Sur), donde en 1939 vivian alrededor de
63.000 europeos[4]. pese a lo cual, desde el comienzo de la presencia de colonos
britänicos en 1889, la politica habia quedado a su cargo con la minima
interferencia de Londres. Sus mayores libertades politicas -en 1923 los colonos
obtuvieron un «responsible government»- iban a la par con una posiciön juridica
politica y civil significativamente peor de los africanos, como en las colonias de
la corona y protectorados britänicos. Los colonos casiautönomos, hambrientos
de tierra, se demostraron tambien aqui como los peores enemigos de la
poblaciön nativa, mäs que la autoridad estato-colonial. Lo mismo se puede decir
de Argelia. Bajo la Tercera y la Cuarta Repüblica no emprendieron Paris o sus
gobernantes apenas ninguna intervenciön efectiva contra las rigurosas medidas
acaparadoras de los colonos. Por sus lazos familiäres y sociales, asi como
politicos mediante la representaciön de los argelinos «blancos» en el Parlamente
de la Capital, los colonos franceses en Argelia estaban insertos mucho mäs
firmemente en su sistema metropolitano que los colonos britänicos de Sudäfrica,
Rhodesia o Kenia. Con el respaldo de su lobby en Paris (para el que no habia
ningün equivalente britänico) y desde 1900 gracias a su autonomia fmanciera,
los «colonos» franceses en Argelia pudieron consolidar un regimen racista, que
perjudicaba extraordinariamente a los argelinos en el terreno legal, politico y
cultural. Los derechos civiles franceses estaban a disposiciön de todos los
argelinos, con tal que se sometieran totalmente al derecho frances y no al
islämico, lo que muy mayoritariamente consideraban una apostasia. Solo unos
pocos hicieron uso de ese derecho. El poder estatal frances en Argelia, a
diferencia del britänico en Kenia o en la colonia del Cabo, pongamos por caso,
solo se podia considerar hasta cierto punto como «ärbitro» entre los distintos
grupos de la poblaciön.
2) El estado burocrätico-patrimonial. Hispanoamerica es, tambien en relaciön
con la organizaciön del dominio, un caso especial en la historia colonial. Por
innovadores que parezcan el sometimiento a la autoridad real del poder inicial de
los conquistadores y el establecimiento de una burocracia centralizada, asertiva y
juridicamente ajustada a reglas formales en los centros coloniales del Imperio
espanol, la comparaciön con el portugues y con el temprano sistema britänico en
Ultramar muestra cuäles eran sus deficiencias[5]. Los espanoles, provistos de
esos medios, intervinieron con vehemencia en la sociedad y la cultura de los
pueblos sometidos, una vehemencia que las potencias coloniales posteriores rara
vez aplicaron de forma planeada y durante periodos tan largos. Portugal, en
cambio, en una etapa mäs temprana de la formaciön del Estado en la transicion a
la Modernidad, estableciö en Asia, präcticamente sin ser molestado, las
estructuras coloniales de la autoridad local.
Aun asi, cabe dudar en designar la administracion espahola en America como
el primer aparato colonial rotundamente moderno. En cualquier caso, no era el
precedente directo de las organizaciones coloniales de dominio de los siglos XIX
y XX, de las que diferia al menos en cuatro puntos. Para empezar, en ningün otro
caso se dio, como en el espanol, una instrumentalizaciön semejante de la Iglesia,
totalmente sometida al poder terrenal, en la configuraciön de la politica colonial.
El clero se convirtiö en el instrumento mäs efectivo de la penetracion espahola
en America. En segundo lugar, el sistema experimentö desde principios del siglo
XVII una criollizacion gradual, es decir, una infiltracion interior y una limitacion
exterior por las oligarquias coloniales espanolas, principalmente urbanas, cuyos
intereses como «colonos asentados» podian ir ganando influencia frente al punto
de vista de Madrid. Con ello iba ligado, en tercer lugar, un aumento de la
corrupciön, estructuralmente presente desde el principio, a la vista de la
contradiccion entre los bajos salarios de los funcionarios de todos los rangos y
las demandas de consumo de una sociedad que asociaba muy estrechamente el
estatus social y la apariencia visible. Otra faceta, igualmente ajena a la
administracion «racional» moderna, era el sistema de compraventa de puestos,
diametralmente opuesto al principio del rendimiento y la carrera meritocrätica.
En cuarto lugar, el sistema colonial espanol se caracterizaba, a pesar de la
centralizaciön hasta entonces sin precedentes de las estructuras de mando, por un
prolijo sistema de «checks and balances», de distribuciön de las tareas
administrativas y su supervisiön mediante «consejos» y otros örganos
colegiados. El sistema colonial espanol solo era, por tanto, superficialmente
«absolutista», y en realidad el poder estaba en el muy fragmentado, incluso en su
nivel mäs alto[6]. La administracion colonial espahola era pues en gran medida,
vista en su conjunto, pre moderna.
3) La autocracia proconsular. Ningün aparato de dominaciön imperial de los
siglos XIX y XX experimento una disolucion interna parecida a la del espanol,
que arrastraba una larga inestabilidad. En las nuevas colonias el Estado era en
general, en visperas de la descolonizaciön, robusto y funcional. Aunque en la
India los britänicos habian transferido desde la Primera Guerra Mundial algunas
tareas de gobierno a instituciones indias, y habian abierto la via a su
parlamentarizaciön, en 1942 todavia se mostraron capaces de aplastar el
levantamiento de masas del movimiento «Quit India». En la mayoria de las
posesiones de las potencias coloniales modernas los sistemas politicos estaban
marcados por un ejecutivo casi todopoderoso, que en Europa ya solo existia en
Rusia. Que en la practica el poder a menudo se ejerciera de manera «indirecta»,
delegändose en parte a las autoridades locales; que tambien en algunos casos
(por ejemplo, en la Libia italiana) se omitiera la construccion de un fuerte
aparato estatal[7] no cambia el hecho de que por principio el poder se
concentraba en la gobernaciön por fuerzas externas al propio pais; por eso se
puede hablar, por asociaciön con el Imperio romano, de «autocracia procon-
sularȣ8]. Lo importante es que por lo general se trataba de formas estatales
juridicamente controladas, cuando no directamente juridicas, y por lo tanto rara
vez de despotismos arbitrarios.
La autocracia proconsular se desprendio a finales del siglo XVIII de la crisis de
la burocracia moderna, o con mayor precision, de la crisis de las dos
manifestaciones mäs extendidas en el mundo colonial: la administraciön
patrimonial espanola y la cuasi-estatal, encargada durante la misma epoca a las
grandes organizaciones de las Companias Comerciales con Privilegio Real. Esa
fase critica de la formaciön del Estado colonial comenzö al mismo tiempo, pero
sin influencia mutua, en los dos grandes Imperios de su tiempo. En la America
espanola las reformas borbonicas, que culminaron en la decada de 1780,
fortalecieron al ejecutivo, que se descomponia por la corrupciön y se habia
convertido en gran medida en instrumento de intereses particulares. Casi al
mismo tiempo aumento la influencia del Estado britänico en la Compania de las
Indias Orientales, creändose en 1786-1793, bajo el gobernador general lord
Cornwallis, el fundamento de la moderna administraciön de la India. En ambos
casos se limito el poder de las elites establecidas desde hacia tiempo; en el
primer caso a las oligarquias criollas, en el segundo a las indias, a las que se
cerrö el acceso a la nueva burocracia colonial. Pero esa politica, aplicable en la
India, no lo era en America. Los gobiernos independientes de Latinoamerica
prosiguieron alli la linea del Estado borbönico, que habia reforzado la reclusion
de la poblaciön india[9]. La «emancipacion» de las colonias espanolas seria la de
sus capas privilegiadas blancas.
Asl surgio la autocracia proconsular como forma polltica cläsica de las
colonias de dominaciön. Su modelo era la India britänica; su expresiön adicional
se encontraba en las colonias britänicas de la corona; en las colonias tropicales,
como en la Indochina francesa o en las Indias Orientales neerlandesas, se
constituyeron otros poderes. Incluso alli donde en ciertos sistemas de «indirect
rule» parte del poder politico se habia delegado a las elites locales, no cambiö
nada en el monopolio de la violencia por el Estado y en el marco global
autocrätico.
LAS FUNCIONES Y ÖRGANOS DEL ESTADO COLONIAL
El Estado colonial no era una simple extension del sistema politico
metropolitano en territorios alejados, sino una forma politica sui generis. Estaba
presente incluso cuando la regiön dominada se declaraba «parte integrante del
territorio nacional», una opcion que preveia la Constitucion francesa de 1791 y
que se aplico a Argelia en 1848 y 1871. Los logros liberales de Europa quedaban
sin embargo fuera del alcance de los colonizados. Solo en algunas partes del
Imperio britänico «coloreado» se introdujeron bajo la consigna de «doble poder»
(diarquia), primero organos de representaciön elegidos y luego incluso
ministerios parlamentarios responsables, a los que el gobernador ejecutivo cedia
determinados ämbitos de responsabilidad en el marco de su propia competencia
general.
El Estado colonial tenia que asegurar el control sobre los pueblos sometidos y
crear las condiciones para el aprovechamiento economico de la colonia. Esos
eran sus dos propösitos principales. El margen de maniobra de un gobernador en
un caso individual en contra de sus superiores del ministerio que lo habia
nombrado tambien podia revelar que el Estado colonial estaba hacia afuera
subordinado a las instancias politicas de la metropoli, pero en el interior de la
colonia era «autocrätico por naturaleza»[10]. Tal autocracia podia incluir una
amplia gama de präcticas gubernamentales: desde un suave patriarcalismo, como
en la Samoa alemana en 1900-1911 bajo el gobernador Wilhelm Solf o en
Filipinas despues del final de la sangrienta guerra de conquista en 1902, hasta el
brutal regimen-mordaza de los japoneses en Corea. Por lo general, los
representantes del Estado colonial atribuian importancia a su papel como
estrictos «educadores» de los «nativos» inmaduros y como ärbitros entre los
intereses individuales. Entre eilos y los grapos de colonos que solia haber
tambien en las colonias que no eran de asentamiento, existia una contradiccion
estructural. Asi, el poder del Estado frances en las colonias del Äfrica Occidental
mantenia un margen de maniobra mucho mayor en relacion con los colonos de
alli que en la colonia de asentamiento de Argelia. El Estado colonial procuraba
hacer respetar su papel de ärbitro frente a las unidades etnicas y las fuerzas
sociales entre los colonizados. Con cierta frecuencia tenia que practicar una
politica de regateo en las confrontaciones de unos grupos etnicos o «tribus»
contra otros, una täctica de «divide y venceräs» que lego a los Estados
poscoloniales una pesada herencia de desavenencias etnicas.
La fragmentaciön del poder en la base del sistema politico correspondia a su
concentraciön en la cumbre. El Estado colonial no conocia de hecho ninguna
separaciön entre los poderes ejecutivo y legislativo y en ningün caso un poder
judicial independiente. Era, fueran cuales fueran los formalismos que pudieran
ser respetados en cada caso, un gobierno de decretos administrativos
promulgados por el gobernador, su consejo y su aparato. El oficial de distrito del
nivel administrative mäs bajo mantenia a menudo en su relacion cotidiana con
los sübditos un poder casi ilimitado, de «rey de la selva», como recaudador de
impuestos, jefe de la policia y a veces tambien como juez. La situaeiön colonial,
solo comparable con el momento posterior a una revolueiön victoriosa, a veces
ofrecia enormes posibilidades de convulsiones politicas y sociales «desde
arriba».
Varios rasgos caracterizan pues al Estado colonial: su caräcter dual como
subordinado y al mismo tiempo casi omnipotente; su centralizaciön autocrätica
del poder en la cima empleando una politica de «divide y venceräs» en la base;
su imagen de si mismo como instancia «neutral por encima de los partidos»...
No menos importante es el hecho de que entre dominantes y dominados se
establecia generalmente una brecha cultural insalvable. Lo que hace al Estado
colonial inestable a largo plazo, cuando no totalmente ilegitimo -aunque en
algunos casos se esfuerce por ejercer un dominio «justo»-, es la circunstancia de
que su lealtad fundamental estaba fuera de su campo de actividad. El «bien
comün» que decia defender no era en ultimo termino el de la entidad politica que
presidia, sino el del Imperio. Por eso la descolonizaciön significaba, en cierto
modo, el reconocimiento de la dominaeiön politicaJJJJ.
La tarea mäs importante asignada al Estado colonial por sus promotores
consistia, incluso despues de la fmalizaciön del periodo de conquista y
«pacificaciön» tras el desarme de los nativos, en garantizar la preservaciön del
orden y la ley. Aun cuando algunos sistemas coloniales eran regimenes policiales
implacablemente represivos, el gobierno colonial respondia inevitablemente
nervioso y con dureza al menor movimiento de la oposiciön. Reinaba el
principio de no dejarse arrebatar nunca la iniciativa, de no perder nunca la cara.
El Estado siempre debia tener la ultima palabra; cada provocaciön debia ser
castigada con represalias. No solo estaban prohibidas las protestas anti¬
coloniales abiertas, sino tambien las huelgas de motivacion economica de la
mano obrera urbana[12]. Resulta sorprendente como muchos regimenes
coloniales se empenaron en ello hasta bien poco antes del fin de su existencia.
La construcciön de un aparato policial colonial de funcionamiento amplio y
profesional no alcanzö su plenitud hasta la decada de los veinte del siglo pasado,
y en Äfrica incluso hasta cerca de 1950. Entre los legados de las potencias
coloniales figuran casi en todas partes las fuerzas de seguridad formadas
psicologicamente y conscientes de su papel politico[13].
Cuando se establecia el «orden», eso no siempre conllevaba el respeto a algün
tipo de «ley». En general, se planteaba la cuestion de que leyes debian aplicarse.
Los amos coloniales se equivocaban, por supuesto, cuando creian que el
territorio que dominaban carecia de leyes. El derecho extranjero no se reconocia
fäcilmente como tal, sobre todo cuando no se presentaba en forma escrita. A
menudo, la «anarquia» que los europeos trataban de erradicar era precisamente
el resultado del quebranto por la invasiön de los mecanismos reguladores
propios. En otros casos, especialmente en la esfera islämica, se encontraban con
tradiciones juridicas consolidadas. Las declaraciones generales sobre un terreno
suelen ser tan dificiles como sobre el Derecho colonial; sin embargo, llama la
atencion la «reticencia a asumir la jurisprudencia sobre poblaciones
sometidas»[14]. Esto se reifere especialmente al derecho civil, pero tambien al
derecho penal en casos en que los extranjeros no se veian directamente
afectados. La metröpoli y la colonia siguieron siendo campos jurisdiccionales
separados. Una europeizaciön completa del sistema juridico en las colonias de
dominacion estaba fuera de discusiön. El Estado colonial solo se ocupaba
regularmente, en general, de aquellas äreas de la sociedad local que no atanian a
sus propios intereses, cuando los misioneros o grupos de presiön humanitarios le
instaban a hacerlo o cuando las präcticas denunciadas contradecian radicalmente
los puntos de vista europeos. Un ejemplo de esto es la prohibiciön de sati, la
quema de viudas en India, en 1829-1830, y tambien se reprimieron la mayoria de
las costumbres relacionadas con la esclavitud, como la poligamia, el infanticidio,
el matrimonio infantil, etcetera.
La divisiön del derecho colonial en leyes para los colonos y leyes para los
nativos significaba en casos extremos una justicia racial pura y simple. Esto era
muy frecuente en las colonias de asentamiento como Argelia, donde regia para
los argelinos un «code de l ’indigenat» duro y degradante, pero tambien a veces
en colonias de dominaciön como el Taiwan japones[15], En otros casos no se
imponia a los colonizados una ley especial extranjera, sino su propio derecho, lo
que a menudo se asociaba con una büsqueda de inspiraciön romäntica del
«derecho de los pueblos» que debia codificarse y purificarse. En tal proceso, sin
embargo, la ley original era inevitablemente alterada, a menudo hasta hacerla
irreconocible; de hecho, solian surgir formas mixtas mezclando elementos
nativos y europeos. Mas importantes que el contenido respectivo de las normas
legales podia ser el hecho de que el Estado colonial empleara el Derecho como
instrumento de aseguramiento de la dominaciön, lo que por otra parte daba lugar
a una judicializaciön de las relaciones sociales desconocida en los tiempos
precoloniales, que se iba a demostrar irreversible mäs allä del colonialismo[16].
El recurso al tribunal reemplazö a las formas mäs antiguas de soluciön de
conflictos. Se volviö atractivo tan pronto como se garantizö un procedimiento
constitucional elemental, un «due process of law» que incluia la posibilidad de
apelaciön. La profesiön de abogado, que se beneficiö de ello, se convirtiö, sobre
todo en las colonias britänicas y francesas, en un medio de promociön social y
toma de conciencia politica. La creciente confianza en los procedimientos
juridicos alimentö tambien el deseo de un avance sustancial en la igualdad de
derechos, de modo que la europeizaciön parcial del sistema legal colonial
abrigaba un potencial emancipatorio que iba mäs allä del colonialismo.
EL ESTADO INTERVENCIONISTA BUROCRÄTICO
El Estado colonial no era tampoco un simple vigilante nocturno, como el que
imperaba en los paises de origen de la doctrina de minima intervenciön estatal.
Condicionaba la sociedad colonial, no solo mediante la legislaciön, la
jurisprudencia y la policia. Siempre que el interes en una colonia iba mäs allä del
comercio y el saqueo para convertirse en una explotaciön planificada de sus
recursos, el Estado colonial tenia que poner en marcha proyectos
infraestructurales (ferrocarriles, canales, caminos, redes telegräficas), programas
de desarrollo agrario, medidas aduaneras y monetarias, o iniciativas urbanas de
promociön de los intereses comerciales privadosj47]. Que eso suscitara a
menudo tensiones con tales intereses, es otro asunto. El Estado colonial rara vez
podia satisfacer plenamente esas demandas. Las dificultades fmancieras eran un
problema constante, ya que los gobiernos metropolitanos esperaban por lo
general que las colonias fueran fiscalmente autosuficientes[18].
Excepcionalmente los intereses privados llegaban a constituir casi un Estado
dentro del Estado y asumian como asunto propio no solo el aprovechamiento de
los recursos, sino tambien äreas de la administracion. Quizä el mejor ejemplo de
esto es el papel, a menudo caracterizado como «paternalismo», del grupo
cuprifero Union Miniere du Haut-Katanga en el Congo Belga desde 1920.
En las primeras fases de la conquista y «pacificacion», el Estado colonial se
hizo notar puntualmente de modo muy notorio; sus exigencias inmediatas a los
sometidos, en forma de impuestos y servicios laborales, fueron particularmente
altas durante aquel periodo. Sin embargo, solo alcanzo su mäxima eficacia de
conjunto durante su ultimo periodo. En Äfrica, en particular, el Estado colonial
se transformö, como signo de la «segunda ocupaciön colonial», en un Estado
social embrionario[19]. Ya en decadas anteriores los gobiernos coloniales eran a
veces mäs eficaces contra las hambrunas que los poderes precoloniales. En el
Imperio britänico, las revueltas de 1937 en el Caribe contra la pobreza dieron
lugar a consideraciones que elevaron el bienestar de sus sübditos a una tarea
continua de la potencia colonial, lo que tambien se hizo evidente en Äfrica, por
primera vez, despues de 1945. El Estado colonial intervencionista tardio
significaba, por supuesto, el clhnax de la heteronomia. Desde la perspectiva de
un considerable nümero de africanos aquel periodo de protecciön social [20] trajo
consigo no obstante beneficios concretos, especialmente una mejora en las
oportunidades de educaciön y asistencia medica. El Estado colonial era por su
propia naturaleza burocrätico. Se podria incluso jugar con la tesis de que los
avances de la burocratizaciön en la propia Europa recibieron impulsos
importantes de la periferia. No cabe duda de que durante el siglo XVI la forma
de gobierno de los espanoles en America mostraba un mayor grado de
organizaciön que en la peninsula iberica, y en Gran Bretana no habia despues de
1945 un aparato burocrätico con el que construir el Estado del bienestar que se
pudiera equiparar, en cuanto al nivel de profesionalidad, con el de la
administracion de la India, el Indian Civil Service (ICS). Ese fue el modelo para
todas las burocracias coloniales modernas, y tambien la expresiön mäs pura del
Estado colonial como autocracia proconsular y absolutismo burocrätico. Hasta la
decada de 1780 -durante el periodo de los «nababs»- no habia en la India casi
ninguna diferencia entre la dominaciön estatal y los negocios privados. Despues
comenzo la constracciön paulatina de una administraciön estatal, que sin
embargo siguio marcada durante mucho tiempo por las pautas del patrocinio.
Hasta despues de la aboliciön de la Compania de las Indias Orientales y la
asunciön del gobierno de la India por la corona en 1858 no adquirio el ICS su
pleno desarrollo como una burocracia moderna. Sus miembros eran reclutados
desde 1853 mediante exämenes competitivos entre los graduados de escuelas y
universidades püblicas (especialmente de Oxford y Cambridge), lo que equivale
a decir, en pocas palabras, de entre las filas de la clase media-alta britänica.
Debian ser «generalistas». Los funcionarios del ICS, muy bien pagados pero
impedidos de adquirir tierras en la India, tenian el monopolio de los puestos
administrativos mäs altos; frecuentes traslados de un puesto a otro debian
mantener el brio del servicio y evitar el apoltronamiento o el eventual abuso del
patrocinio regional. Solo el jefe de ese ejecutivo, el gobernador general, era
nombrado por el Gabinete en Londres. Los puestos de ICS estaban entre los mäs
atractivos y solicitados que el Estado britänico podia otorgar. El ICS cultivaba el
espiritu de cuerpo de una aristocracia de los mejores, omnicompetente, por
encima de los intereses particulares y comprometida con el ideal britänico del
gentleman. La Repüblica India heredö el ICS como Servicio Administrative del
Estado.
En Äfrica no eran los britänicos, sino los belgas y franceses los que reclutaban
a su personal colonial mäs alto mediante exämenes. A diferencia de sus
homölogos britänicos, eran preparados para sus tareas en academias coloniales.
La mayor fama en Äfrica la tenian los belgas, la peor los administradores
portugueses, a menudo incapaces y corruptos[21]. Los aparatos estatales
coloniales se distinguian tambien en si admitian en sus filas a personal nativo o
no. Va de si por que se empleaba a gran nümero de nativos para tareas humildes
y locales, por ejemplo en el ferrocarril, el servicio de correos y telegrafos, como
secretarias, interpretes, mensajeros, y tambien en la policia y en el ejercito. Era
decisivo el acceso a los puestos de elite burocräticos. En el Äfrica subsahariana
era extremadamente limitado, aunque no hubiera, como en las posesiones
francesas y portuguesas, barreras raciales legales. El Servicio Civil de la India,
en el que nunca hubo una barrera de color oficial, fue admitiendo cada vez mäs
nativos a partir de 1919, llegändose en 1939 a una paridad aproximada: 589
indios frente a 599 europeos en los puestos mäs altos [22]. Tal absorcion de
funcionarios locales leales en el Estado colonial era particularmente significativa
desde el punto de vista politico alli donde (a diferencia de la India, Ceilän y
Birmania) no existian, hasta los Ultimos tiempos del periodo colonial,
parlamentos representativos. En los territorios britänicos en Malasia, por
ejemplo, la lenta indigenizaciön de la administraciön inferior comenzö en 1910.
Esto llevö al desarrollo de una nueva capa, que consistia en parte en aristöcratas
desclasados, y en parte en trepadores sociales; tenian estrechas conexiones con la
antigua elite y tambien estaban ligados en muchos sentidos con el poder
colonial[23]. Lo mismo se puede decir de las Indias Orientales neerlandesas y de
Filipinas.
ADMINISTRACIÖN ESTATAL TERRITORIAL Y NACIÖN
El colonialismo contribuyö a la universalizaciön del concepto europeo de
Estado. Este fue uno de sus efectos mäs cargado de consecuencias. Solo en el
caso de las autocracias centralizadas se puede hablar de un Estado precolonial en
un sentido parecido al moderno; en Asia y Äfrica, en general, la dominaciön
politica era informal, personal, cargada de connotaciones religiosas, inestable,
maleable, flexible y negociable entre los distintos grupos de poder: mäs una
malla de relaciones entre partidarios de unos u otros lideres que una estructura
de instituciones sölidas. El Estado colonial de los siglos XIX y XX era lo
contrario: una administraciön estatal secularizada, protegida militarmente, que se
convirtiö en comadrona de sus herederos poscoloniales. Difundiö en todas partes
formas de dominaciön burocrätica que contribuyeron, junto con las precoloniales
privadas de sus tradiciones autocräticas amparadas por la religiön, y
ocasionalmente tambien con la idea de la dictadura «socialista» del partido, a la
apariciön de regimenes autoritarios en Asia y Äfrica. Cuando, como en la India,
se ensayaron tras la independencia intentos tardocoloniales de democracia
representativa, se echaba en falta un sustento basado en ideas politicas y cultura
politica. Se confirmö, tambien en el ämbito de las instituciones democräticas, «el
modelo del Estado que existe por su propia voluntad»[24].
El Estado colonial impuso en todas partes el principio territorial. En zonas del
mundo como Äfrica y el sudeste de Asia, el trazado de las fronteras estatales fue
una de las actividades mäs trascendentales de los europeos. Que tales fronteras,
como muchas veces se ha dicho, se establecieran «arbitrariamente», no ha
impedido que fueran respetadas en general despues por los Estados
independientes. Si el Estado colonial era un Estado territorial, lo que no era en
absoluto era un Estado nacional. La idea de la naciön era mäs bien un arma de la
lucha anticolonial. Los lideres de la emancipacion a los que el Estado territorial
burocrätico acabo siendo fiel, lo interpretaban como un Estado-naciön, y con
demasiada frecuencia incluso como el Estado de la nacionalidad mayoritaria. De
esa genealogia separada de los principios territorial y nacional, de su falta de
congraencia, proceden no pocos de los conflictos etnico-religiosos del presente.
Si bien las potencias coloniales europeas habian tolerado -como todos los
gobernantes de imperios- la diversidad de las «plural societies», o incluso la
habian promovido respondiendo al principio «divide y venceräs», la politica
poscolonial asumiö mäs bien la pretension de exclusividad homogeneizadora del
concepto europeo de naciön: «una naciön-un Estado». Por eso se crearon
Estados nacionales que no correspondian a naciones «adultas».
[1] Vease M. H. Fisher, Indirect Rule in India: Residents and the Residency System 1764-1858, Delhi,
1991.
[2] Vease J. M. Gullick, Rulers and Residents: Influence and Power in the Malay States 1870-1920,
Singapur, 1992.
[3] Report of the Indian Statutory Commission, op. cit., p. 1 12.
[4] D. Kennedy, Islands of White: Settier Society and Culture in Kenya and Southern Rhodesia, 1890-
1939, Durham (NC), 1987, p. 1.
[5] Vease el repaso de G. V. Scammell, The First Imperial Age: European Overseas Expansion c. 1400-
1715, Londres, 1989, pp. 141-168.
[6] Vease J. H. Elliott, «Spain and America before 1700», en L. Bethell (ed.), The Cambridge Historv oj
Latin America, vol. 1, Cambridge, 1984, p. 74.
[7] Vease D. J. Vandewalle, A Historv of Modern Libya, Cambridge, 2006, pp. 41 y ss.
[8] Con un significado algo mäs especial: C. A. Bayly, Imperial Meridian: The British Empire and the
World 1780-1830, Londres, 1989, pp. 194 y ss.
[9] Vease N. M. Farriss, Maya Society under Colonial Rule: The Collective Enterprise of Survival,
Princeton, 1984, pp. 355 y 366-375.
[10] A. D. A. de Kat Angelino, Le Probleme colonial, vol. 1, La Haya, 1931, p. 67.
[11] Vease C. Geertz, «The Judging of Nations: Some Comments on the Assessment of Regimes in the
New States», en Archives europeennes de sociologie 18 (1977), p. 250.
[12] Vease D. Arnold, Police Power and Colonial Rule: Madras 1859-1947, Delhi, 1986, especialmente
pp. 148,235.
[13] Vease para el Imperio britänico G. Sinclair, At the End of the Line: Colonial Policing and the
Imperial Endgame, Manchester, 2006.
[14] J. Fisch, «Law as a Means and as an End: Some Remarks on the Function of European and Non-
European Law in the Process of European Expansion», en W. J. Mommsen y J. A. de Moor (eds.),
European Expansion and Law: The Encounter of European and Indigenous Law in 19"' and 20"'-Century
Africa and Asia, Oxford, 1991, p. 23.
[15] Vease Chou Whei-ming, Taiwan unter japanischer Herrschaft 1895-1945, Bochum, 1989, pp. 178 y
ss.
[16] Vease K. Mann y R. Roberts, «Introduction: Law in Colonial Africa», en Law in Colonial Africa,
Londres, 1991, pp. 3-58.
[17] Vease M. J. Murray, The Development of Capitalism in Colonial Indochina (1870-1940), Berkeley,
1980, pp. 21-27.
[18] A esto se une una continua discusiön sobre los aspectos fuertes y debiles del Estado colonial,
especialmente en Äfrica. Vease, por ejemplo, F. Cooper, Africa since 1940: The Past to the Present,
Cambridge, 2002, especialmente p. 5; A. Eckert, Herrschen und Verwalten. Afrikanische Bürokraten,
staatliche Ordnung und Politik in Tanzania, 1920-1970, Munich, 2007, especialmente pp. 17 y ss.
[19] Vease a este respecto, por ejemplo, A. Eckert, «Exportschlager Wohlfahrtsstaat? Europäische
Sozialstaatlichkeit und Kolonialismus in Afrika nach dem Zweiten Weltkrieg», en Geschichte und
Gesellschaft 32 (2006), pp. 467-488.
[20] Se ha hablado tambien de «compassionate period»: J. Iliffe, The African Poor: A History,
Cambridge, 1987, p. 171.
[21] Vease M. Crowder, «The White Chiefs of Tropical Africa», en L. H. Gann y P. Duignan (eds.),
Colonialism in Africa, 1870-1960, vol. 2, Cambridge, 1970, p. 324.
[22] B. B. Misra, The Bureaucracv of India: An Historical Analysis of Development up to 1947, Delhi,
1977, p. 291.
[23] Vease K. Johan, The Emergence of the Modern Malay Administrative Elite, Singapur, 1984, pp. 1-5.
[24] P. R. Brass, The Politics of India since Independence, Cambridge, 21994, pp. 19 y ss.
VI. FORMAS ECONÖMICAS COLONIALES
Aun en el caso de que la apropiaciön de una colonia no tuviera originalmente
un motivo principalmente econömico, siempre tuvo profundos efectos sobre la
economia de la correspondiente regiön. El establecimiento del dominio colonial
era uno de los medios mäs importantes para lograr aquel intercambio
intercontinental que acabö dando lugar a la Europa moderna, permitiendo
explotar duraderamente nuevas fuentes de riqueza natural y trabajo humano. Los
efectos econömicos del colonialismo sobre la periferia fueron sin embargo
extraordinariamente diferentes segün el momento y el lugar: distintos en Africa
Occidental y en Africa Oriental, en Sumatra y en Java. En America, la conquista
abriö la via para su incorporaciön al sistema econömico mundial; en el Viejo
Mundo fue al reves. Solo las regiones de Asia y Africa alejadas de la costa o
pobres en poblaciön y recursos permanecieron incölumes frente a la influencia
del comercio exterior precolonial. Mucho antes de su sometimiento bajo el
dominio colonial, grandes zonas de Africa se levantaron contra la trata de
esclavos transatläntica y oriental, y mäs adelante contra el comercio «legitimo»
de bienes (por ejemplo productos de palma) con otros continentes; las nuevas
oportunidades de enriquecimiento en la costa se convirtieron en un impulso
importante para la dinämica social intraafricana.
Despues de 1890 los gobernantes coloniales prosiguieron simplemente, por
ejemplo en Africa Occidental, tendencias de desarrollo mäs antiguas de la
economia de exportaciön[l]. Igualmente inconfundibles son las continuidades
durante el periodo de descolonizaciön. Como demuestra el ejemplo de la
America Latina poscolonial despues de 1825, el final de una relaciön colonial de
dominio no lleva consigo en modo alguno la eliminaciön de la dependencia
econömica. Los paises de lo que mäs tarde se llamaria «Tercer Mundo» que
siguieron siendo politicamente independientes no experimentaron, con la
excepciön de Japön, otro tipo de desarrollo que el de las colonias. El
colonialismo solo es pues una de las muchas facetas de la historia general de las
relaciones econömicas Norte-Sur[2], Se puede hablar de economia colonial
siempre que un Estado colonial interviene en el comercio y la producciön.
POLfTICAS ECONÖMICAS IMPERIALES Y COLONIALES
La conquista colonial fue seguida en muchos casos por una fase de saqueo
econömico anärquico, de desenfrenada devastaciön econömica y ecolögica al
ponerse en practica la explotaciön abusiva de recursos fäciles de obtener. La
consolidaciön de las estracturas estatales coloniales creö primero las condiciones
para un aprovechamiento econömico mäs planificado; la teoria colonial francesa
hablaba de «valorizacion» (mise en valeur).
La economia colonial entrana, en general, la asunciön por extranjeros de la
soberania fiscal, asi como su control sobre el comercio exterior y la moneda. Asi
se posibilitö la autofmanciaciön del Estado colonial y la vinculaciön de la
colonia a los mercados extranjeros. En las colonias de dominaciön,
especialmente, se convirtiö en base financiera del sistema, en parte la tributaciön
directa del suelo y la tierra, y en parte un impuesto de capitaciön o por choza.
Luego se anadieron los impuestos indirectos al consumo, cuya recaudaciön en
Asia a menudo se alquilaba a particulares, por ejemplo en forma de monopolios
del opio[3]. La importancia de los ingresos aduaneros aumentö al crecer el
comercio exterior. Los impuestos coloniales no eran necesariamente mäs altos
que los tributos de la epoca precolonial, pero se recaudaban con mayor
regularidad y eficiencia, independientemente de la solvencia del contribuyente,
que en la «economia moral» precolonial a menudo debia encomendarse a la
clemencia en tiempos de crisis. La tributaciön colonial indujo la expansiön de la
economia monetaria y de las relaciones de mercado. Lue una herramienta
efectiva para movilizar la mano de obra sin coacciön extraeconömica: quien
queria ganar dinero en efectivo para poder pagar sus impuestos, debia abandonar
el circulo cerrado de la economia de subsistencia[4]. Las estructuras
comunitarias podian quedar destruidas al dejar de ser la aldea u otro colectivo el
que se tasaba, para pasar a serlo las propiedades o ingresos del hogar individual.
El desarrollo del comercio exterior de las colonias quedaba en manos de
negociantes extranjeros, ya fueran empleados de la corona, companias con una
carta de privilegios, agencias coloniales especializadas o corporaciones
multinacionales. El control politico quedaba reservado a los funcionarios
coloniales, o dicho con mayor precisiön, al Estado imperial. Las formas y la
intensidad podian variar: a la primera epoca de la Era Modema le siguiö,
aproximadamente entre mediados del siglo XIX y la Gran Depresiön de la
decada de los treinta, una epoca de libre comercio, y luego una fase de
«managed economy». Cada uno de esos regimenes comerciales estaba orientado
a favorecer al poder colonial, no la independencia econömica de la poblaciön
nativa.
Los lazos econömicos mäs estrechos dentro de los imperios eran los anudados
en el terreno monetario. Africa, especialmente, recibiö a traves del colonialismo,
por primera vez, un regimen monetario en el sentido moderno. El Imperio que
fue mäs lejos en el establecimiento de una unidad monetaria fue el frances. Ese
sistema se moströ tan ventajoso, en defmitiva, para las colonias que, despues de
la independencia, los paises francöfonos de Africa mantuvieron sus estrechas
relaciones monetarias con la antigua metröpoli. La mayoria de las antiguas
colonias britänicas, en cambio, optaron por la autonomia monetaria. Dado que
desde la vinculaciön de la rupia india a la libra esterlina en 1893 la gestiön
monetaria en el Imperio britänico era inusitadamente estricta, las cuestiones
monetarias dieron lugar a considerables controversias entre el poder colonial y
los criticos nacionalistas de su politica. Durante la Gran Depresiön de los treinta
se evidenciö con especial virulencia la interdependencia de las colonias en las
relaciones monetarias internacionales.
Si la liberaciön de los potenciales de exportaciön era el principal objetivo
econömico del Estado colonial, siguiö siendolo mediante los proyectos de
infraestructura de la manera mäs directa. Los sectores exportadores no se han
desarrollado casi en ningün sitio sin amplias inversiones gubernamentales. En la
India, en Java y en partes de Äfrica, existian ya en visperas de la Primera Guerra
Mundial poderosos sistemas ferroviarios. A la construcciön de las vias ferreas en
la India se le llamö «el proyecto mäs monumental de la epoca colonial» [5],
Igualmente impresionantes eran la puesta en cultivo de la tierra mediante la
construcciön de canales en el norte y oeste de la India britänica y las
instalaciones de riego francesas en Vietnam, que convirtieron el delta del
Mekong en una de las äreas de cultivo de arroz mäs productivas del mundo. El
Estado colonial tambien creö las condiciones para la pujanza del sector privado
en el comercio exterior mediante la expansiön de las instalaciones portuarias. La
navegaciön a vapor hasta las colonias y la expansiön de las redes telegräficas -
en 1900 se podia llegar por telegrama a los principales centros coloniales desde
Londres o Paris- fueron subvencionadas por los gobiernos nacionales.
AGRICULTURA CAMPESINA[6]
En las sociedades colonizadas, la gran mayoria de la gente se ganaba la vida en
la agricultura y la ganaderia y sus vivencias socioculturales se desarrollaban en
un ambiente vital rural. Esto no tenia por que significar que solo existiera una
economia de subsistencia. En los centros mäs civilizados de Asia, la produccion
precolonial para mercados cercanos o lejanos estaba muy desarrollada, y
tambien en el Äfrica escasamente poblada la agricultura habla comenzado a
reaccionar a los estlmulos del mercado. La conquista colonial se hizo notar en
dos sentidos: por un lado, se apoderö por la fuerza de los medios de produccion
agricolas y, por otro, propulsö la comercializaciön agricola.
En muchos lugares del mundo ultramarino los conquistadores intentaron
primero hacer que la poblaciön rural indigena trabajara para ellos. En ningün
sitio se mantuvo durante mucho tiempo una esclavitud completa de los nativos,
pero casi en todas partes se estableciö alguna forma de trabajo forzado. En el
siglo XVI solia darse en la America espanola, especialmente en los primeros
dias, la asignaciön por la corona de fuerzas de trabajo indigenas a particulares
(encomienda), un sistema cuya brutalidad y grado de coerciön no tenia nada que
envidiar a la esclavitud. Con el tiempo, los derechos de la encomienda cayeron
cada vez mäs bajo el control del Estado, y fmalmente se acabö exigiendo a los
indios sobre todo un tributo en especie y en oro, y cada vez menos servicios de
trabajo. Bajo el sistema del repartimiento (llamado mita en Peru), cada
comunidad indigena debia dedicar regularmente una parte de su poblaciön
masculina a la realizaciön de trabajos subalternos para los extranjeros. Ese
sistema alcanzö su nivel mäs alto de opresiön en la mineria de la plata en Potosi,
y aunque alli se mantuvo hasta el final de la epoca colonial, en el centro de
Mexico la mano de obra india habia quedado libre del trabajo obligatorio no mäs
tarde de 1800[7].
En todos los imperios de la Era Moderna hubo esclavitud hasta el gran
movimiento abolicionista del siglo XIX. En el Viejo Mundo, sin embargo, no
desempenö un gran papel en ningün lugar para la produccion agricola. El
colonialismo del siglo XIX, que en ocasiones (como en Äfrica Oriental) derivaba
su justiflcaciön de los procedimientos contra las formas orientales de esclavitud,
no renunciaba por ello al trabajo forzado. Los excesos brutales en el Estado libre
del Congo, la finca agricola privada del rey Leopoldo II de Belgica, eran
atipicos. En toda Äfrica habia no obstante determinadas formas de corvee,
pagada y no pagada, y servicios de transporte obligatorios; tambien el uso de
soldados africanos en ambas guerras mundiales se sitüa en este contexto. El
ultimo intento, antes de la economia de saqueo japonesa durante la Segunda
Guerra Mundial, de implantar en Asia trabajos forzados a gran escala, fue el
«sistema cultural» neerlandes de los anos 1830-1870, con el que se estableciö un
sistema parecido al del repartimento de la mano de obra comunal, sobre todo
para la exportaciön estatal del cafe de Java.
Una experiencia en la historia colonial reciente, al menos tan comün como el
trabajo forzado, fue la perdida de acceso al suelo, una causa casi inevitable de
pauperizaciön irreversible. Era la norma en las colonias de asentamiento del tipo
« neoingles », donde los nativos desplazados eran raramente agricultores a campo
abierto. El Estado colonial, que en muchos casos era poco mäs que un
instrumento de los colonos, proporcionaba una ayuda directa para la enajenaciön
de grandes porciones de tierra, por ejemplo en Argelia y Sudäfrica, y tambien en
Kenia, Rhodesia y Nueva Zelanda; las mejores tierras quedaban siempre en
poder de los colonos extranjeros. Äfrica Occidental, en cambio, se mantuvo
como «pais campesino» protegido por otro tipo de politica. Los indios
mexicanos perdieron gran parte de su tierra, paradöjicamente, despues de que les
quitaran la carga del trabajo forzoso. En el ultimo periodo colonial comenzö un
proceso que se mantuvo präcticamente inalterado hasta principios del siglo XX:
comenzö la expansiön territorial de grandes haciendas empresariales en la tierra
de las comunidades aldeanas y pequenos propietarios (y por tanto su
marginaciön) convirtiendolos en jornaleros, arrendatarios, aparceros o
temporcros[8]. Los indios mexicanos no perdieron el control sobre su propio
modo de vida con el trabajo forzado de principios de la colonia, que a priori
dejaba intacta la comunidad india, sino con la apropiaciön de tierras por las
haciendas semicapitalistas.
Aunque el Estado colonial en la India o en Sudäfrica no exigia la fuerza de
trabajo de los campesinos ni les quitaba sus tierras, los introdujo por doquier en
la fina red de su supervisiön. Alli donde hasta entonces habian bastado las
costumbres, tradiciones y convenios laxos, ahora se multiplicaron registros de la
propiedad, delimitaciones de los campos, liquidaciones tributarias, titulos de
propiedad e incontables reglamentos. Las propias comunidades agricolas o
ganaderas creadas entonces eran en cierto modo obra del colonialismo[9]. Como
consecuencia de aquella orientaciön integral hacia la producciön para el mercado
mundial, iniciada en Asia en el ultimo tercio del siglo XIX y en el Äfrica negra
en la primera decada del XX, vinculada con la extensiön e intensificaciön de la
agricultura, se hizo realidad el principio econömico del colonialismo
desarrollado: «la redistribuciön en el sector agricola de recursos
correspondientes a una multitud de actividades no agricolas (por ejemplo,
artesanales) para especializarlos en la producciön para la exportaciön» [10],
Muchas regiones altamente especializadas en cultivos cash-crop dejaban incluso
de cubrir sus necesidades alimenticias con sus propios productos; aquellas
sociedades se vieron sujetas en muchos sentidos por la creciente divisiön del
trabajo y la diferenciaciön interna a una «modernizacions» que al mismo tiempo
reafirmaba aün mäs explicitamente su caräcter agrario. La producciön para la
exportacion en el marco de la economia familiär campesina tuvo en Birmania y
Vietnam, en Äfrica Occidental y en las Indias Orientales neerlandesas,
repercusiones muy distintas en cada sistema agrario. En general se consolido una
estratificaciön mäs clara y estable con mayores diferencias entre ricos y pobres;
el ämbito de experiencia de la gente supero el espacio local; las estructuras de las
aldeas se hicieron mäs visibles, especialmente porque casi todas las potencias
coloniales fortalecieron o incluso crearon el puesto de jefe de aldea; el inquieto
nomadismo fue proscrito. Aunque en algunos paises del Äfrica Occidental la
pequena granja familiär, capaz de ajustarse häbilmente a la situaciön del
mercado, se beneficio del äuge de las exportaciones, en sistemas jerarquizados
de propiedad de la tierra como el de Cochinchina, en el sur de Vietnam, solo
favorecia a una pequena capa de «absentee landlords» parasitarios; la gran
mayoria de los campesinos cargados de deudas solo podian ir tirando en una
penosa existenciaJJJJ.
PRODUCCIÖN CAPITALISTA
Dos formas operativas extremadamente opuestas, la economia domestica
campesina y la plantacion, fueron (y son) los soportes mäs eficientes de la
economia exportadora agraria. La granja familiär gestiona tierras propias o
arrendadas por los miembros de la familia y quizä un pequeno nümero de
trabajadores asalariados. La plantacion es una gran empresa a menudo situada a
cierta distancia para cuya puesta en marcha se necesita una considerable
inversion de Capital en tierras, maquinaria y plantas, y que se mantiene en
marcha bajo la direcciön de unos gestores (extranjeros) de trabajadores
asalariados poco cualificados. Las plantaciones son a menudo propiedad de
corporaciones extranjeras, que tambien se hacen cargo del procesamiento y
comercializacion de los productos, y se pueden calificar con ciertas reservas de
«capitalistas», aunque eso no signifique una forma empresarial «mäs racional»
que la pequena propiedad campesina orientada al mercado. La plantacion
tropical moderna en Äfrica solo desempeno pasajeramente un papel central en
Carnemn; en una forma mucho mäs desarrollada prosperö en el sudeste asiätico
(caucho, azücar, tabaco, cafe, copra) y en Ceilän (cafe, te).
Las plantaciones de caucho en Asia, que debian su prosperidad a la
generalizaciön del uso del automövil, seguian en los grandes rasgos de su
organizaciön a las plantaciones de azücar del Caribe, aquella avanzada
instituciön capitalista de principios de la Era Moderna. Philip Curtin
caracterizaba la plantaciön atläntica plenamente desarrollada de los siglos XVII
y XVIII por seis rasgos: 1) trabajo de esclavos; 2) insuflciencia demogräflca
(reclutamiento continuo de nueva mano de obra); 3) organizaciön de gran
empresa de 50 a 500 trabajadores y una estricta distribuciön del tiempo en los
procesos de producciön; 4) soberania «feudal» de los duenos de la plantaciön, a
veces con autoridad sobre vida y muerte; 5) atenciön a una demanda exportadora
ultramarina; y 6) control politico del sistema desde Europa[12]. Las plantaciones
surgidas desde finales del siglo XIX muestran tambien todos esos rasgos. Las
condiciones de trabajo en las plantaciones del este de Sumatra hacia 1920 no
diferian fundamentalmente de las de Jamaica o Saint-Domingue dos siglos antes.
Los trabajadores no eran reclutados en el propio lugar, sino en la vecina isla de
Java o incluso en China (en las plantaciones malayas tambien trabajaban
«extranjeros», principalmente indios). No solo el Capital y la administraciön,
sino tambien la fuerza de trabajo, debian ser importados. El duro regimen de
trabajo, cada vez mäs racista, y la pura presiön explotadora, estaban igualmente
muy pröximas a la situaciön de la esclavitud legalmente sancionada[13].
Las granjas difieren de las plantaciones en cuatro puntos: los cultivos son
menos intensivos en mano de obra; la administraciön no corre a cargo de
gestores y agentes contratados, sino de los propietarios, quienes residen alli
mismo de forma estable; no se produce ünicamente para la exportaciön, sino
tambien, al menos en parte, para el mercado local; por lo general, las granjas no
se instalan como enclaves en zonas remotas o, como las plantaciones de caucho
de Sumatra, en zonas fronterizas con la selva, sino alli donde existe, para los
agricultores indigenas, una relaciön «de suma cero» de la competencia por
escasos recursos de tierras. Al igual que las plantaciones, las granjas tambien
emplean trabajadores asalariados agricolas, aunque en total constituyan una
proporciön mucho menor.
Las granjas fueron en Äfrica, por razones anälogas a las de la violencia
senorial aün mäs cruel ejercida sobre los trabajadores dependientes en las
haciendas latinoamericanas, la causa principal de la enajenaciön de la tierra. Esto
se debia en parte al tipo econömico extensivo (ganado, maiz, tabaco), y en parte
al mundo imaginado por los colonizadores europeos, cuyo ideal era un Äfrica sin
africanos. Mientras que la plantaciön se basaba concretamente en la
combinaciön de alta inversiön de Capital y explotaciön de trabajadores
extranjeros mäs baratos, culies o jornaleros, el tipo puro de la granja colonial se
gestionaba con ayuda de trabajadores europeos inmigrados, como ocurriö en
Norteamerica con el sistema de servidumbre por deudas (indentured Service). En
Äfrica, en cambio, estaba disponible con bajos salarios la mayoria de la mano de
obra local cualificada, por lo que el mercado laboral no dejaba lugar para una
clase trabajadora rural blanca. Por lo menos en el este de Äfrica habia ademäs
una artesania y un comercio minorista bajo el control de inmigrantes asiäticos
(en su mayoria indios) muy eficientes desde el punto de vista econömico.
Tambien faltaban, al menos al sur del Sahara, las condiciones para sociedades de
colonos estructuralmente completas, al estilo de una «nueva Australia».
Economicamente las granjas de colonos africanos sobrevivian precariamente
entre la competencia interna en el mercado local, que por ejemplo en Kenia dio
lugar a una especie de burguesia rural, y la competencia de grandes productores
de otros continentes en los mercados internacionales. Los colonos solo podian
compensar su debilidad econömica gracias a su relaciön privilegiada con el
Estado colonial[14]. La granja africana nunca se convirtiö en un motor de
crecimiento como las granjas capitalistas en Norteamerica o como las
plantaciones en el tröpico.
Desde el punto de vista econömico, Äfrica no ha sido nunca muy importante
como productora agricola, sino como continente minero (oro, diamantes, cobre,
etc.), comparable a grandes rasgos con el papel de Peru y Bolivia, y luego
Mexico, en la extracciön de plata. En Asia, dejando a un lado la extracciön de
petröleo, la mineria para la exportaciön rara vez ocupö una posiciön
significativa: el estano malayo y la producciön de carbön en la Manchuria
colonizada por los japoneses fueron excepciones. La mineria africana altamente
capitalizada indujo en general en su entorno inmediato enormes cambios
sociales[15], Pero los enclaves de crecimiento, en su mayoria bajo el control de
grandes empresas extranjeras, solian estar aislados del medio rural circundante.
Despues de la Primera Guerra Mundial solo habia rastros de industrializaciön en
el Äfrica Occidental francesa. Los planes de desarrollo colonial tardio tambien
se relacionaban en parte con el sector industrial. Solo en Sudäfrica, sin embargo,
bajo el inmenso costo social de un recrudecida dictadura racial, se produjo la
transiciön a una industrializaciön impulsada por la extracciön de oro. Ese
desarrollo comenzö en la decada de los veinte del siglo pasado, es decir, despues
de la independencia de facto de la administraciön publica alcanzada en 1910.
Tambien en el caso de Asia es cierto que las potencias coloniales europeas no
impidieron explicitamente la industrializaciön, aunque no la fomentaron
apenas[16]. Solo la India disponla, en el momento de su independencia, de un
sector industrial desarrollable que incluia cierta industria pesada, gracias a la
iniciativa privada tanto india como britänica[17]. Un caso muy especial fue el
del Imperio japones. Japon fue la ünica potencia imperial que creö
planificadamente una economia industrial colonial, tanto en su imperio colonial
como en las äreas de penetraciön informal: carbon, hierro y acero en Corea y
Manchuria, azucar en Taiwan, procesamiento de algodon en Shanghai y el norte
de China. Debia complementar la economia pobre en materias primas de las islas
japonesas y contribuir a la autarquia basada en la divisiön del trabajo si pretendia
poner en pie el gran espacio asiätico dominado por Japon. Aunque el
colonialismo japones fue probablemente el regimen colonial mäs represivo de la
historia reciente, y aunque los pueblos que dominö no tienen nada que agradecer
a sus opresores, su legado material y estructural fue una base importante para el
posterior desarrollo industrial de Corea, Taiwan y parte de China[l 8].
El capitalismo colonial muestra dos rasgos caracteristicos en todas sus
variantes agrarias e industriales (a excepciön quizä de la industria india): por un
lado surgiö como resultado no de la acumulaciön de Capital en el lugar, sino de la
inversion extranjera. Esto significaba que siempre era controlado externamente
en algunos aspectos y que al conflicto entre empresarios y una fuerza de trabajo
apenas sindicalizada se solia ahadir la confrontacion etnica. En segundo lugar,
los tipos de trabajo que llevaba consigo el capitalismo colonial nunca se podian
equiparar al «trabajo asalariado libre» en el sentido Occidental moderno. Los
empresarios extranjeros se valian de las variantes de la coercion extraeconömica,
como la que solia haber en las sociedades precoloniales; los salarios todavia se
pagaban parcialmente en especie; y a pesar del marco legal, el Capital disponia,
sobre todo en las colonias de dominaciön, de sus propias fuerzas o las del Estado
colonial para disciplinar a los trabajadores con medios que no eran aplicables en
el capitalismo metropolitano.
[1] Vease A. G. Hopkins, An Economic History ofWest Africa, Londres, 1973, p. 126.
[2~| Vease el repaso general de C. Coquery-Vidrovitch, «Les conditions de la dependance: Histoire du
sous-developpement», en C. Coquery-Vidrovitch y A. Forest (eds.), Decolonisations et nouvelles
dependances, Lille, 1986, pp. 25-48.
[3] Vease, por ejemplo, C. A. Trocki, Opium, Empire and the Global Political Economy: A Study of the
Asian Opium Trade, 1750-1950, Londres, 1999, pp. 150-155.
[4] Vease C. Coquery-Vidrovitch y O. Goerg, L’Afrique occidentale au temps des Franqais:
C-olonisateurs et colonises, c. 1860-1960, Paris, 1992, pp. 107-110.
[5] D. R. Headrick, The Tools of Empire: Technology and European Imperialism in the Nineteenth
Century, Nueva York, 1981, p. 181.
[6] La tipologla de formas empresariales aqul utilizada sigue por ejemplo el modelo cläsico de A. L.
Stinchcombe, «Agricultural Enterprise and Rural Class Relations», en American Journal of Sociologv 67
(1961-1962), pp. 165-176.
[7] Vease C. Gibson, «Indian Societies under Spanish Rule», en L. Bethell (ed.), The Cambridge History
of Latin America, vol. 2, Cambridge, 1984, pp. 403-405.
[8] H. W. Tobler, Die mexikanische Revolution. Gesellschaftlicher Wandel und politischer Umbruch,
1876-1940, Francfort, 1984, pp. 70 y ss.
[9] Sobre el concepto de «campesinizaciön», vease C. A. Bayly, Indian Society and the Making of the
British Empire, Cambridge, 1988, pp. 136-168.
[10] T. B. Bimberg y S. A. Resnick, Colonial Development: An Econometric Study, New Haven, 1975, p.
254.
[11] Vease Pham Cao Duong, Vietnamese Peasants under French Domination, Lanham (MD), 1985, pp.
38-61.
[12] Ph. D. Curtin, The Rise and Fall of the Plantation Complex: Essays in Atlantic History, Cambridge,
21998, pp. 11-13.
[13] Vease A. L. Stoler, Capitalism and Confrontation in Sumatras Plantation Belt, 1870-1979, New
Haven, 1985, pp. 14-46 y sobre todo J. Breman, Koelies, planters en koloniale politiek, Dordrecht, 1987,
caps. 3-5.
[14] Vease R. A. Austen, African Economic Histoiy: Internal Development and External Dependency,
Londres, 1987, pp. 173, 175 y ss.
[15] Vease sobre todo C. van Onselen, Studies in the Social and Economic History of the Witwatersrand
1886-1914, 2 vols., Johannesburg, 1982.
[16] Asi lo explica D. K. Fieldhouse, Colonialism 1870-1945: An Introduction, Londres, 1983, pp. 89, 95
y 102.
[17] Vease D. Rothermund, Indiens wirtschaftliche Entwicklung. Von der Kolonialherrschaft bis zur
Gegenwart, Paderborn, 1985, pp. 68-83 y passim.
[18] Vease para Corea D. L. McNamara, The Colonial Origins of Korean Enterprise, 1910-1945,
Cambridge, 1990; Shin Gi-Wook y M. Robinson (ed.), Colonial Modernitv in Korea, Cambridge (MA),
1999.
VII. SOCIEDADES COLONIALES
La expansiön colonial produjo estracturas sociales complejas. Ninguna colonia
consistia simplemente en una yuxtaposiciön estätica e inconexa de colonizadores
y colonizados. Para muchas sociedades colonizadas, el dominio colonial
significaba una revoluciön social. Pero tampoco los grupos de colonizadores -ya
fueran pequenos circulos militar-administrativos o grandes grupos de colonos-
eran simples copias sus sociedades de origen, sino comunidades de la diäspora
con sus propias formas de sociabilidad, enseres mentales y a menudo tambien
conexiones con otros rincones del mundo[l]. Las dinämicas y estracturas mäs
importantes que componian las sociedades coloniales se encontraban entre las
diferentes partes de la poblaciön.
Mäs allä de su variedad formal concreta, las sociedades coloniales
desarrollaron su dinämica a partir de dos condiciones bäsicas. Por un lado,
surgian de la integraciön politica forzada de grupos cuyas diferencias
(culturales, religiosas, etnicas) se veian reforzadas y estabilizadas en los
mecanismos del dominio colonial. Unidas por la conquista y la dominaciön, sus
estracturas sociales estaban estrechamente conectadas con fronteras culturales y
raciales, consideradas a veces insalvables. Esas tensiones entre inclusiön y
diferencia estaban marcadas, por otra parte, en cuanto a su importancia para las
sociedades coloniales, por un alto grado de migraciön, cruzändose en su interior
las fronteras imperiales. Esto les prestaba a menudo un caräcter «plural» que
tenia poco que ver con una confrontaciön simple de dos bloques homogeneos.
A diferencia del Estado colonial o las formas economicas coloniales, las
sociedades coloniales apenas se han conceptualizado teöricamente hasta ahora.
Una teoria muy ambiciosa es la doctrina de la «plural society» desarrollada por
el funcionario colonial britänico John S. Furnivall basändose sobre todo en el
ejemplo de Birmania. Bajo ese concepto Furnivall entendia «una sociedad en la
que conviven dos o mäs elementos u ordenes sociales dentro de una misma
unidad politica, sin mezclarse uno con otro»[2J. En la sociedad plural cada uno
de los elementos mantiene sus propios valores y metas; carece de una unidad
superior, por ejemplo religiosa; la sociedad no tiene una voluntad social comün;
sus elementos solo se mantienen unidos por el Estado colonial y por ciertos
intereses econömicos comunes; el mercado es el ünico lugar de encuentro de
todos sus componentes. Tal forma de sociedad es naturalmente inestable. Lo
nuevo de la teoria de Furnivall era que no negaba el caräcter compulsivo del
Estado colonial, pero al mismo tiempo situaba a los europeos como un elemento
social etnico-cultural junto a los demäs, con lo que superaba las dicotomias
simples: colonizador versus colonizado, imperialistas versus nacionalistas.
La notable teoria de Furnivall no dejö de suscitar criticas, reprochändosele, en
parte con mucha razön, la exclusiön de la politica, la infravaloraciön del papel de
las elites, asi como de las posibilidades de consenso y del potencial de
conflicto[3]. Su fuerza para la sociologia del colonialismo radica en que apunta a
los problemas de cohesiön e integraciön, situändolos en el nücleo de las
sociedades coloniales. Los campos de la interacciön y de la integraciön social
deben detallarse mucho mäs, frente a la concentraciön de Furnivall en la
economia. Junto a integraciön de mercado aparecen, segün el contexto, otros
mecanismos -politicos, legales, mediäticos, simbölico-culturales- de integraciön
imperial. M. G. Smith, por ejemplo, quien tomö como objeto de estudio el
Caribe britänico, reforzö la dimensiön cultural de la teoria a expensas de la
econömica y agregö la idea de una fuerte tendencia hacia el dominio cultural de
uno de los grupos[4], Tales mecanismos de integraciön llevan siempre ademäs,
en si mismos, el potencial de ^integraciön. Especialmente las relaciones de
mercado podrian -por ejemplo, por la pauperizaciön- activar la dinämica
centrifuga.
EL NUEVO MUNDO
La historia del colonialismo moderno contiene tipos muy diferentes de
sociedad colonial. America no era solo un mundo nuevo para los europeos, sino
tambien un mundo configurado socialmente de un modo muy diferente. Las
colonias norteamericanas comenzaron como västagos de Europa, y aunque
etnicamente siguieron siendo neoeuropeas, desarrollaron en ellas formas de vida
socioculturales que dejaban muy aträs sus origenes. Alexis de Tocqueville lo
dejö muy claro, de forma insuperable, en su ensayo De la Democratie en
Amerique (1835-1840).
En las tres äreas culturales de sello europeo en America del Sur -Brasil, el
Caribe, la tierra firme hispanoamericana hasta Paraguay- surgieron sociedades
de un tipo completamente diferente, mucho mäs alejadas del modelo europeo:
sociedades mixtas, etnica y culturalmente heterogeneas, que combinaban
elementos amerindios, europeos y africanos[5]. Frente al norte etnicamentre
excluyente, habia aqui un sur etnicamente incluyente. Aunque la principal
contradiccion social en el sur separaba a la clase dominante blanca, se construyo
en la practica, ya en el primer siglo despues de la Conquista, sobre todo en el
espacio colonial espanol, una jerarquia fmamente matizada de pigmentaciones,
que llegaba desde los puros espanoles hasta las masas amerindias[6]. Esta
«pigmentocracia» era doblemente complicada: por un lado, «raza» y «clase» no
siempre se correspondian estrictamente; habia un nümero creciente de pobres
blancos, mientras que al mismo tiempo surgiö una capa intermedia, en si muy
diferenciada, de mestizos y esclavos negros libertos. Por otro, no era rara la
proximidad cultural a la hispanidad, tal como se expresaba en el lenguaje, la
vestimenta y el comportamiento, mäs importante que el matiz cromätico de la
piel. A finales del siglo XV111 se abriö incluso una via juridica para el
«blanqueamiento de piel» para los mulatos ricos y educados. La ünica frontera
bäsica invariable a lo largo de los siglos es la que mantuvo la privacion material
y cultural de las masas de amerindios.
En los centros caribenos y brasilenos de las plantaciones de esclavos, donde
cabia esperar una dicotomia inconfundible de la poblaciön en una clase
dominante blanca y las masas de esclavos negros, las relaciones estaban sin
embargo lejos de ser claras. Dado que todos los regimenes de esclavitud
preveian desde un principio la liberaciön de los esclavos, en todas partes habia
que tener en cuenta -aunque menos pronunciado en las colonias muy racistas de
los franceses, britänicos y neerlandeses que en los territorios ibericos- el tercer
factor de los «libres de color»[7]. En la gran revolucion de Saint-Domingue, que
comenzo en 1791, la pequena clase de ricos propietarios «de color» de
plantaciones, que hasta entonces habian sido victimas de discriminaciones
legales, desempenaron un papel dirigente[8].
DELIMITACIONES ETNICO-CULTURALES EN EL VIEJO
MUNDO
En el Viejo Mundo no surgieron en ningün lugar, como consecuencia de la
expansiön europea, sociedades de las que se pudiera decir que eran, como las
sociedades esclavistas del Caribe, «creaciones novedosas y artificiales»£9]. En el
Viejo Mundo los colonialismos no crearon ninguna sociedad; solo
reconfiguraron las sociedades existentes: a veces parcial y superficialmente
como en Camboya, a veces radicalmente como en la vecina Cochinchina. Dentro
de los llmites territoriales de las colonias de Asia y Äfrica no surgieron
sociedades mixtas de europeos e indigenas que pudieran ser viables despues de
la independencia. Tanto los pequenos grupos de buröcratas y soldados en las
colonias de dominacion, como las grandes sociedades de colonos en las colonias
de asentamiento del tipo «africano», los extranjeros se mantuvieron lejos de la
poblacion autöctona. Eso no excluia, naturalmente, los contactos sexuales; la
explotacion sexual de las mujeres indigenas estaba a la orden del dia, y las
tentaciones sensuales en Ultramar podian ser incluso una atraccion mayor del
afän aventurero colonial[10]: pero las relaciones interraciales de todo tipo se
consideraban cada vez mäs como ilegitimas. Ademäs de una creciente
conciencia moral custodiada por los vigilantes misioneros, la razon para ello era
la idea de que una proximidad sexual perjudicaria el «prestigio racial» de los
hombres blancos y debilitaria su poder mägico como casta senorial
incorruptible[ll]. La poblacion mestiza no alcanzaba en ningün lugar un peso
demogräfico suficiente como para no ser politicamente insustancial. El estatus y
las oportunidades de los «eurasiäticos» mestizos en el mundo colonial asiätico se
deterioraron desde el inicio del siglo XIX; en el Imperio colonial frances su
pertenencia o no a la nacion suscito un extenso debate[12].
En las colonias de Asia y Äfrica se construyeron sociedades menos
entremezcladas y mäs segregadas que en el Nuevo Mundo; no disponian de
elites relativamente homogeneas ni de culturas vinculantes. El modelo bäsico,
abstracto hasta la trivialidad, de la sociologia colonial, parece mäs bien decir:
dentro del Estado colonial las relaciones de dominio sostenidas confrontan a la
sociedad mayoritaria, en principio «tradicional», de los indigenas, con la
sociedad minoritaria de los colonizadores y colonos, que no es mäs que una
cabeza de puente socio-cultural de la metropoli sin una autentica identidad
«criolla», como distintas figuras sociales destinadas a permanecer asi, una sobre
otra. Entre ambas se crean espacios interiores en los que se ofrecen nuevos roles
sociales intermedios: el del misionero (que en la metropoli existe como mucho
en la forma figurada de la «misiön interior»), el del interprete en el sentido mäs
amplio, los numerosos papeles de intermediarios comerciales y «colaboradores»
politicos, etcetera.
Pero esas äreas de interaccion se caracterizan tambien por la distancia social y
etnica. Esto explica por que la descolonizaciön de las colonias de dominacion
solia requerir poca desconcentracion social. Los colonialistas europeos,
estadounidenses y japoneses hicieron sus maletas y desaparecieron; solo dejaron
tras de si cäscaras arquitectönicas y paisajes en los que se podia leer, o bien las
consecuencias de la devastaciön ecologica, o algunos exitos anteriores de
conservaci6n[13]. Los colonos defendian tozudamente sus posiciones sobre
posesiones inmöviles como administradores. Pero si la emancipaciön de las
colonias de asentamiento se produjo de forma mäs violenta que la de las colonias
de dominacion, no se debiö ünicamente a esa resistencia mäs feroz. La sociedad
colonial y la sociedad nativa estaban, en casos como el de Argelia, mäs
estrechamente engranadas. Su separaciön fue un proceso literalmente mäs
doloroso.
La distancia social dentro de la relacion colonial era una magnitud
histöricamente variable. Otro criterio de dicha distancia, junto al de las
relaciones sexuales, es el grado de «contra-aculturaciön», la adaptaciön del
colonizador a los colonizados: asi se produjo una «africanizaciön» parcial de los
böers del Gran Trek, o en las zonas rurales remotas de America una
«indianizacion» de los espanoles, que ya en la segunda generaciön perdian el
espanol como lengua materna, o la interpenetraciön de vocabularios europeos y
palabras indi genas [14] o simplemente a la aparicion de lenguas criollas y pidgin,
o la adopciön de costumbres «bärbaras» como la de mascar areca por las finas
damas neerlandesas y semineerlandesas de Batavia. Tal «contraaculturaciön»
solo afectaba, no obstante, en unos pocos casos excepcionales, al nücleo de la
identidad cultural: los europeos casi nunca abandonaban por las buenas sus
convicciones cristianas.
Es caracteristico de la historia social y cultural del colonialismo moderno,
sobre todo en Asia, que la distancia entre ambas sociedades enganchadas en la
relacion colonial aumento desde finales del siglo XVIII. Mientras que la escala
de estatus en Iberoamerica fue mejorando a ojos vista y con ello se acentuaron a
menudo los criterios raciales con nueva insistencia, la dualizaciön del paisaje
social colonial empeorö en Asia y Äfrica. Solo en el Asia portuguesa se llego en
las decadas de 1760 y 1770, gracias a la politica ilustrada de la corona, a una
mejora significativa, sobre todo de la situaciön del clero indigena[15]. El
aislamiento de la comunidad europea frente al entorno indigena tuvo muchas
causas, que influyeron en diversas combinaciones especiales: 1) Si bien Portugal
y los Paises Bajos patrocinaron oficialmente al principio los matrimonios de
europeos con mujeres asiäticas, algo que las demäs potencias coloniales
toleraban täcitamente, la inmigraciön de mujeres europeas habia intensificado la
autarquia sexual de las sociedades de colonos. 2) La transiciön del comercio al
dominio y en parte a la produccion directa con mano de obra dependiente
convirtio la «era de la asociacion»[16] en una era de sumisiön. 3) La resistencia
violenta de los indlgenas reforzo la necesidad de seguridad de las minorlas
blancas y su tendencia al enclaustramiento: asl sucediö con la masacre de
colonos en Virginia en 1622 o el levantamiento indio de 1857-1858. 4) La
opiniön derivada del eurocentrismo cristiano de los primeros encuentros, sobre
la superioridad civilizatoria general de Europa hacia aparecer cada vez mäs
como «inaceptables» las relaciones estrechas y equitativas con los no europeos y
una deferencia cultural frente a ellos. 5) Tras la abolicion paulatina de la trata de
esclavos y del esclavismo sobrevivio no obstante el pensamiento racista en
formas legitimadoras menos cradas, pero mäs «cientificas». Sin embargo, el
racismo solo se puede utilizar con precauciön como variable explicativa
independiente; a menudo se trata de una ideologia justificativa anadida a la
segregaciön präctica[17].
La distanciacion etnico-social era un fenömeno del comportamiento social, no
siempre amparado por la aplicaciön de leyes discriminatorias. Un buen ejemplo
es Batavia, la ciudad mäs poblada y esplendida gobernada por europeos en Asia
hasta mediados del siglo XVIII. Alli se formo en la primera mitad del siglo XVII
una sociedad mixta basada en la esclavitud domestica y la expansiön de redes de
familias y patronazgo «criollo» con una tolerancia relativamente alta a las
relaciones familiäres interraciales, una sociedad que mostraba muchas
similitudes con la de Mexico y mäs aün con la colonizaciön portuguesa en Asia
y que en las formas de vida de sus clases altas apenas se distinguia del entorno
javanes mäs que de las vigentes entonces en los Paises Bajos. Con el interregno
britänico de los anos 1811-1816 comenzö no obstante una clara demarcaciön
entre las esferas europea y asiätica. Los neerlandeses bätavos estaban
escandalosamente «infectados» a ojos de los britänicos, por lo que se les
prescribio una especie de descontaminacion cultural. Los blancos de la ciudad y
sus parientes mestizos debian desarrollar a partir de entonces una identidad
como europeos civilizados y debian ponerla de relieve en su comportamiento en
püblico ante los javaneses[18],
En la India, los britänicos se habian mantenido siempre mäs alejados de la
poblaciön nativa que los neerlandeses en Indonesia. Alli se reforzo el
aislamiento, visible como la perdida paulatina de estatus de los angloindios
euroasiäticos desde la decada de 1780, aunque hacia 1830 algunos influyentes
politicos indios todavia sonaban con una India racialmente mixta segün el
modelo de Mexico[19]. El centro de la vida social de los britänicos en la India y
las demäs colonias asiäticas durante la epoca victoriana solia ser el club. Alli
permanecian, servidos por personal local, como Caballeros bien avenidos: en
Kuala Lumpur habla antes de 1940 un punado de no europeos; en Singapur no se
admitia ni a uno solo; los grandes clubes de Calcuta permanecieron cerrados a
los indios hasta 1946[20]. Ese tipo de «barreras de color» era especialmente
penoso, ya que excluia precisamente a los indios socialmente reconocidos -
incluso a los miembros de la administraciön publica- que se habian esforzado
mäs por su anglizaciön y que seguian siendo fieles al dominio britänico[21].
El periodo colonial en la mayoria de las regiones de Africa comenzö en un
momento en el que el pensamiento y la practica exclusivista se hallaban en su
apogeo. Por lo general no habia antecedentes de cercania intercultural que
pudiera haber acabado cerrando la brecha. Los europeos se sentian con plena
conciencia como amos extranjeros, separados por un abismo de las culturas
africanas, e incluso del islam no tan «primitivo», al que sin embargo se tenia
como histöricamente superado. Las barreras raciales se situaban no obstante a
diferentes niveles, el mäs bajo en Africa Occidental, el mäs alto en las colonias
de asentamiento del alto norte y del sur profundo. Un proceso de gran
importancia sintomätica fue el rechazo de los africanos occidentales educados, a
los que habian rozado las primeras misiones, y que en visperas de la toma del
poder colonial ponian sus esperanzas en una modernizaciön y «civilizaciön» de
Africa como proyecto comün euroafricano[22]. Ahora se encontraban entre la
espada y la pared, despreciados como «negros blancos» por el racismo
imperialista.
CIUDADES COLONIALES Y «SOCIEDADES PLURALES»
La distancia etnica y social que caracteriza al nücleo sociolögico del
colonialismo en los siglos XIX y XX se constata en las ciudades coloniales
mejor que en cualquier otro ämbito[23]. Como espacios centrales de interaccion
y de conflicto, tenian un significado especial para los intentos de planificacion e
intervenciön en las sociedades coloniales. Las ciudades coloniales tenian sus
puntos notables indefectibles: la catedral, edificios del gobierno y consulados, la
aduana, la estacion, los cuarteles, en el Imperio britänico el hipodromo y, en
ocasiones, tambien el campo de golf. Su pauta espacial consistia en una
segregaciön, a veces natural y a veces politicamente inducida, de las äreas
residenciales segün criterios raciales. En Calcuta, un centro britänico
präcticamente creado por la Compama Britänica de las Indias Orientales,
crecieron desde el siglo XVIII, una junto a otra, una «ciudad blanca» y una
«ciudad negra», sin apenas planificacion. En la antigua Capital mogul de Delhi
los britänicos se establecieron al principio dentro de los muros de la ciudad,
creando luego, desde 1870, distritos residenciales separados. En Kingston
(Jamaica), la retirada de los blancos de las äreas residenciales mixtas se produjo
casi en la misma epoca. Desde la decada de 1880 se propago tambien
intensamente en el Africa francesa la separaciön espacial entre blancos y negros.
Era especialmente sencilla en las ciudades de nueva creacion construidas
sistemäticamente: Dakar, Nairobi, Singapur o los fastuosos nuevos centros
residenciales como Rabat y Nueva Delhi. Los distritos europeos eran amplios,
construidos con un estilo arquitectonico de villas o bungalös; cuando era posible
se situaban en lugares altos y estaban dotados de sistemas avanzados de
alcantarillado, por lo que eran mäs saludables que los estrechos y a menudo mäs
profundos distritos indigenas, localizados en las proximidades de un rio o un
lago. A veces, como en Bombay, la iniciativa privada socialreformista de
medicos o ingenieros llevaba sin embargo a una mejora considerable de las
condiciones sanitarias que se extendia tambien a los barrios indigenas. En
Marruecos la combinacion de experimentos arquitectönicos y urbanisticos muy
ambiciosos en los nuevos distritos con una politica de conservaciön sistemätica
de las viejas ciudades «indigenas» se convirtio en simbolo de la ideologia del
Protectorado. La geografia economica estaba a menudo marcada por la
oposiciön entre bazar y kontor.
Seria sin embargo un gran error interpretar las ciudades coloniales
exclusivamente como «ciudades duales» [24]. La tendencia a mantener espacios
de vida segregados no impedia en absoluto la interacciön y el intercambio social
diario. Una sutil planificaciön urbana como en Delhi desde su proclamaciön
como Capital de la India en 1912 contenia tambien jerarquias fmamente
graduadas de derechos y necesidades[25], En general la ciudad colonial deberia
caracterizarse como «plural», como un espacio vital para mäs de dos grupos
etnicos[26], No solo urbes tan legendarias como Shanghai o Casablanca eran
crisoles e infiernos cosmopolitas. Ya en la antigua Batavia habia junto a los
neerlandeses e indonesios (entre ellos muy diferenciados), miles de chinos y
hasta cientos de ärabes asentados. Y en la ciudad futurista de Singapur se
introdujeron en 1823 aquellas «concentraciones etnicas» que todavia se dejan
notar en el paisaje urbano actual. Se preveian entonces zonas propias para
chinos, indios, bugis, ärabes (con su mezquita) y europeos en el espacio urbano
comün. Era habitual que los europeos mäs prösperos se retiraran ya en 1 840 de
las orillas densamente pobladas y edificaran sus villas en medio de parques
interiores[27].
El caräcter «plural», multietnico, de muchas colonias, era particularmente
evidente en sus centros urbanos, pero no se limitaba a eilos. Tenia dos causas: en
primer lugar, la convivencia por primera vez en la historia de pequenos grupos
socio-etnicos en un Estado territorialmente definido, y tambien los movimientos
migratorios, que aunque no siempre se debieran al colonialismo, se habian visto
intensificados por el. Una mirada retrospectiva a la historia de la colonizaciön y
la creaciön de colonias en la Era Moderna puede revelar incluso su efecto de
movilizaciön de masas como su herencia mäs profunda. Esto no se refiere
ünicamente a America y Oceania, sino tambien a Asia y Äfrica. Si bien cabe
constatar la emigraciön de chinos a todas las regiones del sudeste de Asia desde
la dinastia Tang (siglos Vll-X), fue solo como consecuencia de las nuevas
oportunidades econömicas abiertas por la economia colonial del siglo XIX como
se convirtiö en un fenömeno de masas. Los indios se trasladaron por cientos de
miles a Birmania, Malasia, Äfrica Oriental y del Sur e incluso a algunas de las
islas Antillas[28]. En el Oriente Pröximo la regiön de emigraciön por excelencia
era el Libano, desde el que se trasladaron y crearon enclaves importantes, por
ejemplo, en Äfrica Occidental. En el interior de Äfrica eran mäs raras la
emigraciön en masa y la formaciön de diäsporas etnicas; los trabajadores
emigrantes, en su mayoria varones jövenes, abandonaban sus aldeas con la
esperanza de regresar a ellas. Pero incluso en este caso, el nivel de la movilidad
aumentö desde principios del siglo XX de modo significativo, dando lugar a una
polarizaciön entre regiones pobres como Mozambique o Niasalandia/Malaui, y
el imän del empleo en las minas y en la economia orientada hacia la exportaciön
en los paises vecinos.
En muchas colonias fueron minorias inmigradas no occidentales las que se
hicieron cargo del comercio con el exterior. Los «descubridores» europeos de
Asia ya se habian percatado de la diversidad etnica de los grupos de
comerciantes en ciudades portuarias como Calicut o Malaca. Con el
colonialismo moderno se convirtieron en «nichos etnicos» que albergaban
nuevas oportunidades empresariales; por ejemplo, fueron chinos los que se
hiceron cargo de la industria del estano de Malasia y de la producciön china de
textiles de batik en Java; la minoria parsi, mäs religiosa que etnica, ocupö un
lugar preeminente en el desarrollo de la industria textil del algodön en la India.
En general no hubo ünicamente un exodo de los europeos alejändose de los
vecindarios nativos; los gobiernos coloniales daban tambien gran importancia a
la separaciön de los grupos de poblaciön no blanca. Esto tenia que ver en parte
con tecnicas de dominaciön mediante el equilibrio, y en parte con la proyecciön
de recientes criterios occidentales de etnicidad en las sociedades, cuyo estudio
era ahora tarea de etnologos y antropologos. Lo que distingula a la ciencia sobre
la base de criterios lingüisticos y socio-cientificos, tambien debia servir para
propösitos präcticos. Ya el « indirect rule» britänico en la forma teörica que le
dio en torno al cambio de siglo sir Frederick Lugard, y la «politique des races»
segregacionista de algunos de sus contemporäneos franceses, tenian un fondo
etnicista parecido[29].
Los grapos de europeos que vivian en las colonias eran tambien a menudo mäs
diversos de lo que sugiere la retörica de una clara «frontera racial». Entre los
representantes de cada metröpoli solian convivir numerosos «extranjeros»
europeos. Grandes comunidades de colonos provenian a veces de reservas
demogräficas distintas a la propia potencia colonial; esto era especialmente
evidente en el caso de Palestina/Israel. En Argelia, a finales del siglo XIX, solo
se podia asegurar una mayoria estable de ciudadanos franceses entre los colonos
mediante medidas estatales de naturalizaciön. Las diferenciaciones -y
conflictos- intraeuropeos se superponian alli tendencialmente con las enormes
diferencias sociales entre las clases inferiores urbanas y rurales de «petits
blancs» y la gran riqueza de los terratenientes. La comunidad de colonos
mostraba una clara jerarquia etnico-social encabezada por «franceses raciales» y
formada en sus capas mäs bajas por colonos malteses y judios con nacionalidad
argelina.
La dinämica contradictoria de las sociedades plurales en Asia y Äfrica solo se
suavizo en parte tras la emigraciön de los colonizadores a raiz de la
descolonizacion, manteniendose a pesar de ella en diversos aspectos, tal como se
ha manifestado en muchos choques etno-religiosos del presente, incluso despues
del final del dominio colonial y de una fase de transicion postemancipatoria.
[1] Vease, por ejemplo, A. L. Stoler, «Rethinking Colonial Categories: European Communities and the
Boundaries of Rule», en Comparative Studies in Society and History 31 (1989), pp. 134-161, y un estudio
sobre una familia escocesa activa a escala global: E. Rothschild, The Inner Life of Empires: An
Eighteenthcentury History, Princeton, 2011.
[2] J. S. Fumivall, Netherlands India: A Study of a Plural Economy, Cambridge, 1944, p. 446, y tambien
Colonial Policy and Practice, op. cit., pp. 303-312.
[3] Vease D. L. Horowitz, Ethnie Groups in Conflict, Berkeley, 2000, pp. 135-139.
[4] Vease M. G. Smith, The Plural Society in the British West Indies, Berkeley, 1965.
[5] Comparaciön entre Norteamerica y Sudamerica: M. Mömer, «Labor Systems and Patterns of Social
Stratification in Colonial America: North and South», en W. Reinhard y P. Waldmann (eds.), Nord und Süd
in Amerika, vol. 1, Friburgo, 1992, pp. 347-362.
[6] Alexander von Humboldt observo hacia 800 ese sistema de «castas», describiendolo en su gran
sociologla de Mexico: Studienausgabe, ed. por H. Beck, vol. 4, Darmstadt, 1991, pp. 162-200; estudios
particulares en A. B. Fisher y M. D. O’Hara (eds.), Imperial Subjects: Race and Identity in Colonial Latin
America, Durham (NC), 2009.
[7] Comparacion entre las distintas colonias en H. S. Klein y B. Vinson, African Slavery in Latin America
and the Caribbean, Nueva York, 2007, pp. 193-225.
[8] L. Dubois, Avengers of the New World: The Stoiy of the Haitian Revolution, Cambridge (MA), 2004.
[9] F. W. Rnight, The Caribbean: The Genesis of a Fragmented Nationalism, Nueva York, 1990, p. 179.
[10] Vease R. Hyam, Empire and Sexuality: The British Experience, Manchester, 1990.
[11] Vease K. Ballhatchet, Race, Sex and Class under the Raj: Imperial Attitudes and Policies and Their
Critics, 1793-1905, Londres, 1980, pp. 144 y passim.
[12] Dazu E. Saada, Les enfants de la colonie: les metis de VEmpire franqais entre sujetion et
citoyennete, Paris, 2007.
[13] Vease W. Beinart y L. Hughes, Environment and Empire, Oxford, 2007; R. A. Butlin, Geographies
of Empire: European Empires and Colonies c. 1880-1960, Cambridge, 2009, pp. 396-451.
[14] Un asombroso documento al respecto es H. Yule y A. C. Bumell (ed.), Hobson-Jobson: A Glossary
of Colloquial Anglo-Indian Words and Phrases ..., Calcuta, 1886(muchas reediciones).
[15] Vease C. R. Boxer, The Portuguese Seaborne Empire 1415-1825, Londres, 1969, pp. 256-258.
[16] Vease B. B. Kling y M. N. Pearson (ed.), The Age of Partnership: Europeans in Asia before
Dominion, Honululu, 1979.
[17] Vease Fisch, Geschichte Südafrikas, op. cit., pp. 288-290.
[18] Vease J. Gelman Taylor, The Social World of Batavia: European and Eurasian in Dutch Asia,
Madison (WI), 1983, pp. 96 y ss., especialmente 102 y 113.
[19] Vease E. Abel, The Anglo-Indian Community: Survival in India, Delhi, 1988, pp. 15 y ss.; P. J.
Marshall, «British Immigration into India in the Nineteenth Century» en P. C. Emmer y M. Mömer (eds.),
European Expansion and Migration, Nueva York, 1992, p. 192.
[20] Vease J. G. Butcher, The British in Malava 1880-1941: The Social Historv of a European
Community in Colonial South East Asia, Kuala Lumpur, 1979, pp. 80-83; R. K. Ray, Social Conflict and
Political Unrest in Bengal 1875-1927, Delhi, 1984, p. 22.
[21] Vease las Declaraciones de Historia Oral en Z. Masani, Indian Tales of the Raj, Berkeley, 1987, pp.
51-70.
[22] Vease A. Adu Boahen, African Perspectives on Colonialism, Baltimore, 1987, pp. 17-26; I. Geiss,
Panafrikanismus. Zur Geschichte der Dekolonisation, Fräncfort, 1968, pp. 83 y ss.
[23] Vease el detallado J. Osterhammel, Die Verwandlung der Welt. Eine Geschichte des 19.
Jahrhunderts, Munich, 2010, pp. 412-424 [ed. cast.: La transformaciön del mundo. Una historia global del
sigloXIX, Barcelona, Critica, 2015],
[24] J. Abu-Lughod, «A Tale of Two Cities: The Origins of Modem Cairo» en Comparative Studies in
Society and Historv 1 (1965), p. 429.
[25] Vease A. D. King, Colonial Urban Development: Culture, Social Power and Environment, Londres,
1976, pp. 231-275.
[26] D. Prochaska, Making Algeria French: Colonialism in Böne, 1870-1920, Cambridge, 1990, p. 18.
[27] Vease Teo Siew-eng y V. B. Savage, «Singapore Landscape: A Historical Overviw of Housing
Image» en Emest C. T. Chew y E. Lee (eds.), A Historv of Singapore, Singapur, 1991, pp. 314-317 (cita en
P- 317).
[28] Repaso general en A. McKeown, «Global Migration, 1 846- 1 940», en Journal of World Historv 1 5
(2004), pp. 155-189.
[29] Vease G. Leclerc, Anthropologie und Kolonialismus, Francfort, 1976, pp. 67-81.
VIII. COLONIALISMO Y CULTURA INDIGENA
El escritor antillano V. S. Naipaul, fallecido en agosto de 2018, explicaba en
East Indian: «El sujeto colonial, en cualquier sociedad, es el producto de una
revoluciön, y esa revoluciön tiene lugar en la conciencia»[l]. Tal revoluciön se
iniciö como consecuencia del contacto con la civilizaciön Occidental expansiva,
un contacto que raramente llevö al colapso completo de cosmologias y modos de
vida precoloniales, sino mäs bien a su «desestructuraciön» en fragmentos[2] o al
menos a cuestionar las evidencias culturales. La revoluciön individual y
colectiva de la conciencia consistia en la percepciön de esta vibraciön y en el
intento de ajustarse a ella. La mayoria de las reacciones fueron de algün modo
creativas. La civilizaciön Occidental nunca se ha impuesto plenamente sin
quebranto.
La epoca colonial es una etapa importante en el proceso global de
occidentalizaciön. Ese proceso comenzö en muchos lugares, por supuesto, antes
de la colonizaciön (algo evidente, por ejemplo, en Egipto); tambien afectö a
sociedades como la japonesa y la turca, que nunca cayeron bajo el dominio
extranjero; y continuö despues de la independencia. Es bastante evidente que la
difusiön mundial de los medios de comunicaciön y las ofertas de consumo
occidentales durante las ültimas decadas han cambiado mäs las civilizaciones no
europeas que siglos de impronta colonial.
El causante de tal situaciön fue inicialmente el Estado colonial, que intervino,
con muy distinta intensidad, en las culturas indigenas. Se trataba principalmente
de una cuestiön de intenciön y estrategia de la colonizaciön. Los extremos
podian estar bastante pröximos entre si [3] : en Filipinas -como por supuesto
tambien en America-, los espanoles practicaron desde el siglo XVI una vigorosa
politica de occidentalizaciön, mientras que en Indonesia, durante los siglos XVII
y XVIII, los neerlandeses se dedicaron con mayor entusiasmo a sus negocios, sin
interferir apenas en su entorno cultural. El espanol se convirtiö tambien en la
lengua habitual en las colonias, mientras que el neerlandes no lo fue, al menos
hasta el siglo XIX.
La variable distintiva mäs importante fue el papel de la misiön cristiana. En el
ärea iberica la Iglesia catölica era desde un principio parte integral del proyecto
de expansiön. En el Nuevo Mundo sirviö al Estado como poderoso instrumento
de penetraciön cultural. En el archipielago de Filipinas el poder de las ördenes
monästicas sobrepasaba al de los funcionarios seculares del Estado. Fue la ünica
regiön de Asia convertida en objetivo de una invasiön cristiana puesta
concienzudamente en marcha[4]. La misiön catölica se extendiö al mundo entero
tras la Contrarreforma del siglo XVI manteniendose hasta mediados del XIX,
aunque sus avances fueran vacilantes. En America perdio pronto su impulso
vehemente y con frecuencia degenero en una opresiva tirania sacerdotal; en
Japön fracaso en su intento de vertebrar una oposiciön politica, y en China y
Africa sus logros fueron minimos.
En toda el ärea de colonizacion de las primeras potencias protestantes se
renuncio al intento de cristianizacion y «civilizaciön» de los nativos. Las
energias pastorales se centraron en la fe de los colonos, y no solo en el Imperio
neerlandes; la Compania Britänica de las Indias Orientales puso mucho cuidado
en sus dominios hasta 1813 en no inmiscuirse en asuntos religiosos, y los
puritanos de Nueva Inglaterra consideraban a los amerindios como «hijos de
Satanäs», sin plantearse siquiera la posibilidad de suponerlos dignos de una labor
misionera. El origen de la nueva mision protestante se sitüa pues en el
movimiento de reactivaciön evangelica de finales del siglo XVIIi y principios
del XIX, estrechamente relacionado con el movimiento antiesclavista[5].
Las misiones de los siglos XIX y XX no pueden ser consideradas en general un
instrumento del colonialismo[6]. En el caso frances lo fueron como mucho hasta
(y a veces a pesar de) el laicismo de la Tercera Repüblica, aunque los misioneros
fueran transportados en buques de guerra o aunque sus peticiones de ayuda
ofrecieran, por el contrario, una ocasiön muy oportuna para la intervencion
armada. Tambien sucediö a veces (en los mares del Sur) que astutos gobernantes
nativos se valieran de los misioneros como aliados en su propia lucha por el
poder local. En general, los misioneros de todas las denominaciones y
nacionalidades apoyaron la anexiön colonial, aprobaban por principio el sistema
colonial y compartian la arrogancia cultural de sus compatriotas seglares, que
podia llegar hasta la agresion rabiosa contra formas de vida no occidentales.
Pero tambien hubo siempre representantes de una «izquierda» misionera que se
oponian a los excesos de la arbitrariedad colonialista; despues de la Primera
Guerra Mundial reconocieron, antes que otros, la tendencia a la emancipacion,
que trataron de tener en cuenta mediante la indigenizacion del clero.
Las misiones protestantes estaban organizadas en una multiplicidad de
sociedades, que diferian entre si en sus objetivos y metodos y que solian
proceder de paises no coloniales; tambien operaban fuera de constelaciones
regularmente coloniales, por ejemplo las misiones estadounidenses en China.
La «Dialektik des Kolonialismus» [«Dialectica del colonialismo»] expuesta
por Wolfgang Reinhard, esto es, la independencia con respecto a efectos
secundarios y reacciones no intencionadas[7J, se puede constatar con especial
claridad en las misiones, puesto que su eficacia se muestra en ultimo termino no
solo, y quizä ni siquiera principalmente, en su exito en las conversiones, sino en
su actividad educativa y benefica y en la transmisiön de los valores culturales
seculares occidentales, subproductos mäs bien de la intencion primaria de la
cristianizaciön. A la vista de esas imprecisiones, no parece lo mäs recomendable
insistir en las diferencias segün los agentes -aqui el Estado colonial, alli la
mision- sino en las diferencias entre los campos de contacto y conflicto entre
culturas. Los mäs importantes eran la religion y la educaciön.
RELIGION
El regimen colonial y los misioneros procedian con distinto afän contra los
cultos y convicciones autoctonos, mientras que estos se resistian a su vez en
distinto grado. Del choque resultaban, a grandes rasgos, cuatro posibles
resultados. Era präcticamente imposible que lo importado y lo autenticamente
propio, «modernidad» y «tradicion», se superpusieran sin mäs o se sumaran
mecänicamente. Siempre surgia de algün modo algo nuevo.
1) Supresiön de cultos locales e imposiciön de una religion ünica (cristiana)
amparada estatalmente. El caso cläsico es el de Mexico. Alli se desbarato la
espina dorsal organizativa en el terreno religioso mediante la destruccion de
templos y la persecuciön de la «idolatria» azteca y de sus sacerdotes. El pais
quedo cubierto por una densa organizacion eclesial, sobre todo en el interior,
donde los indios cayeron bajo el «mäs terrible despotismo» de los monjes[8],
Junto a la religion cristiana monoteista se importo todo el bagaje cultural de la
Europa moderna: un concepto individualista de la persona, el ideal de la familia
nuclear, una concepcion «civilizada» del cuerpo y la sexualidad, una concepcion
lineal del tiempo, la textualizacion de los recuerdos, etc. La religion amerindia se
sostenia en cambio en präcticas, imägenes y simbolos fragmentarios en los que
el cristianismo se «infiltro», llevändolos a formas mixtas «sincreticas». Los
indigenas tambien respondieron a los elementos no religiosos de la imaginaciön
europea con adaptaciones e interpretaciones enormemente creativas£9]. Algo
parecido sucediö en Filipinas, dändose un toma y daca de prestaciones y
asimilaciones culturales.
2) Autocristianizaciön y transiciön a iglesias locales. Asi se podria describir a
grandes rasgos, cargando las tintas, la evoluciön experimentada en el ärea de
influencia protestante de Äfrica. Tambien aqul desempenö un papel importante
el sincretismo, aunque fuera diferente que en America. Los primeros impulsos
misioneros europeos desde 1860 en adelante, aproximadamente, con un respaldo
estatal menos rigido que en Hispanoamerica, fueron retomados en una segunda
fase por los propios africanos. Los misioneros construyeron las organizaciones
eclesiales; la predicaciön y la conversiön corrieron luego a cargo de ayudantes
en su mayoria indigenas. En una tercera fase se crearon iglesias africanas. El
mensaje cristiano precedio asi a sus portadores europeos, y se convirtio en una
inspiraciön importante para la descolonizaciön.
3) Estlmulo para movimientos de oposiciön no cristianos. En una amplia
variedad de casos, la confrontaciön de visiones del mundo no llevö a una
cristianizaciön adaptada al medio local, sino por el contrario a la acogida -a
menudo inconsciente- de elementos occidentales-cristianos en mundos
representativos religiosos que en el fondo seguian sin ser cristianos. Ante una
crisis de orientaciön cultural, las religiones locales eran reformuladas, a menudo
para fortalecer su resiliencia. Cuando esto sucedia recurriendo a la magia, como
en la Rebelion Maji Maji en Äfrica Oriental (1905-1907) o entre los «böxers»
chinos antimisioneros (1898-1900), podia tener consecuencias fatales: las balas
de canon europeas no se dejaban «licuar» mägicamente con facilidad. Mayor
exito prometian movimientos de reforma socio-religiosos que pretendian
revitalizar, renovar o reinterpretar las reservas espirituales tradicionales y que en
general no iban mäs allä de la critica de las desviaciones de los häbitos
religiosos. Paradöjicamente, esa büsqueda de «autenticidad» a veces reflejaba
una obsesiön del orientalismo Occidental, como el de los primeros estudios
religiosos del siglo XIX, por «sustancias» culturales autenticas en realidad
inexistentes en la mezcolanza religiosa habitual en Asia. Por eso, el concepto y
circunstancias del «hinduismo» como «religiön mundial» claramente
identificable y doctrinalmente descriptible son ajenos a la India precolonial: el
«hinduismo» no es sino «una orquidea cultivada con esmero por la ciencia euro-
pea»[10]. Al desarrollarse en el interior del neohinduismo de la India corrientes
sobre esa base, dieron lugar a una ruptura con el pasado mäs decisiva de lo que
preveian sus programas. En tales tradiciones religiosas y nacional-culturales
«inventadas» arbitrariamente o no, se basan muchas variantes de un
«tradicionalismo solidario» anticolonialista[ll]. Sin embargo, no debe pasarse
por alto que el conflicto con Occidente no solo condujo a una reafirmaciön del
particularismo propio o incluso a un fundamentalismo, sino que tambien
estimulö corrientes universalistas del pensamiento en todas las civilizaciones
asiäticas, que inspiraron una sintesis religiosa y filosofica de Oriente y
Occidente. Por ultimo, se han dado casos de sincretismo carentes de tradiciön,
como la secta vietnamita fundada en 1926 de Cao Dai, que entremezclaba el
confucianismo, el budismo, el taoismo, el espiritismo, la masoneria y algunas
otras ideas, en una organizaciön eclesial cuasi-catölica; en politica se
comportaba de manera oportunista.
4) Autoafirmaciön o simple refuerzo del ordert existente. El islam diferia de
todas las demäs religiones con las que los misioneros y colonizadores entraron
en contacto, ya que, en primer lugar, se trata de una religiön con su propia
practica misionera y expansiva; en segundo lugar tenia una historia mucho mäs
intensa de contactos con la Cristiandad; y en tercer lugar, desde siempre habia
permanecido präcticamente inmune frente a los esfuerzos de cristianizaciön. La
actitud al respecto de las potencias coloniales era contradictoria: por un lado,
mantenian la tradiciön vigente desde las cruzadas del antiislamismo cristiano,
pero por otro las elites musulmanas, especialmente en el centro de Äfrica, la
India y Malasia, resultaban ser socios especialmente valiosos en la indirect rule:
tenian sus sociedades jerärquicamente ordenadas bajo un control previsible.
Donde no, como en Argelia, por violento que fuera el ataque del Estado colonial
contra la religiön, la ley y la educaciön de los musulmanes, las formas de vida
islämicas conservaban en gran medida su integridad. En Malasia, por ejemplo, la
mayoria de la poblaciön reaccionö contra la presiön cultural y las tentaciones
(para algunos) del estilo de vida Occidental, mediante la consolidaciön, apenas
visible desde el exterior, de su identidad como comunidad islämica y la
expansiön de instituciones islämicas subburocräticas. La consecuencia del
colonialismo no fue alli la perdida de la cultura nativa, sino su
reforzamiento[ 1 2] . Tambien el islam fue cambiando de forma natural; ninguna
otra religiön se ha ocupado desde el siglo XIX tan obsesivamente y con
resultados tan divergentes (en la escala entre liberalismo y fundamentalismo) de
su relaciön con Occidente. Sobre todo en el mundo colonizado surgieron desde
finales del siglo XIX movimientos de reforma que acogieron e hicieron suyos los
avances tecnicos y cientificos occidentales, aunque a menudo vinculändolos con
un retorno a las primeras «fuentes» de su fe.
EDUCACIÖN
Los transmisores de los valores culturales occidentales eran principalmente las
escuelas, ya fueran gestionadas por misioneros o por el Estado, y a veces
tambien en manos privadas no misioneras. Francia preferia -al menos en teoria-
una educaciön publica, mientras que Gran Bretana, Belgica y Alemania la
confiaban a los misioneros, que en cualquier caso subvencionaban. Dado que la
educaciön no era en general un campo privilegiado de la alta politica colonial,
habia un sin fin de variantes locales. Lo que se podia entender en particular por
una «escuela» colonial variaba entre una asamblea del poblado, al que un
interprete local trataba de alfabetizar, y escuelas secundarias que seguian el
modelo de la reforma educativa, en algunas de las principales ciudades. En
general estaba relativamente mäs desarrollado (como en la Europa de principios
de la Modernidad), el sistema de la ensenanza secundaria. Los principales
beneficiarios de sus instalaciones eran los hijos de las capas medias urbanas
locales, que debian formarse como cuadros para los rangos inferiores de la
administraciön y como empleados de las empresas europeas. Los costes de
matricula dictaban las oportunidades de entrada. La extendida disposiciön de la
exigencia de un titulo de ensenanza metropolitano para el acceso a los puestos
mäs altos del servicio colonial tenia el mismo efecto que una barrera racial, pero
una estancia en una escuela o universidad en Francia o Inglaterra solo estaba al
alcance, evidentemente, de pequenas fracciones de las clases altas. Jawaharlal
Nehru, el primer jefe de gobierno de la India independiente, era hijo de un rico
abogado indio y se habia formado en una elegante escuela privada inglesa y en la
Universidad de Cambridge[13],
El mundo colonial carecia, en casi todas partes, de una educaciön primaria
amplia; los britänicos, en particular, no le concedian gran importancia hasta los
Ultimos tiempos de la epoca colonial. Aun con las mejores intenciones, la
estrechez fmanciera impedia la puesta en practica de programas educativos
masivos. En el Äfrica Occidental francesa, una regiön con un nivel educativo
superior a la media, la tasa de matriculaciön en la decada de los treinta del
pasado siglo era inferior al 4 por 100. Solo se fundaron universidades en los
Imperios espahol, britänico y frances, y en Indonesia escuelas especiales de
ingenieria, derecho y medicina en la decada de los veinte. Los pocos que tenian
la oportunidad de acudir a las universidades de Paris u Oxford, Leiden o Lisboa,
aunque en Europa eran en general bien recibidos, al volver a la patria colonial se
encontraban de nuevo en el estatus inferior de los «nativos».
Un asunto polemico era el de la lengua vehicular de la ensenanza: £ debia
usarse la lengua «culta» de los colonizadores o alguno de los idiomas nativos?
En las colonias francesas, la ensenanza en frances podia facilitar la
comunicacion con los nativos y era casi inevitable para su uso en la
administraciön publica, pero les abriria el acceso a ideas subversivas y les
sugeriria ideas peligrosas sobre su equiparaciön con los colonizadores. Algo
parecido se podria decir de Indonesia alli donde debia subrayarse
simbölicamente el orden racista de las castas prohibiendo a los nativos el uso del
neerlandes, aunque se les ensenara en las escuelas secundarias. Los colonos
pretendian mantener a un nivel minimo la educacion de los nativos limitändola a
los idiomas locales, lo que solia resolverse simplemente por el hecho de que solo
los misioneros aprendian «lenguas nativas» para poder ensenar o capacitar a los
maestros. Las formas de ensenanza precoloniales, tales como las escuelas
coränicas, eran a veces reprimidas (Argelia), y a veces permitidas präcticamente
sin molestias (Malasia). Dondequiera que se propagara una educacion para la
poblacion nativa, solo se pensaba en conocimientos agricolas präcticos,
conocimiento biblico y tecnicas elementales de civilizaciön europea. La idea
bäsica era que el horizonte del nino rural se debia limitar a la aldea y que debia
seguir siendo asi.
Tras el problema de la lengua estaba la cuestion del valor educativo de las
tradiciones nativas. Lrancia insistia al principio en la primacia del frances en una
especie de chauvinismo cultural bajo la consigna de la «asimilacion», al menos
en teoria, pero mäs tarde planteö repetidamente diversas formas mixtas. Los
liceos de Hanoi y Saigon, donde estudiaban junto a los franceses una minoria de
vietnamitas, permitian incluso que el latin y el griego fueran reemplazados por el
chino cläsico. A principios del siglo XIX tuvo lugar en la India un gran debate
entre los amigos romänticos de la cultura local -los «orientalistas»-, y el grupo
de los «anglicistas» influidos por el utilitarismo antirromäntico. El hecho de que
en la educacion superior y como medio de comunicacion publica se impusiera el
ingles expresaba sin duda la hegemonia cultural europea, pero no era solo el
resultado de un Diktat colonialista: entre los indios reinaba una creciente
necesidad de participacion en la formaciön cultural europea, y no solo como
requisito previo para una carrera en la funciön publica. Hacia finales del siglo
XIX esa fuerte demanda contribuyo a fomentar una prospera ensenanza privada
en las grandes ciudades.
En Filipinas los conquistadores estadounidenses respondieron al poderoso afän
de formacion superior con ambiciosos programas educativos. Pese a la habitual
precauciön distanciada de los amos coloniales, se esperaba vincular con Estados
Unidos no solo a la elite, sino tambien a la gran mayoria de la poblaciön nativa
mediante la asimilaciön cultural. Ninguna otra potencia colonial asumiö tan
energicamente la educaciön populär como Estados Unidos. En 1939 podia hablar
ingles una cuarta parte de la poblaciön filipina, mientras que en Indonesia, donde
desde los primeros anos del siglo XX se habian realizado esfuerzos educativos
no despreciables, la tasa de lectores en neerlandes en 1930 solo alcanzaba el 0,32
por 100 de la poblaciön total[14]. En Äfrica se constatan ejemplos tempranos de
afän formativo, por ejemplo en el pueblo fanti en la Costa de Oro [Ghana], que
ya antes de la ocupaciön colonial habia desarrollado planes para un sistema de
educaciön publica de estilo occidental[15], El saber europeo y las instancias de
su difusiön ejercian tambien cierta atracciön sobre pequenos grupos fuera de
Europa -por ejemplo en el cerrado Japön-, que no se explican directamente por
una relaciön de dominaciön. En el ultimo periodo colonial se moströ asi el
desajuste entre las expectativas educativas y los limitados medios, tanto
cuantitativos como cualitativos, para su satisfacciön, como una razön adicional
de descontento con el sistema colonial.
El colonialismo desarrollado trajo consigo sin excepciön en el terreno de la
formacion un desprecio por las culturas indigenas, por las que los misioneros y
otros maestros mostraban generalmente poco interes. El famoso reproche de que
a los jövenes argelinos y vietnamitas se les hacia aprender lecciones sin sentido
sobre «nuestros antepasados los galos», debe valorarse sin embargo en su
ambivalencia. Se puede entender como acusaciön contra un intolerante
imperialismo cultural, pero tambien -y asi era originalmente concebido- como
una pretensiön de no exigir demasiado de la limitada capacidad de interpretaciön
de las «razas inferiores». La batalla por su propia historia, su representaciön
literaria y su ensenanza en el aula solo se pudo emprender en general, en Asia y
Äfrica, despues de la independencia, sometida a la tensiön entre la resistencia
contra la arrogancia de los portavoces culturales del colonialismo y la
construcciön de mitos histöricos nacionales con intenciön en parte terapeutica y
en parte manipuladora. El intento de dar a las naciones emergentes un nücleo
identitario histörico no puede evitar nunca del todo los tintes de artificialidad,
como muestra abundantemente la historia de las naciones europeas durante el
siglo XIX.
El problema de la Iengua era tambien para la mayoria de la gente algo mäs
pröximo y pollticamente mäs explosivo que la atribuciön de sentido histörico. La
polltica de la Iengua era utilizada deliberadamente como confmnaciön de la
identidad. Era tanto mäs importante cuanto mäs fragmentado en el sentido
regional y social fuera el paisaje lingüistico circundante (algunos idiomas
asiäticos estaban «feudalmente» jerarquizados). Con el apoyo de la potencia
colonial americana se introdujo ya en 1939 en Filipinas, un archipielago etnica y
lingüisticamente muy complejo, el tagalo regional como idioma nacional[16]:
una anticipaciön de la polltica que se iba a seguir en algunos otros paises
despues de la independencia. Bajo la administraciön francesa, mucho menos
generosa, se emprendiö en Vietnam, alrededor de 1920, el proyecto politico-
cultural de normalizar y modernizar la Iengua coloquial empleada por mäs de
cuatro quintas partes de la poblaciön, proyecto en el que coincidian nacionalistas
y «colaboradores» y que allanaba el camino para alcanzar el el consenso de la
Naciön[17]. Alli donde, como en la India y en muchas partes de Äfrica, no habia
ninguna Iengua que fuera entendida por la mayoria de la poblaciön, hasta los
activistas nacionalistas se aferraron al idioma de los gobernantes coloniales. El
uso universal del ingles fue la base para la coordinaciön de la lucha por la
independencia india en todo el subcontinente. Permitia «que dos indios se
entendieran en una Iengua que ninguno de los dos aborrece»[18],
La cultura colonial y tambien la poscolonial sufrian la tensiön entre la
reafirmaciön de lo propio y la seducciön de lo extranjero. Aunque el
colonialismo hubiera querido destruir las antiguas tradiciones o las hubiera
desplazado del equilibrio, restablecieron su oferta cultural al cabo de dos o tres
generaciones. Mientras que en el Nuevo Mundo apenas quedaba espacio para la
expresiön literaria en idiomas indigenas junto al espanol, el portugues, el ingles
y el frances, en Asia y luego en Äfrica se produjo un doble proceso de
apropiaciön de la Iengua importada y de resignificaciön de las posibilidades de
expresiön heredadas de la tradiciön, a veces encarnadas en la misma persona.
Asi, el gran poeta bengali Rabindranath Tagore, que recibiö el Premio Nobel de
Literatura en 1913, tradujo muchas de sus obras al ingles; su famosa novela The
Home and the World (1910) se publicö bajo ese titulo seis anos antes que la
versiön original en bengali. El escritor mäs conocido en Kenia, Ngugi wa
Thiong’o (nacido en 1938), escribe sus obras en ingles, asi como en kikuyu y
suahili. Otros autores, especialmente los indios y africanos, se han decidido
claramente por el ingles o el frances y han creado literatura mundial en esos
idiomas. Salman Rushdie no ve ningün sentido en el debate poscolonial sobre
los pros y contras del uso del ingles en la India: «Lo que sucede, en mi opiniön,
es que la gente que fue colonizada en otro tiempo en la lengua [inglesa], hoy dla
le dan nueva forma, la adaptan a sus propösitos y la tratan cada vez con mäs
calma [...]. A los ninos de la India independiente el ingles no les parece
irrecuperablemente contaminado por su procedencia; lo utilizan como una
lengua india, como un instrumento de trabajo que denen a su disposicion»[19].
[1] V. S. Naipaul, The Overcrowded Barracoon and Other Articles, Londres, 1972, p. 37.
[2] N. Wachtel, The Vision of the Vanquished: The Spanish Conquest ofPeru through Indian Eyes, 1530-
1570, Hassocs, Sussex, 1977, p. 85.
[3] Vease D. Lombard, Le carrefour javanais: Essai d’histoire globale, vol. 1, Paris, 1990, pp. 79-81.
[4] Vease J. L. Phelan, The Hispanization of the Philippines: Spanish Aims and Filipino Responses,
1565-1700, Madison (WI), 1967.
[5] Vease A. Porter, Religion versus Empire? British Protestant Missionaries and Overseas Expansion,
1700-1914, Manchester, 2004, pp. 139-163.
[6] Vease N. Etherington (ed.), Missions and Empire, Oxford, 2005.
[7] W. Reinhard, Geschichte der europäischen Expansion, op. cit., vol. 4, pp. 204 y ss.
[8] A. v. Humboldt, Lateinamerika am Vorabend der Unabhängigkeitsrevolution. Eine Anthologie von
Impressionen und Urteilen, ed. por M. Faak, Berlin, 1982, p. 143.
[9] Dazu S. Gruzinski, La colonisation de l’imaginaire: societes indigenes et occidentalisation dans le
Mexique espagnol, XVI-XVIIT siecles, Paris, 1988.
[10] H. v. Stientencron, en H. Küng y H. v. Stientencron, Christentum und Weltreligionen: Hinduismus,
Gütersloh, 1991, p. 26. Sobre la fluidez de las formas religiosas en la India vease S. Bayly, Saints,
Goddesses and Kings: Muslims and Christians in South Indian Society, 1700-1900, Cambridge, 1990.
[11] Vease D. Rothermund, «Nationalismus und sozialer Wandel in der Dritten Welt: Zwölf Thesen», en
O. Dann (ed.), Nationalismus und sozialer Wandel, Hamburgo, 1978, pp. 193-195.
[12] Vease, por ejemplo, J. M. Gullick, Malay Society in the Late Nineteenth Century: The Beginnings oj
Change, Singapur, 1987, p. 296.
[13] Las paradojas de la educacion colonial se muestran en L. Zastoupil, «Englische Erziehung und
indische Modernität», en Geschichte und Gesellschaft 28 (2002), pp. 5-32.
[14] M. C. Ricklefs, A Historv of Modern Indonesia since c. 1200, Basingstoke, 2008, p. 193.
[15] Vease C. Adiek, Die Universalisierung der modernen Schule. Eine theoretische Problemskizze zur
Erklärung der Verbreitung der modernen Schule in den letzten 200 Jahren mit Fallstudien aus Westafrika,
Paderborn, 1992, pp. 181 y ss.
[16] Vease R. Wendt, «Sprachenvielfalt und Nationalsprache auf den Philippinen während Kolonialzeit
und Unabhängigkeit», en D. Hellmann-Rajanay agam y D. Rothermund (ed.), Nationalstaat und
Sprachkonflikte in Süd- und Südostasien, Stuttgart, 1992, p. 201.
[17] Vease D. G. Marr, Vietnamese Tradition on Trial, 1920-1945, Berkeley, 1981, pp. 137 y ss.
[18] S. Rushdie, «“Commonwealth Literature” Does not Exist», en S. Rushdie, Imaginary Homelands:
Essays and Criticism 1981-1991, Londres, 1992, p. 65.
[19] Ibid., p. 64.
IX. PEN S AMIENTO COLONIALISTA Y CULTURA COLONIAL
A diferencia de otros «ismos», el colonialismo es dificil de entender como idea
y programa. Desde el gran debate americano de la escolästica tardla espanola,
todos los colonialismos han producido diversas visiones imperiales y doctrinas
justificativas. Sin embargo, rara vez han sido reconocidas como argumentos
convincentes; su eficacia en la practica era limitada y muy dependiente del
contextoJJJ. Conceptos bien conocidos como el «indirect rule» britänico y la
« assimilation » francesa nunca llegaron a cumplir las esperanzas de sus
creadores; se mantuvieron como utopias de un colonialismo bien ordenado. Mas
sensato que buscar «teorias» contemporäneas seria apuntar mäs lejos y
preguntarse por los tipos de mentalidad relacionados con la situacion colonial.
La investigaciön mäs reciente habla con gusto de un «discurso colonial» y de
una «cultura colonial» que rastrea en una amplia gama de fuentes.
ELEMENTOS BÄSICOS DEL PEN S AMIENTO COLONIALISTA
Solo corriendo el riesgo de una extrema simplificaciön se pueden superar
espacios, tiempos y actitudes culturales nacionales para llegar a generalizaciones
sobre la cosmovision de los portadores de la colonizacion y de la dominacion
colonial. Se detectan dos dificultades adicionales: por un lado, no todos los
«blancos» de una colonia eran tambien por serlo amos coloniales: el escritor
tunecino Albert Memmi sehalo en 1957, en un influyente estudio, que no todos
los «colonizadores» se convirtieron tambien en «colonialistas»; habia
«colonizadores bienintencionados» que trataban de evitar las situaciones de
abuso de poder mäs brutales o que incluso combatieron el sistema colonial[2].
Un ejemplo es el escritor George Orwell, que de joven fue oficial de policia en
Birmania, entre 1922 y 1927, relatando luego sus experiencias en varios textos
que criticaban el colonialismo (veanse «Los dias de Birmania», «Matar un
elefante» y «Un ahorcamiento»). Por otro se debe constatar, con el poeta Aime
Cesaire y el psicoanalista Oscar Mannoni, un importante aspecto psicolögico de
la situacion colonial: la idea de que en una relaciön amo-siervo caracterizada por
la diferencia etnica, tambien el amo y el ama sufren deformaciones de su
personalidad y se «deshumanizan»[3], Bajo esa luz habria que leer determinadas
declaraciones de colonizadores, no solo como ideolögicas, sino tambien como
sociopatologicas.
Independientemente de tales diferenciaciones, se pueden identificar tres
elementos bäsicos del pensamiento colonial, especialmente en su forma tardia: la
idea de la ajenidad irreconciliable, la creencia en los bienes superiores de la
colonizacion y la utopia de la administraciön purificadora.
1) Contraimägenes antropolögicas : la construcciön de la «otredad» inferior.
En el centro del pensamiento colonial se mantiene la idea de que los habitantes
de las regiones extraeuropeas son fundamentalmente diferentes de los europeos;
su distinta dotacion de dones mentales y fisicos no les permite alcanzar los
mismos logros culturales y hazanas heroicas que solo la Europa moderna puede
exhibir. Esa pauta bäsica de una supuesta diferencia fundamental podria contarse
de otra manera: teolögicamente como depravacion pagana, tecnologicamente
como inferioridad en el control de la naturaleza, ecolögicamente como huella
determinista de un häbitat tropical que debilita la constitucion humana,
biolögicamente como reduccion de unas caracteristicas de raza presuntamente
invariables. Las ideas respectivamente dominantes seguian aproximadamente ese
orden. El racismo era pues la ultima y mäs resistente Version del axioma
diferencial. Al menos durante las tres o cuatro decadas anteriores a la Primera
Guerra Mundial era considerado incuestionable por europeos y estadounidenses
de casi todas las creencias politicas.
De todos modos, no estä nada claro lo que se deba entender por «racismo» en
su evoluciön conceptual y como juicio cientifico. El nücleo del pensamiento
multirracial fue formulado en 1900 con gran aprobaciön por el famoso anticuario
liberal y humanista ingles Gilbert Murray: «En el mundo hay una jerarquia de
razas. [...] Las naciones que mäs consumen, que plantean mayores demandas y
reciben mayores ingresos guiarän y dominarän a las demäs, y los trabajos mäs
humildes serän realizados a la larga por las razas inferiores [ the lower breeds of
men]. Los que gozamos del color de piel dominante podemos considerar esto
como algo obvio»[4], La declaraciön de Murray corresponde tambien en ese
sentido al centro del pensamiento racista, cuando establece para casi todo el
racismo excepto el antisemitismo un vinculo indeleble con la explotaciön del
trabajo[5],
Aunque tales verdades aparentes, que parecian respaldadas por la biologia y la
antropologia, encontraban aclamaciön general, eso no significa en modo alguno
que todos los colonialistas extrajeran de ellas consecuencias agresivas para los
seres humanos a los que aludlan. Si se busca un denominador mäs comün para el
pensamiento colonialista que abarque tambien a su fase mäs tardla, posterior a
1920, cuando el determinismo biologico mäs desahogado habia desaparecido
präcticamente del pensamiento cientifico, cabe mencionar la idea, todavia muy
extendida, de que existe un «caräcter» africano, oriental, indio (o de cualquier
otra unidad colectiva que se quiera) que descalifica una equiparaciön plena de
los no europeos con los europeos.
La psicologia amateur de los amos coloniales, aplicada cotidianamente de
forma rutinaria y siguiendo el mecanismo de la «profecia autocumplida», se
basaba en tales generalizaciones caracterolögicas: los «nativos» son perezosos,
picaros, crueles, ingenuos, inmorales, hipocritas, incapaces del pensamiento
abstracto, impulsivos, etc.£6]. Pero tambien la ciencia seria operaba con
contraposiciones valorativas. Lo que se ha llamado «orientalismo» se debe a una
perversiön distanciadora: «Oriente» es en todos los aspectos la antitesis de
Europa: estätico, ahistörico, incapaz de autorreflexiön, inapropiado como objeto
de la historia y de la investigaciön, etc .£7]. Tambien la influyente teoria, al
menos durante un tiempo, de la «economia dual», segün la cual en una economia
colonial coexistian dos sectores, uno tradicional y de mera subsistencia y otro
moderno, dinämico, volcado en la exportaciön bajo direccion extranjera, partia
en sus primeras formulaciones de supuestos antropolögicos y economicos
simples sobre el comportamiento de los productores nativos: el asiätico no era un
«homo economicus», por lo que debia ser obligado, a su pesar, a someterse a su
laboriosa suerte.
2) Fe en el mensaje y deber de tutela. Quien depende de la naturaleza o es
inmaduro -esto se deduce obligatoriamente del axioma de la diferencia- debe
ser guiado. Tal guia debe corresponder automäticamente, atendiendo al orden
jerärquico de las razas y las civilizaciones, a las superiores situadas por encima.
La legitimacion del dominio colonial prevaleciente en el colonialismo de los
siglos XIX y XX hasta la idea de los mandatos de la Liga de las Naciones no se
basaba en reclamaciones de los conquistadores a un supuesto derecho senorial,
sino en la pretensiön de cumplir una misiön histörica mundial como liberadores
de la tirania y de la oscuridad espiritual[8]. Se invocaba el doble deber moral,
por una parte de transmitir a los habitantes de los tröpicos las bendiciones de la
civilizaciön Occidental, y por otra de activar las fuerzas productivas «en
barbecho» en Ultramar para el beneficio general de la economia mundial. Lord
Lugard formulö en 1922 esta famosa teoria del «doble mandato», tutela de los
paises desarrollados, esto es, de las «razas superiores», como las llamaba no solo
Lugard, sobre todas las regiones necesarias: pollticamente, porque los africanos
todavla eran incapaces de gobernarse a sl mismos y los asiäticos deblan ser
liberados lentamente de sus tradiciones despöticas; econömicamente, ya que
primero deberlan ensenarse la etica del trabajo y la racionalidad del mercado; y
culturalmente, ya que no se podrlan liberar por su propia reflexiön de sus malos
häbitos usuales, sus creencias «supersticiosas» y sus vicios morales.
La relaciön entre colonizados y colonizadores no era, por tanto, de explotaciön,
sino de complementariedad: cada parte necesitaba a la otra. Se insistla una y otra
vez en la «responsabilidad» que atanla a la minorla en posiciones superiores de
la humanidad frente a la mayoria subdesarrollada, en posiciones inferiores («la
carga del hombre blanco»). El dominio colonial era enaltecido como don y acto
de gracia de la civilizaciön, como una especie de intervenciön humanitaria a
largo plazo. La tarea era tan enorme que no cabia pensar en un cumplimiento
räpido. Por eso, hasta la vispera de la descolonizaciön, los representantes
europeos mäs liberales de un colonialismo benefico, educador, sucumbian a una
ilusiön de permanencia. Esa ilusiön era, por cierto, relativamente reciente. Al
menos hasta mediados del siglo XIX gran parte de las elites politicas de los
paises colonizadores no esperaban mantener un dominio de larga duraciön sobre
los sübditos coloniales.
3) Utopia de la negaciön de la politica. La justificaciön ideolögica del
proyecto colonial por la misiön civilizadora comenzö con la conquista iberica,
alcanzo su culminaciön moderna entre 1880 y 1914, poco mäs o menos, y pasö,
despues de la Primera Guerra Mundial, a su fase tardia depurada en la que ya no
se trataba tanto de «tutela» sino de «fideicomiso», en la que algunos teoricos
coloniales sonaban incluso con una sintesis cultural entre Oriente y Occidente.
Lo que permanecio invariable a lo largo del tiempo fue la utopia de la
administraciön libre de politica. Los europeos creian que habian encontrado un
«caos» al que debian imponer un orden. Ese orden nunca estaba asegurado por
completo; la anarquia doblegada y la impulsividad nunca estaban fiablemente
conjuntadas. Los colonos y altos burocratas coloniales siempre estaban imbuidos
del temor al caos: un momento de debilidad podria alentar a los tutelados mäs
pendencieros y provocar su «levantamiento»[9] .
La renovaciön organizativa y la reconfiguraciön de las colonias aparecio al
principio como tarea sanitaria de supresiön de abusos, mäs tarde como un
desafio al arte de la la geometria burocrätica, libre del tumulto de los partidos y
los representantes de diversos intereses. Esto fue particularmente cierto en las
colonias de dominaciön, mientras que en las colonias de asentamiento de
colonos la rivalidad entre estos y los nativos reducla el margen de maniobra
administrativa. Ese fue uno de los secretos del exito de los grandes procönsules
europeos que -como dijo lord Cromer, la mäxima autoridad en Egipto entre
1883 y 1906-, «tendlan a despolitizar la polltica y a reducir todas las cuestiones
humanas a problemas de la administraciön ordinaria»[10]. Cromer describla
repetidamente en su libro Modern Egypt (1908) -la exposiciön mäs acabada del
pensamiento colonial britänico en relaciön con su gran Imperio-, el gobierno de
Egipto como el funcionamiento de una «mäquina», que solo se mantenia
operativa por la voluntad imperial. Por eso el Estado colonial trataba con
irritaciön y reluctancia los intentos inofensivos y sinceros de introducir las
formas politicas occidentales. Nada debia perturbar la paz de la administraciön
eficiente. Por el contrario, en los testimonios de los colonizados aparecian
constantemente quejas sobre «la aplastante carga de aburrimicnto»[l 1] en
sociedades a las que estaba vedado el retorno a formas politicas precoloniales y
al mismo tiempo el acceso a la polltica moderna. La liberaciön de esa parälisis
representaba para muchos el mayor atractivo de los movimientos nacionales.
«SABER COLONIAL»
El pensamiento colonialista podia expresarse de modos diferentes,
dependiendo del contexto y el medio. En las colonias solia mostrarse muy
distinto que en las «metröpolis», y en las colonias de asentamiento muy diferente
que en las de dominaciön. Dos de sus manifestaciones mäs importantes eran los
sistemas de saber colonial y las formas de polltica simbölica.
Las colonias eran lugares de producciön asi como de aplicaciön de
conocimientos especificos. Desde el descubrimiento y colonizaciön de America,
los procesos de expansiön colonial fueron cambiando el horizonte de lo que los
amos coloniales podian conocer y pensar. Cultivos hasta entonces desconocidos
-y la experiencia correspondiente- se extendieron gradualmente por todo el
mundo; el conocimiento de territorios, climas, especies de animales, pueblos y
culturas extranjeros fue llegando a todas las cortes y centros academicos
europeos. Sobre todo para las ciencias empiricas recien constituidas en el siglo
XIX, las colonias ofrecian nuevos campos de investigaciön y
experimentacion[ 1 2] . En algunas disciplinas y subdisciplinas -como la
etnologia, la antropologia, la geografia, el derecho colonial o la medicina
tropical- esos vinculos histöricos son particularmente significativos. Pero
tambien otros, sobre todo disciplinas ligadas con los objetos como la arqueologia
o la botänica, se habrian desarrollado de modo muy diferente sin el colonialismo.
Pero lo que se entiende por «saber colonial» no son ünicamente las
circunstancias de su producciön, sino tambien los usos que lo caracterizan[13].
Tales saberes fluyen en la practica de la conquista y la dominacion colonial. La
ocupaciön europea y la colonizaciön parcial del continente africano no habrian
sido posibles sin los avances en la lucha contra la malaria. La sabiduria colonial
no era por tanto un conocimiento principalmente teörico, sino sobre todo una
guia para la acciön, imprescindible para la politica de dominio y los dispositivos
juridicos, establecimiento de fronteras y formas de poblamiento; podia llegar,
por ejemplo en las reglas indumentarias, hasta la vida cotidiana.
En ese contexto reunia un conjunto de datos y formas de pensar, que era
utilizado para someter, organizar y codificar los territorios, poblaciones y
culturas colonizados. El orden y denominaciön comenzaron incluso antes que la
propia colonizaciön: «Situando regiones sobre un mapa del pais y registrando
vocabularios locales en listas, los descubridores establecieron los primeros y mäs
profundos fundamentos del poder colonial»[14]. En particular, en contextos de
dominio «indirecto», la clasificaciön de las poblaciones colonizadas tenia efectos
fundamentales para la organizaciön del Estado colonial y el reclutamiento de
colaboradores. Un ejemplo es el sistema de castas, considerado durante mucho
tiempo por los administradores coloniales britänicos como la clave para entender
-y dominar- la sociedad india. Del mismo modo, la identificaciön y codificaciön
de las «tribus» y «grupos etnicos» era bäsica para la practica administrativa
colonial en Africa. La historia de los colonialismos es rica en otros ejemplos,
como la contraposiciön de los «ärabes» del Norte de Africa con los «bereberes»,
o la büsqueda de «pueblos guerreros» (martial races), en las que la practica del
dominio se orientaba por clasificaciones estereotipadas de los pueblos
sometidos, induciendolos en cierta medida a llevar cierto modo de vida. La
reducciön de sociedades complejas a unos pocos criterios regulatorios y su
aplicaciön administrativa es tambien la razön para que categorias supuestamente
«autenticas» como las «castas» y «tribus» sean descritas hoy dia exageradamente
como «invenciones» totalmente ficticias.
La critica poscolonial de esos saberes y esas categorias ha puesto de relieve su
coherencia y asertividad, asi como una estrecha complicidad entre el
conocimiento y la dominacion colonial. El colonialismo es para algunos autores
como el cortejo triunfal de un «mundo-como-exposici6n»[15]. como un proyecto
de reestructuraciön cognitiva y de sometimiento de continentes enteros y de los
propios colonizados, irremisiblemente entregados, incluso en su resistencia. Y de
hecho el pensamiento colonial no se limita a los colonizadores. Los estereotipos
y categorias perceptivas que los europeos crearon de la gente de otras
civilizaciones, encuentran a menudo acceso, a traves de la educaciön, la practica
administrativa, la costumbre, la falta de alternativas y una especie de
identificaciön con el agresor, en sus propios häbitos mentales. Muchos indios
aceptan, por ejemplo, el prejuicio britänico de que eran «debiles» por naturaleza,
o de que buscaban mediante esfuerzos particularmente energicos, por ejemplo en
el deporte, una especie de compensaciön[ 1 6] . A la disposiciön mental bäsica de
cada pueblo colonizado corresponderia una sensaciön de inadecuaciön,
particularmente notoria en el mundo colonial en aquel ambiente occidentalizado
donde esfuerzos heroicos por dominar la cultura europea no llevaban a un
reconocimiento pleno por los miembros de la «imperial race».
Sin embargo, las relaciones entre el saber y la dominaciön colonial eran mäs
complejas de lo que sugiere un modelo de complicidad simple. Hay que
mencionar al menos cinco aspectos: primero, el saber estaba integrado en todo
un conjunto de mecanismos de poder; la importancia en el del saber dependia del
contexto y la fase de dominaciön colonial. En segundo lugar, las formas de
conocimiento formadas y utilizadas en contextos coloniales no eran en modo
alguno simples creaciones de formas importadas de pensamiento; mäs bien se
trataba principalmente de una complicada interacciön de epistemologias locales
e importadas, de las que a menudo surgia algo completamente nuevo. Las
provisiones de sabiduria de las autoridades coloniales a menudo resultaban ser
incoherentes, ambiguas e incompletas, y por tanto solo relativamente ütiles. En
tercer lugar, surgian categorias de saber «colonial» de la interacciön entre
diferentes agentes, que a menudo tenian diferentes intereses[17]; los colonizados
desempenaban con frecuencia ahi -como informantes, traductores,
«intermediarios»- un papel considerable. En cuarto lugar, el saber, tambien el
colonial, «circulaba». Estaba incorporado en circulos internacionales de
conocimiento e intercambio, que no se limitaban a las relaciones entre la colonia
y la metröpoli.
En quinto lugar, el saber producido y empleado en el contexto colonial no era
necesariamente procolonialista. La etnologia alemana, que en 1900 se tenia en
toda Europa como modelica, se basaba en una tradiciön liberal, humanista, que
ofrecia un marco para la critica del racismo y el colonialismo[18]. Por encima de
todo, los colonizados se servlan no obstante en su critica y el diseno
programätico del movimiento nacionalista de nuevas categorias y sistemas de
clasificaciön. En contraposiciön al pensamiento colonialista se alzaban no solo
tradiciones nativas fortalecidas, resucitadas o inventadas, sino tambien las ideas
filosoficas, jurldicas y esteticas europeas que el colonialismo no podla eliminar.
POLfTICA DE SIMBOLOS EN LAS COLONIAS
Ninguna dominacion colonial carecia de simbolos, pero en ninguna parte fue
tan pronunciada su presencia simbolica como en Argelia, donde las tropas
francesas en retirada en 1962 intentaron dejar numerosos monumentos en honor
de Francia. La politica simbolica constituia siempre, en cualquier caso, un
elemento integrante de la fonnaciön de todo el Estado y la sociedad colonial: los
simbolos eran un recurso importante que servia para proyectar el orden colonial
y las relaciones imperiales -a menudo abstractas- en el horizonte de
experiencias de los contemporäneos[19]. Como medios de integracion los
simbolos politicos debian cumplir diversas funciones: en primer lugar, situar la
colonia dentro del amplio imperio colonial y en particular representar su vinculo
con la metropoli; segundo, expresar y legitimar la estructura y las jerarquias
internas de la sociedad colonial recien creada; en tercer lugar, especialmente en
el caso de los mayores grupos de colonos, integrar sus componentes a menudo
heterogeneos y expresar su relacion generalmente complicada con la «madre
patria». Para ello habia un amplio espectro de medios simbölicos que se podian
utilizar, desde los mäs püblicos como ciertos estilos arquitectönicos,
monumentos y ceremonias, hasta otros mäs sutiles como el cambio de
denominacion de los espacios colonizados.
Los campos y escenas experimentales centrales de la politica simbolica
colonial eran las ciudades. Ahi se encontraban los centros de poder estatales y
los principales espacios de interacciön de las sociedades coloniales «plurales», y
a eilas correspondia especialmente la atencion de los amos coloniales[20]. Su
planta, su arquitectura, la disposicion de los edificios representativos, la ereccion
de monumentos y la asignaciön de nombres de calles les daba -deliberada o
involuntariamente- una impronta simbolica especifica. Las ciudades
hispanoamericanas como Ciudad de Mexico o Lima, con su paisaje distintivo,
centros profusamente remodelados como Argei, Hanoi o Calcuta, o amplias
urbanizaciones de nueva creacion como Dakar o Nueva Delhi eran
principalmente simbolos de la dominaciön colonial. Tambien los conflictos de
simbolos y los cambios de formas simbölicas se solian producir en primer lugar
en las ciudades.
Que formas adoptaba la politica simbölica en una situaciön colonial
determinada dependia de diversas variables: la estructura y präcticas de
dominaciön, la relaciön de fuerzas en el Estado colonial, la composiciön y la
importancia de la colonia, los sistemas simbölicos de las culturas colonizadas y
la cultura politica y la politica colonial de la metröpoli. Ideotipicamente se
pueden distinguir tres estrategias bäsicas: 1) la movilizaciön de (supuestos)
simbolos y «tradiciones» locales; 2) la proliferaciön de simbolismos de la
metröpoli; y 3) la glorificaciön de la respectiva historia colonial. Todas las
estrategias bäsicas se combinaban, ya fuera en forma mixta o alternativamente,
dependiendo del destinatario y el contexto. La primera estrategia se daba en
casos en que los representantes e instituciones del Estado colonial vestian una
especie de atuendo «indigena». En ciudades como Bombay, Argei o Hanoi se
llevaron a cabo experimentos arquitectönicos que utilizaban lenguajes formales
locales al menos en la decoraciön. Su empleo mäs amplio se dio en la lndia
britänica, donde el monarca britänico y sus representantes locales acabaron
presentändose desde la coronaciön de la reina Victoria como emperatriz de la
lndia (1877) como herederos directos del Gran Mogol[21]. En la Corte de Delhi
(Durbar) tenian lugar monumentales representaciones de audiencias imperiales -
con gran pompa y mascarada orientalista- que escenificaban la imagen britänica
de un orden politico y social feudal en la lndia bajo el dominio britänico, que
desde 1858 llevaba el nombre de raj.
La estrategia contraria consistia en la traslaciön, difusiön y a menudo
adaptaciön creadora de simbolos procedentes de la metröpoli[22]. La «madre
patria» se hacia presente en Ultramar mediante banderas, simbolos estatales,
retratos de los monarcas o presidentes, fiestas, edificios religiosos, estilos
arquitectönicos «nacionales», etc. En el caso de la migraciön de colonos, esa
propagaciön era a menudo involuntaria. En muchos casos, sin embargo, se
basaba en una adopciön e imitaciön deliberada que podia elevarse hasta la
sobrecompensaciön. Al igual que el de la lndia, cabe mencionar a este respecto
el caso de Argelia, que (a partir de 1871) era considerada como parte integrante
del territorio nacional frances. Los simbolos republicanos (como el busto de
Marianne), la fiesta nacional del 14 de julio y la conmemoraciön de la Segunda
Guerra Mundial se celebraban alli con un fervor que solo podia compararse con
el de los departamentos franceses.
Una tercera estrategia se ponia en marcha a menudo despues de una primera
fase de consolidaciön, cuando el Estado colonial pretendia asegurar con ella su
propia historia y «tradiciön». Actos y actores de su creaciön y desarrollo
aparecian en el centro de una politica conmemorativa heroica, que en su mayoria
giraba en torno de las batallas y representantes de los ejercitos coloniales,
recreando tambien las figuras de importantes gobernadores. En las colonias de
asentamiento se anadia a esas formas conmemorativas del Estado militar un
culto a los «pioneros» que transformaba el surgimiento de la dominaciön
colonial en un acto heroico de la empresa civilizadora.
Los simbolos coloniales eran simbolos de poder; al mismo tiempo, abrian
espacios de interacciön que tambien ofrecian oportunidades de apropiaciön y
resistencia. Las nuevas creaciones «criollas» en Norte y Sudamerica tambien
servian de demarcaciön con respecto a las metröpolis de origen; el disfraz de
indios de los activistas del Boston Tea Party (16 de diciembre de 1773) es un
ejemplo destacado. Tambien los colonizados sabian como manipular los
lenguajes simbölicos. Reinterpretaciön de los simbolos oficiales, acciones de
boicot y destrucciön escenificada de simbolos eran a menudo elementos clave en
la lucha por la hegemonia cultural y en la construcciön de un simbolismo
nacional propio.
COLONIALISMO Y CULTURA METROPOLITANA
El colonialismo no dejö ünicamente su huella en los paises colonizados;
tambien las metröpolis se vieron alteradas por el. Las dimensiones y formas de
tales efectos retroactivos variaban considerablemente: se pueden incluir entre
ellos «pesos pesados» histöricos como las riquezas latinoamericanas que
fmanciaron las guerras europeas, asi como las huellas digitales, desarrolladas en
la Bengala colonial como tecnica de identificaciön. Despues de que una
perspectiva nacional histörica estrecha las haya ignorado durante mucho tiempo,
las variadas reacciones sobre las metröpolis de las posesiones coloniales
despiertan un interes especial entre los investigadores[23]. que atienden a las
relaciones econömicas y comerciales, la demografia, la movilidad y migraciön,
la estructura y los movimientos sociales, la politica, las präcticas administrativas
y de dominaciön, la ciencia, la medicina y la ensenanza.
Pero la investigaciön no ha dedicado a ningün campo tanta atenciön como a la
presencia de mundos coloniales (imaginarios) en las culturas metropolitanas.
Bajo el termino «cultura colonial» se incluian, en los Ultimos anos, muchos de
los elementos sobre los que las posesiones coloniales y el pensamiento
colonialista se expresaban en la alta cultura y en la populär: desde la poesia, los
relatos de viajes, prensa, publicidad, pintura, radio y eine hasta el teatro, cabarets
y music halte, arquitectura, monumentos, ceremonias, museos y exposiciones,
fotograflas, postales y sellos de correos[24].
A la posesiön colonial no le seguia automäticamente la cultura colonial, cuyas
formas, magnitud e intensidad estaban ligadas en distintas proporciones
politicas, tecnicas y de medios histöricos, que tenian mäs que ver con la historia
de la cultura metropolitana que con las propias colonias: el flujo de
comunicaciön y movilidad entre colonia y metröpoli; la estructura, la
importancia y los medios de comunicaciön püblicos, el colonialismo y la cultura
metropolitana, sobre todo una cultura populär y del entretenimiento en
expansiön, y la voluntad muy extendida de las autoridades püblicas y los grupos
de presiön privados (como las asociaciones misioneras y las empresas
comerciales), de tratar con indiferencia, escepticismo o critica la Propaganda
colonial[25]. Esto explica que los historiadores no se ocupen de los primeros
intentos de cultura colonial con influencia de masas hasta finales del siglo
XVIII, y se concentren en el Alto Imperialismo y el periodo de entreguerras
como su punto culminante absoluto. Cierto es que los imperios de principios de
la Era Moderna tambien fueron objeto de la vida cultural europea, por ejemplo
de la pintura y los discursos teolögicos[26]: pero esas manifestaciones se
limitaron en gran medida a los circulos cortesanos y academicos, de modo que
las posesiones coloniales no tenian por que generar obligatoriamente una cultura
colonial. Por el contrario, se encontraron mäs tarde elementos de cultura colonial
en paises sin colonias (como Suiza), y por tanto cultura colonial sin posesiones
coloniales.
La cultura colonial constituyö menos una forma cultural sui generis que un
aspecto de la vida cultural metropolitana entre otros. Especialmente en el siglo
XIX y principios del XX formaba parte de los desarrollos bäsicos de la actividad
cultural publica. El colonialismo tenia un lugar fljo en la museologia que se iba
diferenciando y profesionalizando[27]. Desde la era de los descubrimientos
habia artefactos, animales y tambien restos humanos de Ultramar entre las
curiosidades y colecciones reunidas por los principes. De ellas surgieron a
finales del siglo XIX los museos püblicos de etnologia, que se llenaron a toda
velocidad de objetos etnogräflcos procedentes de las Americas, Äfrica, Asia y
Oceania. El saqueo sistemätico en el marco de «expediciones punitivas» o
conquistas -como la campana en Egipto de Bonaparte (1798-1801), la
destrucciön franco-britänica del Palacio de Verano de Beijing (1860) o la
expediciön britänica a Benin (1897)- dieron lugar a importantes colecciones.
Los productos culturales de los pueblos colonizados se convirtieron en objetos
de un mercado del arte internacional, que no respetaba estrictamente las
fronteras imperiales. Asi se llenaron los museos etnolögicos alemanes hacia
1900 a pesar de su tardio y limitado imperio colonial.
A diferencia de las colecciones etnogräficas, las exposiciones coloniales y
mundiales eran de corta duraciön. Desde la Exposiciön Universal de Londres en
1851 disfrutaron de gran popularidad no solo en Europa y sus imperios
coloniales, sino tambien en Estados Unidos, America Latina y Japön, la principal
potencia colonial no Occidental de la epoca[28], Ofrecian como entretenimiento
espectäculos de ingenieria y arquitectura, industria y artesania, competencia
nacional y parques de atracciones. Los temas y secciones coloniales ganaron
popularidad a finales del siglo XIX. Las exposiciones coloniales se fueron
convirtiendo asi en un (sub)genero que exponia los componentes de uno o varios
imperios con mucho color y exotismo local. Sus productos competian, los logros
de las potencias coloniales eran alabados y se establecian contactos comerciales
y academicos.
Una de sus muestras mäs caracteristicas eran los zoolögicos humanos, en los
que se exponia a gente como representantes de los pueblos «salvajes» (no
siempre colonizados![29]. Si a principios de la Era Moderna ya se habian
exhibido ejemplares aislados secuestrados en las expediciones a Ultramar, la
exposiciön de gente «insölita» se habia convertido desde mediados del siglo XIX
en un espectäculo voyeurista y un lucrativo negocio. Algunos empresarios
realizaban giras durante meses con ellos. Como ejemplares culturales y
«raciales» de la alteridad les acompanaban a menudo tallas o pinturas exöticas,
bailes populäres u obras de artesania, enmarcadas en una decoraciön apropiada
-«pueblos nativos», ambientes urbanos como la populär «calle de El Cairo» o
casas de te como el Pabellön de Taiwan japones-; aquellas exposiciones
coloniales constituian una forma particularmente tangible de popularizaciön del
colonialismo en las metröpolis. Algunas de ellos -especialmente las
exposiciones de Wembley en 1924-1925 y de Paris en 1931- podian recibir
millones de visitantes curiosos.
Sin embargo, no deben exagerarse las influencias coloniales en las metröpolis.
No todos los aspectos de la sociedad britänica o francesa del siglo XIX estän
asociados con los imperios coloniales y las imägenes cuasi-coloniales tampoco
eran un producto automätico del colonialismo. Contra la tendencia a discernir
precipitadamente «identidades colectivas» y contenidos inconscientemente
consensuales de naciones enteras, deben tenerse en cuenta los autenticos
mecanismos y canales de influencia[30]. Las repercusiones de las colonias -en el
campo cultural y en otros- eran variadas y vacilantes: las colonias de un imperio
colonial podian afectar de manera diferente a sus metropolis; sus efectos podian
cambiar con el tiempo y ganar o perder intensidad; variaban segün el ämbito del
que se tratase. Por otra parte, las posesiones coloniales podian percibirse en la
metröpoli de modo muy diferente dependiendo de la clase, religiön, genero,
generacion, afiliacion politica y trasfondo biogräfico.
Los limites de la impronta cultural colonial no se muestran, por ultimo, en que
sigan dependiendo en su totalidad de la actividad de los grupos de presiön
activos. Despues de la descolonizacion no fue necesaria una «politica de olvido»
sistemätica para borrar la presencia del colonialismo en la vida publica de las
metropolis, desterritorializändola como una epoca ahora percibida como molesta
y «terminada». En general bastaba que las agencias gubernamentales y los
grupos de intereses privados pusieran fin a sus actividades de Propaganda y
dejaran agotarse el legado. Sin embargo, el colonialismo habia dejado huellas
duraderas -tangibles e intangibles- en el legado metropolitano, sobrevivieron a
la descolonizacion. Ahora sirven mäs bien como punto de partida para el estudio
critico del pasado colonial: testimonios de la pompa imperialista y lugares de
violencia colonial son redescubiertos y reapropiados como lugares
conmemorativos, reestructurändolos como museos etnogräficos. La transiciön de
instrumentos de Propaganda a medios de la conciencia histörica critica es tal vez
el ultimo giro ironico en una historia tan rica en consecuencias involuntarias.
[1] Vease, por ejemplo, A. L. Conklin, A Mission to Civilize: The Repuhlican Idea of Empire in France
and West Africa, 1895-1930, Stanford, 1997.
[2] Vease A. Memmi, Portrait du colonise, nueva edicion Paris, 1973, p. 49.
[3] Dos textos clave del anticolonialismo, el de Cesaire Discours sur le colonialisme y el de Mannoni
Psychologie de la colonisation, publicados en 1950.
[4] Cit. segün M. Banton, Racial Theories, Cambridge, 1987, p. VII.
[5] Vease tambien R. Ross, «Reflections on a Theme», en R. Ross (ed.), Racism and Colonialism, La
Haya, 1982, pp. 7 y ss.
[6] Vease «Studie über Südostasien» en S. H. Alatas, The Myth of the Lazy Native, Londres, 1977,
especialmente pp. 1 12 y ss.
[7] E. W. Said, Orientalismus, Francfort, 2009 [ed. cast.: Orientalismo, Libertarias, Al Quibla, Madrid,
1990],
[8] Vease R. Girardet, L’idee coloniale en France de 1871 ä 1962, nueva edicion, Paris [1979], pp. 136-
138.
[9] Sobre la mentalidad paranoide de las minorlas de colonos asentados, vease Kennedy, Islands of White
(86), pp. 128-148.
[10] P. J. Vatikiotis, The Historv ofEgypt: From Muhammad Ali to Sadat, Londres, 1991, p. 174. Vease
tambien R. Owen, Lord Cromer: Victorian Imperialist, Edwardian Proconsul, Oxford, 2004.
[11] N. C. Chaudhuri, Thy Hand, Great Anarch! India: 1921-1952, Londres, 1987, p. 13.
[12] Un campo de investigacion complejo que abordan, por ejemplo, D. Bleichmar et al. (eds.), Science
in the Spanish and Portuguese Empires, 1500-1800, Stanford, 2009; B. Stuchtey (ed.), Science across the
European Empires 1800-1950, Oxford, 2005.
[13] De esa literatura controvertida mencionaremos aqui ünicamente B. S. Cohn, Colonialism and Its
Forms of Knowledge: The British in India, Princeton, 1996; N. B. Dirks, Castes ofMind: Colonialism and
the Making of Modern India, Princeton, 2001; P. M. E. Lorcin, Imperial Identities: Stereotyping, Prejudice
and Race in Colonial Algeria, Londres, 1995.
[14] J. Fabian, Language and Colonial Power: The Appropriation of Swahili in the Former Belgian
Congo, 1880-1938, Cambridge, 1986, p. 24.
[15] T. Mitchell, Colonising Egvpt, Cambridge, 1988, por ejemplo p. 29.
[16] Vease J. E. Walsh, Growing Up in British India: Indian Autobiograph er s on Childhood and
Education under the Raj, Nueva York, 1983, pp. 60 y ss.
[17] Vease, por ejemplo, E. Sibeud, Une Science imperiale pour l’Afrique? La construction des savoirs
africanistes en France, 1878-1930, Paris, 2002; sobre «intermediarios culturales», S. Schaffer (ed.), The
Brokered World: Go-betweens and Global Intelligence, 1770-1820, Sagamore Beach (MA), 2009.
[18] Vease H. G. Penny, Objects of Culture: Ethnologe and Ethnographie Museums in Imperial
Gennany, Chapel Hill (NC), 2002.
[19] Para una mirada sobre el caso britänico, vease J. Osterhammel, «Symbolpolitik und imperiale
Integration. Das Britische Empire im 19. und 20. Jahrhundert», en B. Giesen et al. (eds.), Die Wirklichkeit
der Symbole, Konstanz, 2004, pp. 395-421.
[20] Sobre el caso frances, G. Wright, The Politics of Design in French Colonial Urbanism, Chicago,
1991.
[21] Sobre la India, Cohn, Representing Authority; D. Cannadine, Ornamentalem: How the British Saw
Th eir Empire, Londres, 2001, pp. 41-57, 85-120.
[22] Sobre tales transferencias y su dinämica propia, vease J. C. Jansen, «Celebrating the “Nation” in a
Colonial Context: “Bastille Day” and the Contested Public Space in Algeria (1880s-1930s)», en Journal oj
Modern Historv 85 (2013), pp. 36-68.
[23] Sobre el caso britänico, este es un asunto especialmente discutido. Vease, por ejemplo, B. Porter,
The Absent-Minded Imperialists: Empire, Society and Culture in Britain, Oxford, 2004; C. Hall y S. Rose
(eds ,),At Home with the Empire: Metropolitan Culture and the Imperial World, Cambridge, 2006.
[24] Panorämicas generales se encuentran en C. Hall (ed.), Cultures of Empire: Colonizers in Britain and
the Empire. A Reader, Manchester, 2000; P. Blanchard y S. Lemaire (eds.), Culture coloniale: la France
conquise par son Empire, 1871-1931, Paris, 2003; R. Aldrich, Vestiges of the Colonial Empire in France,
Basingstoke, 2005.
[25] Cläsicos sobre la Propaganda colonial son C.-R. Ageron, France coloniale ou parti colonial?, Paris,
1978; J. M. MacKenzie, Propaganda and Empire: The Manipulation of British Public Opinion, 1880-1960,
Manchester, 1985.
[26] Abundante material en J. M. Massing (ed.), The Image of the Black in Western Art. vol. 3, 2.“ parte:
Europe and the World Beyond, Cambridge (MA), 2011.
[27] Vease, por ejemplo, A. E. Coombes, Reinventing Africa: Museums, Material Culture and Populär
Imagination in Late Victorian and Edwardian England, New Haven, 1992; A. J. M. Henare, Museums,
Anthropology and Imperial Exchange, Cambridge, 2005; Aldrich, Vestiges, pp. 245-290.
[28] Vease al respecto, por ejemplo, P. Greenhalgh, Emphemeral Vistas: The «Expositions universelles»,
Great Exhibitions and World’s Fairs, 1851-1939, Manchester, 1988; A. C. T. Geppert, Fleeting Cities:
Imperial Expositions in Fin-de-Siecle Europe, Basingstoke, 2010; D. Hedinger, Im Wettstreit mit dem
Westen. Japans Zeitalter der Ausstellungen 1854-1941, Francfort, 2011.
[29] Vease A. Dreesbach, Gezähmte Wilde. Die Zurschaustellung «exotischer» Menschen in Deutschland
1870-1940, Fräncfort, 2005.
[30] Para un enfoque diferenciado sobre el caso britänico, vease A. S. Thompson, The Empire Strikes
Back? The Impact of Imperialism on Britain from the Mid-Nineteenth Century, Harlow, 2005.
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